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Auge y caída de los Buss en los Lakers: una dinastía a tiros

La venta de la franquicia que revolucionó la NBA gracias a la visión empresarial del patriarca Jerry Buss fractura definitivamente a la familia más famosa del deporte americano

Jesús Sánchez1464 palabras

Hace una semana, Josh Kushner y Bob Iger , dos multimillonarios estadounidenses, anunciaron por sorpresa la compra de los Lakers por alrededor de 12.500 millones de dólares. Aunque siempre se les había asociado con un asentamiento de una franquicia NBA en Las Vegas (coincidiendo con la posible expansión de la competición), decidieron adquirir una de las franquicias/marcas icónicas del deporte mundial. Primero convencieron a Mark Walter para que facilitara la transacción. El dueño de los Dodgers (MLB) era el accionista mayoritario de los Lakers tras la operación financiera de 2025 (10.000 millones), pero con la brillante gestión del equipo de béisbol vive colmado y la salida de LeBron James (ahora en los Sixers) terminó de convencerle de que era un buen momento para vender. Son dos buenos argumentos para descifrar la operación. El principal es que está sometido a tres investigaciones federales , una del FBI, otra del departamento de Justicia de Manhattan y una última del SEC, por irregularidades financieras y necesitaba liquidez.

Los mal pensados hablarían de especulación y la NBA se sorprende que en el proceso no haya habido una subasta entre posibles compradores . Para Kushner e Iger llegó después lo más complicado: seducir a la familia Buss , que aún poseía una parte relevante del accionariado, de hecho, Jeanie era la presidenta ejecutiva de la franquicia. Nada estimula más el deseo que la venganza. Sus hermanos, Jim, Johnny, Janie, Joey y Jessy , repudiados y represaliados de alguna manera a lo largo de estos años por las decisiones de Jeanie , decidieron usar otra j, con perdón. “Ahora te vas a jod..”. Vendieron el 17,8% de las acciones . Jeanie, defenestrada de pronto, se opone y llevará el caso a los tribunales. Los hermanos, nada intimidados y motivados por el reglamento del fideicomiso que les dejó su padre (sus hijos sólo pueden heredar si el progenitor vende sus acciones en vida) , siguen adelante con la venta. Jerry, allá donde esté, habrá perdido la sonrisa que siempre le acompañó. Bienvenidos al ‘Auge y caída de los Buss en los Lakers’.

Han sido 47 años al frente de la franquicia, 11 anillos y una revalorización colosal del 18.500 % , pero los números no revelan la magnitud de la obra de Jerry, el excéntrico químico que combinó con éxito por primera vez el deporte de alta competición, el entretenimiento y el negocio. Su fórmula fue magistral . En 1979, 20 años después de que la compra de un conglomerado de 14 apartamentos junto a otros socios le ofreciera la posibilidad de empezar a hablar de millones (y no de miles) de dólares, se le presentó la oportunidad de hacerse con la propiedad de los Lakers. La NBA había sobrevivido al ‘ataque’ de la ABA (una competición popular, novedosa, atractiva, con innovaciones en el juego, la línea del triple, y algunos de los mejores jugadores de la época, como Julius Erving, Rick Barry, Artis Gilmore, Connie Hawkins o David Thompson ) pero no era una competición, afectada por los problemas de las drogas, las apuestas y la ausencia de público, que supusiera una gran oportunidad de negocio. No era el mejor lugar donde invertir.

Pagó 67 millones por los Lakers

Para conseguir a los Lakers, Buss , que era de Salt Lake City, pero parecía de California por su pelo rubio dorado, sus camisas abiertas hasta el ombligo y su debilidad por las mujeres de la casa Playboy de su amigo Hugh Hefner, asumió también la gestión del Forum, de la franquicia de la NHL, Los Ángeles Kings, y de un rancho en Nevada. Pagó 67 millones de dólares y entregó el contrato de alquiler del edificio Chrysler de Manhattan (New York).

