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Neira, la nueva reina del ciclismo que estudia Medicina, sueña con Movistar y brilla por su padre: "Una locura"

Su padre la llevó al Club Ciclista Compostelano cuando tenía cuatro años. Hoy, la gallega es campeona del mundo júnior, estudia Medicina y tiene firmado su futuro con Movistar Team hasta 2029.

Nacho Labarga784 palabras

Hay una foto que no existe pero que cualquiera puede imaginar: una niña de cuatro años subida a una bicicleta demasiado grande para ella, con su padre sujetando el sillín en una calle de Sar , en Santiago de Compostela . Luis Neira la llevó al Club Ciclista Compostelano cuando Alejandra apenas sabía leer, sin saber que estaba poniendo en marcha algo que catorce años después terminaría en lo más alto de un podio en Montreal , con su hija envuelta en el maillot arcoíris de campeona del mundo júnior.

Entre aquella primera pedalada y la gloria canadiense hay un vacío que la familia Neira conoce bien. Luis murió de forma repentina en agosto de 2022 , cuando Alejandra todavía era una niña adolescente, todavía alguien que necesitaba a su padre en las gradas y en las cunetas de las carreras locales. La bicicleta pudo haberse quedado arrinconada en el garaje, testigo mudo de un duelo. No fue así. Siguió rodando, entrenando, compitiendo, como si cada kilómetro fuera una manera de mantener viva una conversación que ya no podía tener en voz alta. Mientras ella estrenaba el maillot en Galicia por primera vez, Santiago celebraba el memorial que lleva el nombre de su padre, con cientos de jóvenes ciclistas convocados en su honor. El círculo, de alguna manera extraña y hermosa, se cerraba solo.

En casa, el ciclismo tiene también un lado que no sale en las crónicas deportivas. Su madre sufre cada vez que Alejandra sale a entrenar por carreteras estrechas y mal iluminadas, ese miedo silencioso que conocen todas las familias de ciclistas y que rara vez se cuenta. Es el precio invisible de una vocación que a Alejandra nunca le tembló, ni siquiera cuando las cosas se pusieron cuesta arriba, ni siquiera cuando la ausencia de su padre pudo haberle dado motivos de sobra para soltar el manillar.

Fuera del asfalto, Neira ha construido una vida que no encaja con el cliché del deportista de dedicación exclusiva. Sacó notas excelentes en el colegio La Salle y consiguió entrar en Medicina , una carrera que exige una disciplina distinta pero igual de feroz que la del pelotón. Ella misma ha dejado claro que su ambición no se agota en ganar carreras de un día: quiere pelear algún día las clasificaciones generales , el terreno de las grandes escaladoras, no solo el de las especialistas de un solo golpe de suerte y piernas.

Un fichaje estratégico para Movistar

Los números de esta temporada explican por qué Movistar Team (que cuenta con las tres últimas ganadoras mundialistas junior con Cat, Ostiz y la propia Neira) decidió en abril atarla hasta 2029 , un contrato que en el ciclismo femenino júnior suena casi a acto de fe. Ganó la Lieja-Bastoña-Lieja júnior, hizo doblete en los Campeonatos de España de contrarreloj y ruta, y fue segunda en la general de la Watersley Ladies Challenge . En Montreal, antes de la prueba en línea, ya había firmado una novena posición en la crono, una antesala discreta de lo que estaba por llegar.

La prueba en línea la puso a prueba de otra manera. Llegó a la última recta con cuatro rivales y una duda clavada en el cuerpo: había resistido en el grupo de cabeza cuando el circuito hizo su criba, pero la llegada de dos corredoras más, entre ellas la polaca Maria Okrucińska , le imponía respeto al esprint y le sembró, por un instante, la sensación de no tener nada que hacer. Fue solo un instante. Se pegó a la rueda de la polaca, encontró la fuerza que necesitaba y la pasó justo cuando importaba, para ganar por delante de la italiana Matilde Rossignoli y la suiza Anja Grossmann .

"No me puedo creer que soy la campeona del mundo. Es increíble", dijo nada más cruzar la meta, con la voz todavía entrecortada por el esfuerzo de los 80,4 kilómetros y los 1.614 metros de desnivel que acababa de dejar atrás. La frase suena sencilla, casi ingenua, pero encierra el peso completo de lo que había hecho: sentir la duda, leerla con la cabeza fría y lanzarse a ganar de todos modos.

En las rampas de Mont-Royal ya había enseñado las piernas que la trajeron hasta aquí. En la meta enseñó algo más difícil de medir en vatios o en pulsaciones: la capacidad de rehacerse en el peor momento posible, cuando el oro parecía complicarse. La niña que aprendió a pedalear de la mano de Luis Neira en las calles de Sar vuelve ahora a Santiago con el maillot arcoíris a la espalda, y con él, la certeza de que aquella primera pedalada tenía un destino mucho más grande del que nadie pudo prever entonces.

Alejandra Neira, con el maillot de arcoíris. RFEC
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