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Así fue la vida de Ángel Arroyo tras el ciclismo: "Aquí cada día es un Puy de Dome"

El abulense, fallecido este domingo, describió a MARCA en 2023 una madurez entre lavaderos, madrugones y salidas en bicicleta: cuatro décadas después de ser segundo en el Tour, seguía trabajando porque no podía permitirse la jubilación

Nacho Labarga516 palabras

Ángel Arroyo murió este domingo , pero su historia permanece también lejos del podio del Tour . En los lavaderos, en los madrugones y en aquella manera de afrontar la vida que resumió a MARCA en julio de 2023 con una frase: "Aquí cada día es un Puy de Dome" .

Había que sacarle los recuerdos entre una gestión y otra. Un sábado por la tarde, en su lavadero de Segovia , el hombre que había conquistado aquella montaña atendía el teléfono mientras daba cambio y resolvía asuntos del negocio. Habían pasado cuarenta años desde su victoria. Las pendientes eran otras.

Aquella conversación dejó un retrato del campeón en su madurez. Estaba a punto de cumplir 67 años y no podía jubilarse. Tenía tres lavaderos, en Ávila , Collado Villalba y Segovia. Del último decía, con la picardía intacta, que lo había abierto "para darle competencia a Perico" . Su antiguo compañero y amigo había encontrado otro camino después del ciclismo. Él había aprendido a desenvolverse entre clientes, cuentas y trabajadores.

"Estoy en edad de jubilar, pero no lo puedo hacer. Si lo dejo, no tendría ni para pagar la calefacción en invierno o el aire acondicionado en verano. Vivo al día", explicaba. Añadía enseguida que no le faltaba de nada. Hablaba con la franqueza de quien había asumido su situación y conocía el esfuerzo necesario para sostenerla.

El ciclismo le había dado un lugar en la historia, pero, según relataba, no un colchón económico. Se retiró con 32 años y sin ahorros. "Nunca he sabido lo que significa esa palabra, sólo sé lo que son los préstamos" . Recordaba las condiciones de su generación y la dificultad de empezar de nuevo: "Cuando estás en la bici no te das cuenta de lo que pasa alrededor, fuera de ella no sabía de qué iba la cosa".

Aprendió trabajando. Y defendía con orgullo aquella segunda vida. "Alguno a lo mejor ve mi trabajo como una humillación, pero para mí no lo es. Me gusta y disfruto con lo que hago, aunque me tenga que levantar a las siete de la mañana . Tengo la vida de cualquier trabajador".

La bicicleta seguía acompañándolo. En aquella conversación contaba que salía dos o tres veces por semana. También conservaba el vínculo con El Barraco , su pueblo. El día del regreso del Tour al Puy de Dome tenía previsto acudir a la Vuelta a Ávila porque llegaba allí: "Si no voy me matan", bromeaba.

De la cronoescalada de 1983 recordaba el calor , las sombras que buscaba para respirar y los ojos cerrados para aliviar el dolor de piernas. Le sorprendía que alguien quisiera seguir hablando de aquello cuatro décadas después. "Ni piensas que, dentro de cuatro décadas, estaríamos tú y yo hablando ahora de eso", confesaba.

Sus victorias le daban conversación y sonrisas a la hora del café. Las facturas exigían otra clase de esfuerzo. En ese equilibrio entre la memoria del campeón y las obligaciones del trabajador transcurría la vida que describió a MARCA. El lunes tocaba volver temprano al lavadero . Y afrontar otro Puy de Dome.

Ángel Arroyo.
Polideportivoasíángel

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