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Pilar Cebrián, psicóloga, pone palabras a una realidad de la crianza: “Por supuesto que hay momentos en los que tus hijos te pueden caer mal”

La experta y madre de dos adolescentes defiende que reconocer estas emociones no significa querer menos a los hijos

Alfonso Pareja361 palabras

L a adolescencia puede poner a prueba incluso las relaciones familiares más sólidas . Cambios de humor, discusiones, respuestas inesperadas y una necesidad cada vez mayor de independencia forman parte de una etapa que, para muchos padres, puede resultar complicada de gestionar. Y hay una realidad de la que se habla poco: a veces un hijo puede llegar a caer mal a sus propios padres.

La psicóloga Pilar Cebrián, madre de dos adolescentes, aborda precisamente esta cuestión en su libro ‘Querido hijo, me caes fatal’ . Su planteamiento parte de una idea sencilla: querer a un hijo de manera incondicional no significa que todas sus actitudes tengan que gustarnos.

Cebrián: “Muchas veces al día, y nosotros a ellos”

Cebrián considera que una de las claves está en no interpretar determinados comportamientos adolescentes como ataques personales. Por ejemplo , cuando un hijo dice “te odio”, la especialista explica que esa frase no tiene por qué significar literalmente que haya dejado de querer a sus padres.

Según su experiencia, los adolescentes están atravesando una etapa de cambios en la que necesitan separarse progresivamente de sus padres y construir su propia identidad. Por eso, considera importante que los adultos no respondan siempre desde el orgullo o desde la necesidad de imponer su autoridad.

La comunicación, además, no debería empezar cuando llegan los problemas. Cebrián insiste en que el vínculo se construye desde la infancia, creando pequeños espacios cotidianos en los que padres e hijos puedan hablar sin pantallas ni distracciones. De esta forma, cuando llegue la adolescencia, será más fácil que el joven perciba a sus padres como un lugar seguro al que acudir.

Otro de los aspectos que destaca es la sobreprotección. Para la psicóloga, intentar evitar constantemente que los hijos se equivoquen puede terminar dificultando que desarrollen herramientas para enfrentarse por sí mismos a determinadas situaciones.

Y cuando llega el momento de hablar de esa frase que da título a su libro, su respuesta es contundente: “Muchas veces al día, y nosotros a ellos” . Cebrián recuerda que el amor y el enfado pueden convivir y que sentir ocasionalmente rechazo hacia una conducta concreta no significa dejar de querer a la persona.

Madre junto a sus hijos,foto archivo EFE
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