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Natxo González: de luchar contra las lesiones a conquistar la ola de su vida

El surfista vasco, reconocido con el premio Men's Ride of the Year del Big Wave Challenge 2026, repasa su trayectoria, el desafío de Mullaghmore y las dificultades que tuvo que superar para regresar a la élite de las olas gigantes.

Marcos Heredia1818 palabras

Hay olas que marcan una carrera y otras que justifican toda una vida dedicada al mar. Para Natxo González , una de las grandes referencias españolas del surf de olas gigantes, aquella ola surfeada en Mullaghmore Head, Irlanda, en diciembre de 2025 , pertenece a las dos categorías. Su actuación le valió el reconocimiento Men's Ride of the Year del Big Wave Challenge 2026 , uno de los premios más destacados de su especialidad.

Natural de Plentzia (Bizkaia) , Natxo lleva años recorriendo algunos de los escenarios más exigentes del planeta, desde las poderosas olas del Atlántico hasta los grandes temporales del Pacífico. Su trayectoria incluye la participación en competiciones internacionales de olas gigantes y expediciones en busca de condiciones extraordinarias, siempre con una combinación de preparación física, conocimiento del océano y respeto por el riesgo.

Sin embargo, su reconocimiento en Mullaghmore tiene un significado que va mucho más allá del resultado deportivo. Después de atravesar una etapa especialmente complicada, marcada por lesiones y problemas físicos que pusieron en duda su continuidad en el surf extremo , el vasco consiguió regresar al agua y protagonizar una de las actuaciones más importantes de su carrera.

Hablamos con Natxo González sobre aquella ola, los momentos más difíciles de su recuperación, su relación con el miedo y las motivaciones que siguen empujándolo a perseguir algunas de las olas más impresionantes del mundo.

La ola que cambió su carrera

P. Natxo, acabas de recibir uno de los grandes reconocimientos del surf de olas gigantes. ¿Qué sentiste cuando escuchaste tu nombre como ganador del Men's Ride of the Year?

R. Siempre había visto el Ride of the Year como un premio lejano, de esos que reciben mis ídolos. Para mí es posiblemente el reconocimiento más prestigioso de nuestro deporte . Llegar hasta aquí ha sido el resultado de empujar mis límites día tras día. Aposté muy fuerte por Mullaghmore : me fui a vivir allí durante una temporada, con mi furgoneta y mi moto de agua. No quería obsesionarme con ganar, porque depende de muchos factores y de un jurado. Estar entre los tres mejores ya me parecía una victoria.

Cuando dijeron mi nombre me quedé en shock, con ganas de llorar; me temblaban las piernas y solo pensaba en no desmayarme delante del escenario. Ha pasado alrededor de un mes y todavía no lo he asimilado. Es extraño verte de pronto en el lugar en el que antes veías a alguien como Shane Dorian.

P. Volvamos a Mullaghmore. ¿Qué recuerdas del momento en el que viste llegar aquella ola y decidiste remar hacia ella?

R. Fue un día muy especial. En Irlanda es dificilísimo encontrar unas condiciones tan estables: suele haber tormentas, lluvia o viento desfavorable. Aquella mañana amaneció soleada y el mar estaba muy limpio. Pensé que era el momento de intentar llevar un poco más lejos mis límites a remada.

Preparamos un dispositivo de seguridad muy completo, con fotógrafos dentro y fuera del agua, dos motos de agua y un protocolo por si ocurría algo grave . Sin ese equipo no me habría atrevido. Llevaba unas dos horas y media en el agua, en una sesión muy agresiva y difícil. Antes había cogido otra ola increíble y todos me decían que ya podía irme a casa, que había hecho la bajada de mi vida. Me quedé unos diez minutos en el canal, pero veía las series y sentía que tenía que volver.

Regresé al pico. Justo antes de que llegara la serie estaba con los ojos cerrados, concentrado en la respiración. Vi pasar la primera ola y no me atreví: era enorme y rompía con muchísima violencia sobre el arrecife. Llegó la segunda y me di la vuelta casi sin pensarlo. Si hubiera dudado dos segundos más, probablemente no la habría cogido .

Era una ola que parecía más propia del surf remolcado con moto de agua. Remé con todas mis fuerzas, me puse de pie casi de puntillas porque el viento no me dejaba ver bien y empecé a bajar. Entonces pensé: "Creo que puedo hacerlo" .

Si hubiera dudado dos segundos más, probablemente no la habría cogido

P. Has hablado de ella como la ola de tu vida. ¿Qué tuvo de especial para ti, más allá de su tamaño y dificultad?

R. Cuando llegué a la parte baja de la ola, al bottom, vi cómo el arrecife succionaba una cantidad enorme de agua. Eso crea burbujas de aire que pueden hacerte perder el control de la tabla al girar. Iba con muchísimo cuidado y recuerdo pensar: "¿Qué hago aquí? Me voy a morir" .

Tuve que concentrarme al doscientos por cien en la técnica. Después, la ola expulsó aire y agua con una fuerza brutal, como si en un videojuego te dieran un turbo extra. Al final había muchos baches y escalones: salí volando, casi se me clava el canto de la tabla, pero conseguí corregirlo y salir.

En ese instante supe que era la ola de mi vida . Y no solo por la maniobra: también por la gente con la que la compartí. Sin ellos no la habría cogido. Eso la hace todavía más especial.

