El día Mas pensado: Enric conquista LaVuelta y celebra su primera grande
El balear triunfa después de tres semanas en las que sobrevivió a Mónaco, resistió a Roglic y aprovechó el golpe de la carrera tras el abandono de Pogacar: Primoz y Gall le acompañan en el podio

El día que Enric Mas llevaba media vida esperando llegó, por fin, en Granada . Ya no hacía falta imaginarlo. Se acabaron el futuro, las oportunidades perdidas, aquel "algún día" que parecía condenado a repetirse cada septiembre . El mallorquín levantó los brazos como ganador de LaVuelta , y en ese gesto cupieron tres semanas que resumían buena parte de su carrera: resistencia, paciencia, algún golpe inesperado, dudas que nunca terminaban de disiparse, montaña, presión, y esa rara capacidad de seguir ahí cuando todo a su alrededor cambiaba de forma.
Todo había arrancado tres semanas antes en Mónaco , con una contrarreloj de apenas nueve kilómetros que apenas era el prólogo de una batalla mucho más larga. Mas salió desde el primer día sabiendo que su arma sería la regularidad . No era el favorito de los focos ni el nombre que todos señalaban con el dedo, pero sí uno de los pocos corredores del pelotón que conocía de memoria el camino hasta el podio de Madrid . O, esta vez, de Granada .
La primera semana se dedicó a colocar las piezas del tablero. Brennan se llevó sus sprints, la carrera cruzó los Pirineos y enfiló las primeras montañas serias. Y entonces todo saltó por los aires: Tadej Pogacar , la gran referencia de la prueba, se cayó y tuvo que abandonar . LaVuelta, de golpe, quedó abierta de par en par. Y allí estaba Mas.
En Aitana llegó el golpe que le cambió la carrera para siempre. Ganó la etapa, se vistió de rojo y dejó de perseguir LaVuelta para empezar a defenderla, que es un oficio bien distinto. A partir de ahí cada jornada se convirtió en un examen. Primoz Roglic , ganador múltiple de la ronda española y especialista en castigar cualquier grieta, se erigió en su gran amenaza. Felix Gall no se despegaba. Richard Carapaz y el resto de aspirantes esperaban su turno.
Mas, sin embargo, nunca se descompuso. LaVuelta entró después en su tramo más extremo. Jornadas por encima de los 40 grados , etapas recortadas, cientos de bidones vaciándose sobre las nucas, hielo, chalecos refrigerantes, corredores al límite de sí mismos. Córdoba fue el símbolo de aquella carrera abrasadora. Mas, que semanas atrás había bromeado diciendo que prefería correr con 40 grados antes que con 20, terminó reconociendo que hasta el manillar quemaba. Ya no quería las estufas para apoyarle que se volvieron virales.
Superado el calor apareció el gran fantasma: la contrarreloj entre El Puerto de Santa María y Jerez . 32,1 kilómetros que llevaban meses subrayados en rojo en el calendario mental de todo el equipo. Movistar calculaba que Mas podía perder entre 50 segundos y 1:20 respecto a Roglič . En otra edición, una jornada así habría sonado a sentencia. Esta vez fue, simplemente, un obstáculo más. Enric limitó daños y salió vivo.
Tres semanas de auténtica locura
Ya solo quedaba la montaña. Peñas Blancas , el Collado del Alguacil , una Andalucía entera convertida en escenario de la defensa definitiva. Roglič lo intentó. Gall esperó su momento. Mas respondió, siempre. Sin exhibiciones grandilocuentes, sin ataques pensados para la fotografía, sino con esa versión madura que Movistar llevaba años buscando en él: la de un corredor que ya no compite para demostrar nada, sino, sencillamente, para ganar.
Y llegó Granada . La última jornada, con su circuito rodeando la Alhambra , fue la frontera exacta entre el miedo y la celebración. Tres semanas enteras cabían en aquellos últimos kilómetros. También cabían cuatro podios anteriores en LaVuelta, años de críticas, las comparaciones inevitables con Alberto Contador , derrotas que dolieron de verdad y esa sensación pegajosa de estar siempre cerca, pero nunca del todo. Esta vez no había nadie delante. Mas cruzó la meta vestido de rojo y transformó la espera en historia. A los 31 años conquistó, por fin, la gran vuelta alrededor de la que había levantado toda su carrera. Fue el día Mas pensado.


