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Por qué el calor puede reventarte el parabrisas este verano y cómo evitarlo

Un golpecito minúsculo en el parabrisas puede convertirse en una grieta enorme por el calor del verano, lo que puede suponer un problema mayor si sucede justo cuando sales de vacaciones.

Carlos Espinosa789 palabras

Vas conduciendo tranquilo, con los pensamientos al ritmo de la playlist que suena en el coche, y de repente impacta una piedrita del asfalto contra tu coche, dejando una marquita diminuta en el parabrisas . Después de un lamento, tratas de quitarle hierro al asunto. Total, es solo un picotazo. ¡Gran error! Con el calor que aprieta en julio y agosto, esa marca diminuta puede transformarse en una grieta enorme en cuestión de días, justo cuando menos te conviene, camino de la playa o de vuelta a casa.

Como nos recuerda Carglass, el calor y los cambios bruscos de temperatura aceleran muchísimo la velocidad a la que crece un impacto en el parabrisas. Traducido a lenguaje de la calle, con estas temperaturas, cuanto más tardes en pasarte por el taller, más papeletas tienes de acabar con el cristal partido en pleno viaje de la operación salida o retorno. Pero, ¿por qué?

El asfalto también tiene su parte de culpa

En verano se juntan dos fenómenos que disparan los golpes en el cristal. Por un lado circulan muchísimos más coches por carretera. Por otro, el propio asfalto juega en contra: en invierno se contrae, pero en verano se dilata con el calor, y esa dilatación abre grietas. El resultado es un asfalto maltrecho que cede con facilidad al paso de los neumáticos y hace que tu coche escupa piedrecitas como si fuera un pequeño cañón, directas al parabrisas del coche de atrás.

El calor tampoco ayuda por otro motivo, y esto viene de largo. Ya en 1921 el investigador A. A. Griffith demostró que un cristal dañado es bastante más frágil que uno intacto, y que cuanto mayor es el golpe, menos fuerza hace falta para que siga creciendo la grieta en el cristal. Décadas después, en 1967, otro estudio confirmó que incluso con tensiones minúsculas , la grieta avanza sin parar, poquito a poco, día tras día.

Y a ello debes sumarle que la carrocería se dilata y se contrae con la temperatura de forma distinta al cristal, porque el acero, el aluminio y el vidrio tienen coeficientes de dilatación diferentes . Ese pulso invisible entre materiales termina transmitiendo tensión extra justo al parabrisas. En pruebas de laboratorio, un parabrisas calentado hasta 80 grados por fuera, con el habitáculo a 30 grados, aguantó el tirón en el momento, pero la grieta creció visiblemente, y tras varios ciclos parecidos acabó rompiéndose.

Cuidado con el aire acondicionado

Hay un gesto muy habitual que tampoco ayuda demasiado, y es que al entrar en un coche que lleva horas al sol enciendes el aire acondicionado a tope , tal vez apuntando directamente al cristal para que no te dé en el cuerpo. De esta manera estás provocando un cambio de temperatura tan brusco que el parabrisas lo nota , y mucho. Por ello, es mejor dejar que el habitáculo se refresque dejando que el aire fluya hacia otra zona del habitáculo.

Y eso que aún falta la vida previa del parabrisas, que llega ya estresado de fábrica. El propio proceso de fabricación , con el corte, el moldeado y el laminado del cristal, deja una tensión interna que varía de una pieza a otra. Luego, el pegamento de poliuretano que lo sujeta a la carrocería se contrae ligeramente al secarse y añade su propia dosis de tensión. Encima, el parabrisas hace de columna vertebral del coche, aportando rigidez a la estructura y aguantando parte de la fuerza en curvas, frenazos y aceleradas . Y por si fuera poco, cada bache , cada irregularidad del asfalto y hasta el propio viento le dejan pequeñas sacudidas constantes. Un simple paso por un badén a 30 kilómetros por hora genera hasta 5G de aceleración sobre el cristal... Con ese historial acumulado, cualquiera se agrieta.

Cuanto antes lo arregles, menos duele al bolsillo

Con todos estos frentes abiertos, la recomendación es sencilla: en cuanto detectes un impacto, debes actuar rápido . Los talleres especializados suelen poder reparar el cristal en lugar de cambiarlo entero siempre que el golpe esté lejos del borde del parabrisas, tenga un diámetro pequeño (más o menos como una moneda de 2 euros) y quede fuera del ángulo de visión del conductor.

Reparar en vez de sustituir sale mucho más barato, se hace sin desmontar el parabrisas ni tocar los sistemas de asistencia a la conducción, y de paso ahorra materiales y tiempo. Con cita previa, en muchos talleres el proceso puede quedar listo en apenas media hora , frente a la hora y media larga que exige cambiar el cristal entero.

Total, que la próxima vez que un guijarro te deje un picotazo en el cristal, mejor pásate pronto por el taller, sobre todo si te queda poco para marcharte de vacaciones.

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