Pello Bilbao se despide en MARCA: “Después de la pérdida de Gino, ganar en el Tour fue un alivio”
El ciclista vasco habla con este medio tras su retirada, entre la emoción de Lombardía, la memoria de Gino Mäder y el alivio de soltar la bici

Pello Bilbao se baja de la bicicleta con la misma discreción con la que tantas veces apareció en carrera: sin ruido, pero dejando huella. Su última jornada en Lombardía tuvo algo de despedida íntima y de carrera grande, de familia en el autobús y sufrimiento final sobre el sillín. Habla con MARCA desde la calma del que ha decidido a tiempo, sin cuentas pendientes con el ciclismo ni necesidad de que nadie le explique lo que ha sido.
Pregunta. Séptimo en Lombardía, última carrera, homenaje y despedida también con Ion Izagirre. ¿Cómo vivió ese sábado tan emotivo?
Respuesta. Fue muy emotivo y especial, ya desde las sorpresas de la mañana. Mi mujer apareció a última hora con los críos y no tenía ni idea. Si ya era poco saber que era mi última carrera, tener allí a los críos en el bus y a tantos amigos que fueron a visitarme sin yo saberlo... Estaba con las emociones a flor de piel. Encima, compartiendo esa despedida con Ion y Geraint, que también estaba el pobre de los nervios, porque hasta cinco minutos antes de la salida no le confirmaron si podía tomar la salida o no. Muchas emociones, nervios... Lo bueno es que, una vez salimos, ya pude concentrarme bien. Sabía que eran mis últimos 240 kilómetros como profesional, los últimos sufrimientos agónicos encima de la bicicleta. Quería sufrir al límite, quería disfrutarlo y quería tener un buen resultado de boca. Por suerte, todo fue como lo había planeado. Pude aprovechar mi estado de forma y acabar séptimo, que, teniendo en cuenta el nivel que había y siendo un monumento, me deja supersatisfecho con el resultado, con las sensaciones y con rematar así mi carrera deportiva.
Antes sentía que nadie era invencible; ahora hay motores prodigiosos que no fallan nunca
P. ¿En qué momento dijo: “Me retiro sí o sí”?
R. Yo diría que hace dos años tomé la decisión, pero ha habido algún momento de dudas. Estuvo el planteamiento de Mikel Landa, de Fran... y en ese momento casi estaba a punto de volver. Fue antes de la Clásica de Donosti. Pero al final me eché atrás, recordé todas las razones por las que quería dejar el ciclismo y pensé que este era el momento. Y si algo salía mal a partir de ahí, sería un error darle continuidad. Al final así quedó.
He conseguido probablemente más de lo que se podía imaginar un ciclista con mis características
P. ¿Qué es lo que más le apetece ahora, ya jubilado?
R. Nada en especial. Simplemente no tener esa carga, esa exclusividad que exige el ciclismo. Poder despertarte y no pensar en lo que vas a desayunar, simplemente desayunar lo que te apetece. No subirte a la báscula, no tener que pasar todos los datos a los entrenadores. Ver la bicicleta como una herramienta de disfrute, para pasear por aquí, por la zona, o para apretar cuando me apetezca. Y, sobre todo, tener tiempo para estar con los amigos, con mi mujer, con mis hijos. Estar tranquilo en casa, sin estar siempre pendiente de lo que me viene bien o mal para el ciclismo.
P. Una vez, en Altea, nos decía que pesar la comida era de lo que más le costaba. Esa vida de monje.
R. No es simplemente tener que controlar la comida. Al final sabes que cualquier cosa que haces en tu día a día o es beneficiosa para hacer el mejor entrenamiento posible al día siguiente, o no es lo apropiado. Estás continuamente en ese debate. Y, sobre todo, cuando tienes críos, porque los críos también demandan mucha energía. Es complicado. Yo soy alguien perfeccionista, me gusta hacerlo bien en mi trabajo y no entiendo otra manera de ser profesional o de continuar en el mundo profesional. Pero también quiero dedicarles el máximo tiempo posible a mis hijos y, cuando estoy en casa, o cuando estaba en casa, centrarme en ellos, jugar con ellos y no estar pensando en la bicicleta. Eso es un poco lo más complicado de nuestro deporte, diría.
P. ¿El peor momento y el mejor sobre la bici? No sé si la muerte de Gino Mäder y la victoria en el Tour.
R. Sí, es bastante obvio. El peor fue lo de Gino Mäder, sumado también a lo de Scarponi y a lo de Víctor Cabedo. Son momentos que sabemos que pueden suceder, que nos pueden suceder a cualquiera, pero siempre esperas que toquen lo más lejos posible. Personalmente me han terminado afectando bastante. Perder tres compañeros te hace sentir el riesgo de nuestro deporte muy cercano. Fue duro.
