Carmen Pérez y el infierno a 52 grados: "Era como correr en una air fryer"
La valenciana se impuso en la Badwater, la carrera más dura del mundo (217 km) en el Valle de la Muerte, batiendo el récord femenino de la prueba por 40 minutos. Sólo le ganó un hombre

L a Badwater 135 es considerada por muchos como la carrera de resistencia más dura del planeta. Su recorrido atraviesa el Valle de la Muerte, en California, partiendo desde Badwater Basin —el punto más bajo de todo el hemisferio occidental, a 186 metros bajo el nivel del mar— y culmina en las laderas del monte Whitney, a más de 2.500 metros de altitud.
A lo largo de 217 kilómetros (135 millas), los corredores deben enfrentarse a temperaturas que en pleno verano superan los 50°C, asfalto que literalmente derrite las suelas de las zapatillas, desniveles brutales y una deshidratación constante que pone a prueba no solo el cuerpo, sino también la mente. No es casualidad que se la conozca como 'la carrera imposible'.
Carmen Pérez, 44 años, valenciana, batió la semana pasada el récord femenino (21.05:32) por casi 40 minutos de una prueba de la que se enamoró a primera vista. Sólo le ganó un hombre por 11 minutos. "Mi pareja, Iván Peñalba -acabó cuarto-, la había corrido cuatro veces. Al principio me parecía impensable que yo pudiera hacerla, pero hace tres años le hice de asistencia y me obnubiló. Por todo. Por lo extrema que es, por las temperaturas, que son una locura, por su exclusividad, porque sólo son 100 plazas y dos tercios son para los que ya la han corrido... Se me metió entre ceja y ceja. El año pasado conseguí el pase directo porque gané la carrera de Brasil, que es su hermana pequeña, pero tenía el Mundial de 24 horas y tuve que renunciar".
A la Badwater se accede por méritos y tras un test psicotécnico. Ella que empezó corriendo en busca de la felicidad "y cuando corres 10 eres feliz y si corres 100, más", había contraído suficientes méritos en sus dieciséis años de carrera para ser invitada. "Tienes que acreditar que has corrido cuatro carreras de 100 millas al menos, pero extremas. No vale en un circuito. Y luego pasar una valoración, un examen en el que te preguntan cosas como qué te motiva a correrla y esas cosas".
Cuando supo que estaba elegida, planificó todo el año para esta carrera. "Especialmente desde el ultraBalatón (210 km alrededor del lago más grande de Europa, en Hungría), a finales de mayo. Y he de dedir que la ola de calor nos ha favorecido, porque hemos podido meter los entrenamientos más duros a la hora de más calor, lo que nos permitió, además, probar la hidratación idónea, la nutrición y las prendas para compensar la torradera".
Pérez, que trabaja como monitora en un gimnasio, comenzó a doblar sesiones. Por las mañanas y a la hora de comer, el periodo de máximo calor. Los fines de semana, en San Juan de Requena, el pueblo de sus padres, aumentaban las tiradas. "A lo mejor corría de 11.30 a 16.00. Fue el mejor entrenamiento que podía hacer".
Tras una semana de aclimatación -"que fue clave"-, Carmen e Iván se presentaron en la línea de salida el 27 de julio. Arrancaban en la tercera tanda, la de las diez de la noche. "Fue taaan emocionante", incide la valenciana. "Estar con mi pareja en la carrera más dura del mundo, escuchar cantar a una chica el himno americano... Sentí una emoción tan bonita que me dije: "¡Guau!, aquí empieza la fiesta".
La ultramaratoniana, poseedora de los récord de España de 12 y 24 horas, de los 100 km..., afrontó la prueba con "calma. Salí a vivir la aventura. Era la primera mujer española en esta prueba y quería ser la primera que lo acabase. Arranqué con la idea de tener una bonita experiencia, sin buscar la marca. Se trataba de escuchar al cuerpo, pero según avanzaban los kilómetros, me sentí mejor y mejor. Pasé un momento delicado a la altura de las 100 millas -cuando mi equipo no me pudo avituallar hasta tres km después-, cuando hacía 52 grados, pero no fue muy grave. Estuve muy bien atendida por mi equipo con agua, toallas heladas, hielo... Y en la última parte del recorrido, en los últimos 20 km, sentí que tenía cuerpo y piernas".
Carmen fue la primera sorprendida con su rendimiento. "Antes de la prueba, te hacen rellenar un papel con la marca que pretendes hacer. Y si aciertas hay un premio de 800 dólares para una organización solidaria. Yo, que pretendía dárselo a 'Martina es mi ángel' y 'Aurrerá Markelekin', puse 27 horas y media". Había sopesado la dureza del recorrido, lo que hizo ser conservadora. "Es que por mucho que entrenes, no tiene nada que ver. A los 60 km hay un puerto de 27 km de subida, que luego desciende 22. Es una bajada que te liquida las piernas. Y luego para terminar hay otra ascensión de 24. El aire es abrasador. Es como si te metieses en una air fryer. El ambiente te seca y no puedes poner ningún ritmo. Pero aún así, la he disfrutado muchísimo". Los datos son asombrosos: bebió unos 25 litros de agua, tomas periódicas de entre 50 y 60 gramos de carbohidratos, e ingesta de sales sódicas de entre 800 y 1.000 mg. Tan extremas eran las condiciones que apenas se detuvo dos veces para orinar. En 21 horas.
"Los 52 grados lo primero que te dan son miedo. Antes de la carrera hablé con mi hermano y un par de amigos y les dije: estoy acojonada. Además de la temperatura, sopla un aire que te seca totalmente las fosas nasales. Nos tuvimos que dar una crema especial en la nariz porque nos salía aire ardiente. Es muy fuerte. Otros años, durante la noche, la temperatura cae a 43 grados, pero en este no bajó de 49", recuerda.
"El éxito ha sido no salirme de las pautas de hidratación y alimentarias. Hemos sido muy meticulosos . La semana antes ya aquí fue decisiva. Lo probamos todo. Hasta me chupaba el brazo y según notaba cómo estaba salada la piel, sabía si tenías suficientes sales o no. Podrá parecer un método paleolítico, pero ha sido muy efectivo", explica mientras agradece el apoyo de su equipo. "Verles cada 15 minutos fue una motivación extra. Estaba tan concentrada en el objetivo, que se me pasó rápido. Fueron 21 horas, pero no fue nada", concluye.