El regreso después de las lesiones

P. Venías de una etapa muy complicada físicamente. ¿Llegaste a pensar que quizá no volverías a surfear olas gigantes?

R. Sí. Durante la lesión hubo momentos en los que el surf me daba completamente igual. Lo único que quería era estar sano, sentirme bien y poder hablar tranquilamente con un amigo o con mi familia. El surf es mi forma de expresarme, pero el problema que tenía era mucho más importante que volver a coger olas.

Pensaba que quizá podría surfear otra vez, pero nunca imaginé que volvería a empujar mis límites hasta vivir el momento más importante de mi carrera.

P. ¿Qué fue lo más difícil de superar durante la recuperación: las limitaciones físicas o recuperar la confianza dentro del agua?

R. Lo más duro fue la incertidumbre. Había sufrido un daño cerebral y nadie sabía decirme con claridad qué debía hacer y qué no. Fueron años muy difíciles, con mucho dolor, días en la cama y momentos en los que tenía que permanecer a oscuras . Intentaba avanzar poco a poco, haciendo ejercicio cada día.

Después, poder salir a la calle, ver la luz o mantener una conversación se convirtió en un regalo. También perdí muchísima forma física: la fatiga era parte de la lesión y recuerdo subir cuatro escalones y terminar completamente agotado. Lo más difícil fue convivir con esa incertidumbre y encontrar poco a poco la manera de mejorar.

El miedo y los límites del surf extremo

P. En una ola como la de Mullaghmore, ¿cómo decides cuándo merece la pena asumir el riesgo y cuándo es mejor dejar pasar una oportunidad?

R. Desde fuera parece que los que surfeamos olas grandes estamos locos, pero detrás hay muchísimo trabajo, dedicación y cálculo. Cuando me juego la vida, las decisiones son mucho más milimétricas de lo que la gente imagina .

Aquel día observé cómo la ola succionaba el agua del arrecife. Era muy fuerte, pero las condiciones eran lo bastante limpias como para intentarlo. Eso es fundamental: cuanto más perfecta está una ola, más confianza tienes para empujar tus límites.

Puede que pasen ocho o diez años hasta que vuelva a romper así , y tienes que valorar si estás en el momento físico y mental adecuado. No se trata de entrar a cualquier precio.

El cálculo que yo hago para jugarme la vida es mucho más milimétrico de lo que la gente cree

P. Has surfeado algunos de los lugares más exigentes del planeta. ¿Qué tiene Irlanda para haberse convertido en un escenario tan importante en tu carrera?

R. Para mí, Mullaghmore es una de las mejores olas del mundo y, para surfear olas gigantes a remada, quizá la mejor. Tiene unas características muy especiales: rompe sobre un arrecife muy poco profundo y puede formar un tubo enorme. Es algo excepcional.

Como la ola es tan tubular, desde fuera no siempre parece tan alta como otras, pero sabíamos que allí había potencial para llevar el surf a remada mucho más lejos . Durante años estudiamos cómo coger olas más grandes de las que antes parecían posibles.

Y, por supuesto, Irlanda es mucho más que esa ola: es la gente. Las olas son fugaces, pero las personas siguen ahí. Eso es lo que hace que el lugar sea tan importante para mí.

P. En tu agradecimiento tras recibir el premio destacaste a la comunidad irlandesa. ¿Qué papel tuvieron tus compañeros y el equipo de seguridad durante aquella sesión?

R. Un papel decisivo. Había un equipo enorme detrás: seguridad, motos de agua, cámaras, fotógrafos y compañeros pendientes de todo. Gracias a ellos pude intentar algo así.

En el surf de olas grandes existe una camaradería muy especial. Si llega un día con condiciones extraordinarias, todos queremos que alguien consiga llevar el deporte un poco más lejos. Me da igual si soy yo, un amigo u otro surfista. Nos ayudamos para que alguno pueda hacerlo . Esa unión es una de las cosas que más me gustan de este deporte.

Lo que viene después de la ola de su vida

P. Después de recibir este reconocimiento, ¿qué te sigue motivando para viajar por el mundo buscando olas gigantes?

R. Coger olas grandes me hace sentir vivo. Mucha gente me pregunta qué voy a hacer ahora, después de haber llegado a una especie de Everest personal. Pues seguir preparándome al doscientos por cien para estar listo cuando vuelva a aparecer una oportunidad.

¿Quién sabe si un día estaré un metro más arriba, o si tendré más experiencia y podré empujar todavía más mis límites? Nadie sabe dónde están. En lugares como Jaws, en Hawái, pueden pasar varias temporadas sin que haya un día realmente excepcional y, de repente, aparece. Tienes que estar preparado.

Pensar que quizá dentro de diez años llegue otra ocasión así me da motivos para entrenar y esforzarme cada día. He dedicado mi vida a momentos como este.

A mí coger olas grandes me hace sentir vivo

P. Y para terminar, Natxo: si pudieras hablar con aquel chaval de Plentzia que soñaba con surfear las mayores olas del planeta, ¿qué le dirías después de todo lo que has vivido?

R. Le diría que haga lo que le gusta y que, si de verdad le apasionan las olas grandes, vaya con todo. Que no deje que nadie ni nada lo frene.

Cuando era pequeño me sentía un poco raro por tener ese sueño y he tenido que renunciar a muchas cosas para perseguirlo. En el camino hay momentos de duda, incluso una especie de demonio que te acompaña y te hace preguntarte si realmente merece la pena.

Pero al final sí merece la pena. Le diría que siga adelante, que haga lo que le apasiona y que todo va a estar bien.

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