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La jugada perfecta de Movistar: "Cuando hay piernas, todo va rodado"

Romeo rompió el grupo, Castrillo sacrificó su etapa y García Pierna esperó delante antes del ataque que dejó a Roglic a 1:45

Nacho Labarga817 palabras

Durante demasiados años, Movistar miró el podio de las grandes vueltas como quien contempla una frontera razonable. Estar delante, resistir, asegurar posiciones, proteger lo ganado. Calar Alto contó otra historia. El equipo telefónico dibujó una etapa desde el autobús, colocó cada pieza en su sitio y terminó entregando a Enric Mas el escenario exacto que necesitaba. El mallorquín puso las piernas y el ataque. A su alrededor hubo una obra colectiva de más de cuatro horas que permitió añadir 27 segundos a la renta sobre Primoz Roglic y Felix Gall . Movistar ya no corre pensando únicamente en conservar. Corre para ganar LaVuelta . "El plan de esta mañana en el bus ha salido de 10", admitía después el propio Mas.

El plan empezó muchos kilómetros antes de Calar Alto. Raúl García Pierna y Pablo Castrillo entraron en una numerosa escapada con una misión que iba mucho más allá de buscar la etapa. Movistar enviaba dos hombres por delante para construir una red de seguridad alrededor de su líder, dos puntos de apoyo preparados para aparecer si la carrera estallaba en Velefique o camino de la última ascensión. Detrás esperaba Iván Romeo . El vallisoletano se puso el mono de trabajo y convirtió Velefique en una larga operación de desgaste. Su ritmo fue arrancando corredores del grupo hasta dejarlo casi desnudo. Richard Carapaz intentó aprovechar la pendiente para montar una emboscada y Romeo todavía encontró fuerzas para cerrar el movimiento del ecuatoriano antes de coronar. Cada esfuerzo tenía un sentido. Cada corredor iba ocupando el lugar que le correspondía.

Castrillo recibió entonces su turno. Renunció a sus opciones desde la fuga y se dejó caer para ponerse al servicio de Mas . García Pierna resistió unos kilómetros más en cabeza, esperando que el líder llegara hasta él. Movistar había ido sembrando compañeros por la carretera y recogiendo después cada uno de esos movimientos. Quedaba la pieza decisiva. Quedaba Enric. El mallorquín respondió primero al ataque de Gall y poco después tomó la iniciativa en Calar Alto . Aceleró, soltó a sus dos principales adversarios y encontró más arriba a García Pierna, que vació lo último que le quedaba para acompañarlo durante parte de la ascensión. La imagen explicaba una etapa entera: Mas lanzado hacia delante y un compañero esperándolo justo en el lugar donde el plan había previsto encontrarlo.

El sexto puesto de Mas en meta quedó reducido a una anotación secundaria. La carrera estaba en otro sitio. Roglic perdió 27 segundos y se quedó a 1:45 en la general. Gall aparece a 2:06 . Calar Alto permitió a Movistar aumentar el colchón y abrió una nueva fase de LaVuelta, una carrera que ahora obliga al equipo telefónico a seguir acumulando tiempo antes del terreno más delicado para su líder. La fecha está marcada desde hace semanas: 10 de septiembre . Los 32 kilómetros de contrarreloj entre El Puerto de Santa María y Jerez dibujan probablemente el escenario menos favorable para Mas y uno de los mejores para Roglic. Cada segundo ganado antes de llegar al reloj vale algo más. "Esos 27 segundos son importantes para la semana que viene", reconoció el líder.

La montaña ofrece todavía terreno para seguir apretando. La Pandera aparece como la siguiente gran ocasión y después de la contrarreloj quedarán oportunidades para mover de nuevo la clasificación. Mas conoce el mapa que queda por delante. "Queda mucha Vuelta, nueve etapas y tres finales en alto", recordó en Calar Alto. También conoce el cambio que ha experimentado su propia manera de correr. Este Mas ataca antes, toma decisiones y deja de vivir pendiente de la rueda de sus rivales. Ha trabajado técnicamente su posición sobre la bicicleta pensando en la contrarreloj y ha empezado a pronunciar sin rodeos una frase que durante años salió de su boca con mucha más cautela: "Voy a intentar ganar la carrera".

El equipo que sostiene el rojo

Movistar llevaba años buscando una oportunidad de este tamaño. Mas suma tres segundos puestos y un tercero en LaVuelta y pocas veces había entrado en el tramo decisivo con semejante combinación de elementos: maillot rojo , ventaja sobre sus rivales, confianza para atacar y un equipo capaz de leer una etapa desde muchos kilómetros antes de que llegara el momento de la verdad. En Calar Alto no hubo movimientos aislados. Hubo una secuencia. Romeo rompió. Castrillo entregó su carrera. García Pierna esperó delante. Mas apareció después para rematar el trabajo de todos.

Durante años, alrededor de Enric Mas flotó la pregunta de si algún día tendría las piernas necesarias para ganar una grande. En Calar Alto las piernas hablaron en la pendiente y Movistar respondió desde todos los rincones de la carretera. Un compañero tirando hasta vaciar el grupo, otro abandonando la fuga, otro esperando más arriba y el maillot rojo acelerando cuando llegó su hora. Al fondo quedaban Roglic y Gall. Por delante, García Pierna aguardaba a su líder.

Romeo, con Enric Mas.
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