En la NBA , donde todo se cocinaba en la costa del Atlántico de Estados Unidos (donde se fundó), donde mandaba Red Auerbach , el presidente de los Celtics, la franquicia dominante, la llegada del personaje dio lugar a la chanza. Era una 'rara avis' en las grises reuniones de gobernadores. Llamaba la atención con su atuendo colorido, sus puros habanos y su aspecto de ricachón desenfadado . Ponía los pies encima de la mesa. No vieron venir la revolución que supuso el doctor Buss: transformó a los Lakers en una marca más allá del deporte con una serie de medidas transgresoras que llamaron la atención. Decidió primero que unas bailarinas amenizaran los tiempos muertos, las famosas 'Lakersgirls' . Ni le importó que estas mujeres tuvieran relaciones con sus jugadores, algo que después prohibió. Intentó que la experiencia del espectador fuera fantástica, ni un minuto perdido, idea que se mantiene hoy en día; llevó a famosos y posibles inversores a la primera fila de la cancha (el anticipo de los palcos vip) con el actor Jack Nicholson a la cabeza; creó un club de lujo en The Forum para después de los partidos, una idea que anticipó los Hospitality. Y después llegaron los resultados deportivos. Su jugada maestra fue reclutar a Earvin Johnson .

Magic le consideró su padre, un mentor en Los Ángeles para un jugador de Michigan, otras latitudes, un jefe con el que podía salir de copas cuando quisiera, un hombre con el que empezó a frecuentar los bares de lujo, con diversión y mujeres, donde Jerry era el rey. Los Lakers ya tenían a Jabbar, pero el novato fue campeón en el primer año, el 16 de mayo de1980 tras un memorable partido en Philadelphia. Empezaba lo que luego se conoció como el 'showtime', que no sólo era una forma de jugar que impulsó el ojeador de vídeos que acabó en el banquillo llamado Pat Riley. El concepto trascendía el juego: el baloncesto como industria de entretenimiento, el espectáculo deportivo como gran generador de ingresos. El germen de la NBA como fenómeno global empezó allí . Jerry nos venía a decir que el deporte se puede celebrar.

Después de las medidas empresariales que pusieron el foco de la competición en la luminosa California durante una década hasta que emergió Michael Jordan , después de los anillos de los 80, de acabar con el complejo ante los Celtics y de encomendarse a una leyenda llamada Jerry West en la toma de decisiones deportivas (fichó a Shaq, seleccionó a Kobe y apostó por Phil Jackson , entre muchas otras), Jerry asumió medidas que poco a poco fueron carcomiendo a la familia mientras la dimensión de los Lakers crecía. Sólo los Yankees eran mejor marca en América . El patriarca de los Buss siempre pensó que Jeanie, su segunda hija y cercana en la gestión, era la mejor preparada para relevarle, como así fue. Y, en la lucha por el poder, empezó la Succession .

Jeanie ha sido la cara visible de la franquicia desde el fallecimiento de su padre en 2013 por un cáncer de próstata. Es, aún, presidenta de la franquicia, ganó el título de 2020 y ha fichado a dos legendarios, LeBron y Doncic, para continuar la senda del padre: muchos de los mejores jugadores de la historia de la NBA jugaron en los Lakers: Mikan, Baylor, West, Chamberlain, Jabbar, Magic, Shaq, Karl Malone, Gary Payton, Kobe y LeBron. Fue protagonista de un capítulo de Los Simpson . Pero esto no son dibujos animados. Poco a poco Jeanie fue sepultando a sus propios hermanos. Jim Buss , director deportivo, fue despedido en 2017 por Jeanie. Johnny , un tanto ajeno a los Lakers porque dirigía otros activos de la familia, sólo aportaba el apellido en la titularidad de las acciones. Janie estaba en un puesto menor, liderando iniciativas solidarias en la comunidad. Joey llegó a ser presidente de los South Bay Lakers, el equipo de la G-League. Fue despedido en 2025, como Jesse, que era el director de scouting. Entre todos, sumaban 17,8% de las acciones. Para poder ser presidenta, según las normas de la NBA, Jeanie tenía que tener al menos el 15%. De ahí la guerra.

“Como familia, hemos decidido vender las acciones restantes del 'Buss Family Trust' al grupo encabezado por Bob Iger, como parte de la transacción en curso. Amamos a los Lakers, a los aficionados de los Lakers y seguiremos apoyando a Los Ángeles ; pero ha llegado el momento de aprovechar esta oportunidad para dar un paso al costado y salir de manera elegante mientras todavía podemos hacerlo". Así rezaba el comunicado de los hermanos Buss. Jeanie no se ha resignado y envió una carta a los abogados de sus hermanos anulando la venta, al considerar que no hubo unanimidad en el traspaso de las acciones de la familia. Al ser la accionista principal entre los hermanos dice tener capacidad de veto. Los hermanos quieren seguir adelante cual culebrón televisivo. El caso acabará en los tribunales, un nefasto colofón que no hará justicia a la histórica dinastía Buss .

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