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"El peligro de dar por muerto a Roglic"

La opinión de Nacho Labarga

Nacho Labarga473 palabrasPremium

A Primoz Roglic le queda una bala. Y sería bastante triste que decidiera guardársela en el bolsillo. No lo hará. LaVuelta ha entrado en ese terreno donde las calculadoras empiezan a estorbar y las piernas mandan. Roglic lo sabe. Por eso dice, aunque nunca sabes si está de vacile o no, que está en el escenario perfecto . Y tiene razón, aunque suene extraño: va por detrás, no controla la carrera y no tiene que responder por nadie. Es decir, puede hacer exactamente lo que más miedo da en ciclismo : correr sin red. A estas alturas de su carrera, Roglic no necesita coleccionar puestos de honor como quien guarda imanes en la nevera. Tiene demasiado palmarés para celebrar un podio defensivo. Si quiere ganar LaVuelta, tendrá que ensuciarla, romper el guion, obligar a los demás a correr incómodos. Que la carrera deje de parecer una partida de ajedrez y se convierta en una pelea de bar con bicicletas. Su dorsal aún impone muchísimo. Esperar únicamente a la contrarreloj parece poca cosa. Él mismo admite que está perdiendo tiempo y que cada segundo cuenta. Pues bien: los segundos también se roban. En una emboscada, en una bajada, en un ataque donde nadie espera, en uno de esos movimientos que al principio parecen una locura y media hora después son una amenaza. Roglic dice que si tiene piernas atacará de lejos. Ahí está la cuestión. No debería preguntarse demasiado qué puede perder. Debería preguntarse qué demonios tiene todavía que conservar. Puerta grande o enfermería. No hay término medio. Si explota a veinte kilómetros de meta, explotó. Si se queda sin podio por intentarlo, se quedó sin podio. Nadie recordará dentro de diez años si fue tercero o cuarto en una LaVuelta que no ganó. Pero sí se recordaría un ataque salvaje, una tarde de esas en las que un campeón decide que perder de pie sigue siendo mejor que perder sentado. Como aquel día con Bernal camino de Los Lagos hace un lustro. Y además hay una pista importante: Roglic dice que está en su mejor nivel de la temporada . Después de la rehabilitación , después de una preparación imperfecta, después de todo. No está al cien por cien, pero tampoco necesita estarlo para incendiar una carrera. A veces basta con tener piernas, orgullo y pocas ganas de obedecer. Sus rivales todavía lo miran como a un enemigo. Normal. Han visto esta película demasiadas veces. Saben que Roglic puede parecer derrotado durante kilómetros y de repente convertirse en un problema enorme. LaVuelta ha llegado a ese punto delicioso en el que conservar ya casi es perder. Los demás tienen posiciones, responsabilidades, miedos. Roglic tiene libertad . Que la use. Que ataque. Que reviente él o que reviente LaVuelta. Pero que no llegue a Granada preguntándose qué habría pasado si hubiera apretado el gatillo.

Roglic, este lunes en Sevilla. IRAIA CALVO
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