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El 'scroll' infinito también engancha a los mayores de 65 años: el móvil como refugio frente a la soledad, la depresión o el aburrimiento

Expertos alertan del aumento del uso problemático del 'smartphone' y las redes sociales especialmente entre quienes viven solos, han enviudado o afrontan la jubilación

Javier Fernández Borrell1045 palabras

La dependencia del teléfono móvil ya no es un fenómeno asociado únicamente a los adolescentes. El avance de la digitalización entre las personas mayores ha convertido al smartphone en una herramienta cotidiana también para los jubilados, pero los especialistas advierten de que, en determinados casos, puede pasar de ser un medio de comunicación y entretenimiento a convertirse en un refugio frente a la soledad, la ansiedad, la depresión o el aburrimiento.

Según datos del CSIC recogidos en su informe 'Envejecimiento en red', más del 96% de los mayores de 60 años utilizaba el teléfono móvil en 2023. Entre las personas de 65 a 74 años, el 80% utilizaba internet, mientras que entre los mayores de 75 años la cifra alcanzaba el 41%. La tendencia se ha consolidado en los últimos años y el 'smartphone' es ya el principal dispositivo de acceso a Internet entre los mayores de 60 años, según un estudio de la OCU publicado en diciembre de 2025. Entre los sénior más jóvenes, además, se ha extendido el uso de redes sociales como Facebook , Instagram y TikTok .

La reducción de la brecha digital supone un avance, pero también abre el debate sobre cómo y para qué utilizan la tecnología las personas mayores. Para María Quevedo, directora de tratamiento de Clínica Recal, especializada en el tratamiento de las adicciones, el problema no puede determinarse únicamente por el número de horas frente a una pantalla. “La transición de un uso intensivo a un uso problemático se define por la aparición de pérdida de control, abstinencia, conflictos interpersonales y consecuencias negativas en la vida diaria, más que por el tiempo de uso”, explica.

La frontera entre un uso elevado y una conducta problemática aparece cuando la persona pierde la capacidad de regular el consumo y continúa utilizando el teléfono pese a las consecuencias. Entre las señales de alerta se encuentran la incapacidad para limitar el tiempo de uso después de intentarlo repetidamente, la irritabilidad o el malestar cuando no se puede acceder al dispositivo y el deterioro de las relaciones, el sueño, las actividades cotidianas o la salud.

El móvil como compañía frente a la soledad

En las personas mayores, el contexto vital puede favorecer especialmente este tipo de comportamientos. La jubilación, la pérdida de la pareja, vivir solo o disponer de una red social reducida pueden traducirse en más tiempo libre y menos rutinas estructuradas. En ese escenario, el móvil puede proporcionar una sensación inmediata de compañía y convertirse en una vía de escape frente al malestar. "El uso problemático está impulsado por soledad, aburrimiento, ansiedad y depresión, funcionando el dispositivo como automedicación emocional para escapar del malestar", señala María Quevedo. Sin embargo, no todos los usos de la tecnología tienen el mismo impacto. Las llamadas y los mensajes con familiares pueden ayudar a combatir la soledad y los síntomas depresivos, mientras que el entretenimiento pasivo -como consumir vídeos, jugar o desplazarse sin fin por las redes sociales- puede favorecer el aislamiento cuando sustituye a las relaciones presenciales.

El fenómeno del 'scroll' infinito resulta especialmente relevante porque ofrece una sucesión constante de estímulos breves que facilita permanecer conectado durante largos periodos. Pero los especialistas advierten de que el riesgo no se limita a las redes sociales o los vídeos cortos. En mayores de 60 años, las apuestas 'online', el contenido adulto y las compras compulsivas aparecen también entre los usos digitales asociados a un mayor riesgo de sobrecarga y adicción. Por el contrario, el contacto con familiares o el acceso a información y noticias no presentan el mismo patrón de riesgo. De nuevo, la clave está en la pérdida de control y en el lugar que ocupa el teléfono dentro de la vida cotidiana.

Cuando el móvil empieza a sustituir la vida real

Revisar compulsivamente el teléfono después de cada notificación, ser incapaz de dejarlo durante las comidas o las conversaciones, abandonar actividades que antes resultaban gratificantes o continuar utilizándolo pese a dormir peor son algunas de las señales que pueden indicar que el uso ha dejado de ser saludable. Entre las conductas que deberían llamar la atención de familiares y allegados se encuentra el 'phubbing' , es decir, mirar de forma recurrente el teléfono mientras se ignora a las personas presentes. También puede resultar significativo que el dispositivo se convierta en un recurso constante para combatir el aburrimiento, la tristeza o la ansiedad, o que la persona justifique sistemáticamente un consumo excesivo.

La directora de tratamiento de Clínica Recal señala además que algunas particularidades del envejecimiento pueden dificultar la detección del problema, como una menor capacidad de autorregulación o una baja percepción de las consecuencias del comportamiento. El uso excesivo del móvil puede, además, contribuir a reducir la actividad física diaria. Por ello, la pregunta no debería ser únicamente cuánto tiempo pasa una persona mirando una pantalla, sino qué hace durante ese tiempo y qué actividades está dejando de realizar.

Recuperar rutinas en lugar de retirar el teléfono

Ante un posible uso problemático, los especialistas desaconsejan quitar el móvil de forma brusca. "Las restricciones rígidas impuestas por la familia generan frustración, rebeldía y mayor alienación", advierte María Quevedo. La alternativa pasa por la mediación digital y afectiva: hablar abiertamente sobre el uso del teléfono, identificar las situaciones que desencadenan el consumo excesivo y establecer acuerdos consensuados. Al mismo tiempo, resulta fundamental recuperar las actividades y relaciones presenciales que puedan ofrecer alternativas al refugio permanente en la pantalla. La prevención, según Clínica Recal, pasa por sustituir progresivamente el tiempo pasivo frente al móvil por actividad física, relaciones sociales y actividades comunitarias. La especialista apunta que reemplazar parte del tiempo de pantalla por 30 minutos diarios de ejercicio puede contribuir a reducir el uso problemático y mejorar la salud mental.

El objetivo, en definitiva, no es demonizar la tecnología ni devolver a las personas mayores a una vida sin dispositivos digitales. El teléfono puede ser una herramienta valiosa para comunicarse, informarse y mantener vínculos sociales. El problema aparece cuando comienza a ocupar el espacio de aquello que sostiene el bienestar cotidiano: dormir, moverse, relacionarse, mantener rutinas y disfrutar de actividades fuera de la pantalla. Como resume María Quevedo, el punto de inflexión " no es demonizar las TIC, sino utilizarlas adecuadamente sin descuidar otras actividades importantes en la vida, como las relaciones presenciales ".

El 'scroll' infinito también engancha a los mayores de 65 años: el móvil como refugio frente a la soledad. BORSANIA
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