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Líquido de frenos: cómo saber si está a punto de fallarte en el peor momento

El líquido de frenos envejece aunque el coche apenas se use, pierde eficacia y puede convertir una frenada de emergencia en una pesadilla. Esto le pasa a tu coche si te olvidas de cambiarlo.

Carlos Espinosa746 palabras

Cuando alguien compra un coche, ya sea nuevo o semi nuevo, suele cumplir a rajatabla los mantenimientos que marca el fabricante: aceite, filtros, correa de distribución... Todo llega con puntualidad al coche durante los primeros años. Con el paso del tiempo, sin embargo, esa disciplina se relaja, y el coche empieza a recibir la atención justa para que arranque y pase la ITV. Sin duda por esta relajación, los frenos se convierten a menudo en los grandes olvidados del mantenimiento, porque no se ven como los neumáticos ni se dejan escuchar como una batería que ya falla. Los conductores suelen tener en cuenta cada cuánto toca cambiar el aceite al motor, pero casi nadie tiene en cuenta cuándo toca cambiar el líquido de frenos ... hasta que la frenada empieza a fallar cuando más la necesitas.

El líquido de frenos tiene una peculiaridad que lo distingue de otros fluidos del coche, y es que es higroscópico . La palabra suena enrevesada, pero la entenderás si te explicamos que eso significa que absorbe humedad del ambiente. Y lo hace incluso con el coche parado en el garaje. Entra por los poros microscópicos de los latiguillos de goma, por las juntas y por el propio depósito cada vez que se abre la tapa, así que da igual conducir 3.000 kilómetros al año o 30.000; el reloj en su contra corre desde el primer día.

Ese agua acumulada tiene una consecuencia muy concreta, y es que rebaja el punto de ebullición del líquido. Un líquido de frenos nuevo aguanta temperaturas muy altas antes de hervir, pero con tres o cuatro años y un porcentaje de agua superior al 3% , ese margen se reduce de forma drástica. En una frenada exigente, bajando un puerto de montaña con el motor reteniendo poco, cargados de maletas o simplemente tras varios frenazos seguidos en tráfico denso, el líquido puede alcanzar su punto de ebullición y generar burbujas de vapor dentro del circuito. El resultado es lo que se conoce como vapor lock , y se traduce en un pedal de freno que de repente adquiere un tacto esponjoso y se hunde bajo el pie sin transmitir apenas fuerza a las pinzas. Y eso, por supuesto, sucede justo cuando más los necesitas.

La humedad, además, ataca por otro flanco, el metal. La bomba de freno , el módulo ABS y las pinzas conviven con ese líquido contaminado y empiezan a corroerse por dentro, en silencio y durante meses. Cuando el fallo aparece, casi siempre en forma de testigo encendido en el cuadro o de un pedal que se hunde cada vez más, la factura escala rápido: un módulo ABS nuevo puede costar entre 200 y 800 euros solo en la pieza, la bomba hidráulica añade otros 300 o 600 euros , y sumando mano de obra y algún sensor 'de propina', la reparación completa supera con facilidad los 1.000 euros . Y aquí conviene ser precisos: la ITV se limita a medir la fuerza de frenado en el frenómetro y a comprobar fugas o testigos encendidos, sin analizar el líquido de frenos en un laboratorio, así que un líquido degradado puede permitir que el coche supere la ITV y seguir perdiendo eficacia real cada mes que pasa.

La recomendación mayoritaria del sector sitúa el cambio cada 2 años o cada 30.000-40.000 kilómetros , lo que antes suceda, aunque marcas como BMW, Audi o Mercedes estiran ese plazo hasta los 3 años en algunos modelos. El propio líquido apenas cuesta unos 10 euros el litro , así que el gasto real está en la mano de obra, que exige purgar bien el circuito, y el precio final en un taller español ronda entre 40 y 100 euros , con una media cercana a los 60.

Detectar un líquido en mal estado, de hecho, resulta bastante sencillo con solo mirar el depósito bajo el capó. El líquido nuevo sale prácticamente transparente, con un tono amarillo pálido, y a medida que envejece va oscureciéndose hasta adquirir un color ámbar oscuro o incluso marrón , síntoma claro de que ha absorbido agua y ha empezado a degradarse. Pero para saber si el líquido está en buen estado, muchos talleres disponen de tiras reactivas que miden el porcentaje de humedad en segundos y determinan con precisión si toca cambiarlo ya o si todavía aguanta unos meses más. La prueba que apenas lleva un minuto y que puede evitarte un terrible susto la próxima vez que bajes un puerto.

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