'Dibu' Martínez hace saltar la alarma con la campeona del mundo: “Menos mal que no jugamos la Finalissima...”
La Albiceleste apenas pudo con la débil Mauritania en una Bombonera a medio gas y dejó una imagen preocupante a poco más de dos meses del Mundial

'¿Cuál sería la diferencia de la goleada? Esa era la pregunta antes del partido. Después, la duda fue otra: cuánto se cuidó Argentina y cuánto le costó de verdad. La respuesta dejó inquietud. La Albiceleste apenas ganó 2-1 a la débil Mauritania en una Bombonera que, además, no estuvo llena. Un resultado inesperado por lo corto y, sobre todo, por las sensaciones.
Lo mejor de Argentina fue la autocrítica. Emiliano Martínez no se escondió: “Menos mal que no jugamos la Finalissima. Si jugábamos así, perdíamos…”. Luego fue más allá: "Cuando nos ponemos la camiseta de la Selección, tenemos que poner más. Necesitamos más corazón. Faltó intensidad”. Y cuando le preguntaron por algunas críticas de la prensa española a los amistosos sin jerarquía de Argentina, Dibu respondió: “El Mundial pasado fue igual. Es partido a partido. Nosotros tenemos la experiencia de llegar lejos; ellos no”...
Lionel Scaloni tampoco maquilló nada: “Las conclusiones no son positivas. El equipo no estuvo bien en ningún momento”. El seleccionador dejó a Messi en el banquillo de inicio y apostó por Nico Paz y Thiago Almada. El 10 entró en la segunda parte junto a Rodrigo De Paul y Franco Mastantuono. La paradoja fue grande: ninguno de los tres pesó y el equipo se fue cayendo ante un rival que ocupa el puesto 133 del ránking FIFA.
Argentina había encarrilado la noche en el primer tiempo, con dominio de balón y ritmo, aunque con poca profundidad. Ganó ventaja con un disparo lejano de Enzo Fernández y con un bonito tiro libre de Nico Paz, que firmó así su primer gol con la Albiceleste.
Pero tras el descanso bajó el nivel y Mauritania encontró la manera de incomodarla. Dibu Martínez sostuvo al equipo con tres atajadas decisivas. El descuento llegó recién en el 94, por medio de Jordan Lefort, y terminó de dejar el aviso encendido.
Ahora queda Zambia, el martes. Y también la obligación de cambiar la cara para despedirse de su gente de otro modo, después de una noche espesa en la Bombonera y de un triunfo que sonó mucho menos de lo que marcó el resultado.