La gente que me ha conocido mejor me valora, y eso es lo más importante
Y curiosamente el mejor momento casi vino seguido. Después de la desgracia de la pérdida de Gino Mäder, al de un mes, más o menos, llegó la victoria en el Tour de Francia. Para mí fue un descanso, un alivio, poder ganar una etapa en el Tour por la importancia que tenía personalmente, pero también por lo que significaba para todo el equipo. Poder dedicarle ese triunfo a Gino y justificar todas las energías que habíamos dedicado a preparar ese Tour. A partir de esa victoria también vimos el gran especial que nos salió, con otras dos victorias de otros dos compañeros, de Matej y de Wout. Demostramos que muchas veces, cuando corres con una energía y una motivación especial, las cosas salen de manera brillante.
No me hace falta que todo el mundo sepa de mí ni que todo el mundo me valore
P. Le ha tocado correr en la época de Pogacar, Van Aert y compañía. ¿Qué ha supuesto competir contra estos animales?
R. En muchos momentos ha supuesto no tener esa ilusión por ganar, o no creer que realmente puedes ganar, y tener que jugar a hacer segundo, tercero, el mejor puesto posible. Antes de que estos fenómenos aparecieran, diría que cualquier fenómeno tenía su día malo o podía tenerlo. Nadie era invencible, al menos yo así lo sentía. Pero en los últimos años, con los avances de la ciencia y de la nutrición en particular, todo está muy medido, muy controlado. Y un motor prodigioso que no falla nunca, que lo tiene todo controlado, es una máquina de ganar. Hay poco que hacer contra esas máquinas. Muchas veces, por mucha habilidad y mucho juego táctico que puedas utilizar, es difícil hacerles frente cuando las diferencias son así de grandes. Por una parte ha sido un aliciente correr con estos fenómenos, porque ves que el espectáculo crece y que han hecho grande al ciclismo. Pero también tienes esa carga de saber que es muy complicado pelear por la victoria.
Poder dedicarle ese triunfo a Gino justificó todas las energías que habíamos dedicado a preparar ese Tour
P. ¿Se le ha quedado alguna espina en el ciclismo?
R. No, realmente no tengo esa sensación. Todo lo contrario. Diría que he conseguido probablemente más de lo que se podía imaginar un ciclista con mis características o con mi motor. Por mucho que la gente piense que soy rematador, que tengo olfato o que tácticamente soy un corredor hábil, los números, analizándolos fríamente, son los que son. Con el motor que tengo, creo que he llegado bastante lejos. Lo he aprovechado al máximo y no tengo nada más que pedir al ciclismo.
P. ¿Cree que se le ha infravalorado un poco o se va sintiendo un respaldo justo?
R. Bola se puede dar todo lo que se quiera. Hoy en día se puede vender lo que quieras vender, y más con el potencial que tienen los medios y las redes sociales. Pero la verdad es que nunca he sentido esa necesidad de que alguien me dé más bombo ni de que me vendan mejor. Creo que la gente cercana y la gente que me ha conocido mejor me valora, y eso es lo más importante. No me hace falta que todo el mundo sepa de mí ni que todo el mundo me valore. Simplemente que la gente que más cerca tengo me aprecie, me tenga en cuenta también en sus vidas, mantener esas amistades y sentir ese placer por haber compartido ese tiempo con todos los compañeros, con gente como vosotros del mundo del periodismo. No lo voy a echar en falta. Nunca voy a pensar que he sido infravalorado o que se me podía dar más.
P. Del famoso villancico viral de la ETB, ¿ya no queda ninguno?
R. No, no. Al final hemos coincidido una generación de los que empezamos en la cantera del Euskaltel juntos y prácticamente de esa generación ya solamente queda Mikel. Menos mal que no ha decidido retirarse con nosotros y sigue un añito más. En pocos años hemos desaparecido todos.
P. ¿Cómo ve lo de Mikel Landa? Han compartido muchas batallas juntos.
R. Hemos compartido de todo. Hemos disputado etapas, nos hemos peleado, nos hemos ayudado a ganar etapas el uno al otro... Nos ha tocado de todo, siempre con muchísimo respeto. Creo que nos hemos llevado bien y hemos aprendido el uno del otro. Como ciclista, le admiro. Creo que ha hecho una gran aportación al ciclismo siendo un corredor diferente, que se sale un poco de los esquemas de un ciclista de hoy en día. Está bien que haya gente que se salga un poquito de los moldes, porque si no está muy aburrido.
No quiero el compromiso ni la exigencia de la élite, pero me gustaría hacer algo en la base
P. La última, ¿le volveremos a ver en el mundo del ciclismo después de este año sabático? ¿Qué planes tiene?
R. Puede ser, no lo descarto. Probablemente no en la élite, pero al final hay muchos proyectos aquí cerca de casa y seguro que me involucraré con alguno de ellos. Simplemente por seguir un poco conectado al ciclismo. Es un mundo que me ha dado mucho y tampoco me gustaría desconectar del todo. No quiero el compromiso ni la exigencia que obligaría un proyecto en WorldTour o un proyecto de élite, pero me gustaría hacer algo en la base.







