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María José Ortolà, psicóloga clínica, sobre las personas que siempre ayudan y acaban sin amigos: “La amistad real no funciona como una factura”

Quienes cuidan de todos durante décadas pueden llegar a los 60 sin nadie en quien apoyarse

Neus Pachon345 palabras

Son las primeras en coger el teléfono cuando alguien lo pasa mal, las que escuchan durante horas y las que siempre tienen un buen consejo a mano. Sin embargo, muchas personas que han dedicado su vida a cuidar de los demás llegan a los 60 años con una sensación inesperada : no tienen a nadie a quien llamar cuando son ellas las que necesitan apoyo.

El problema no suele ser la falta de habilidades sociales, sino un desequilibrio que se instala con los años. Quien asume siempre el papel de sostén acaba cargando con las preocupaciones ajenas sin recibir la misma atención a cambio. Y esas relaciones, aunque parezcan cercanas, se van desgastando poco a poco.

El investigador del MIT Alex Pentland , que ha estudiado la amistad a partir de datos, ha comprobado que muchas personas dan por hecho que el afecto es mutuo cuando no siempre lo es. A ello se suma lo que la psicología llama teoría de la equidad: nos sentimos más satisfechos con un vínculo cuando percibimos que damos y recibimos en una medida parecida.

Dar y recibir, sin llevar la cuenta

La psicóloga clínica María José Ortolà Sastre , fundadora de Libélula Psicología , lo explica en declaraciones a ¡HOLA!: “La amistad real no funciona como una factura”. Para ella, un vínculo sano se basa en que unas veces recibe uno y otras le toca dar al otro.

Ortolà advierte de que estar disponible sin descanso mantiene a quien ayuda en un estado de alerta permanente, y de que escuchar una y otra vez el mismo sufrimiento puede provocar fatiga por empatía. Por eso defiende poner límites y repartir el apoyo entre varias personas.

Un problema que afecta a millones de personas

La soledad no deseada afecta a una de cada cinco personas en España, y la mayoría de quienes la sufren llevan dos años o más en esa situación. Los expertos insisten en que cuidar de los demás no debería significar olvidarse de uno mismo. Aprender a pedir ayuda también forma parte de cualquier amistad sana y duradera.

Quienes cuidan de todos durante décadas pueden llegar a los 60 sin nadie en quien apoyarse
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