Orgullo de equipo y afición en el regreso malaguista
La opinión de Antonio Jesús Merchán

Anoche, la afición malaguista volvió a dejar claro ante la LFP que está entre las mejores de España. Y lo hizo, además, en uno de los grandes escenarios del fútbol español, el Metropolitano, un estadio que se ha convertido en toda una referencia por el ambiente que genera su afición.
El homenaje del Atlético de Madrid a los campeones del mundo con la Selección Española que forman parte de su plantilla y la espectacular ovación dedicada a Luis de la Fuente, nuestro seleccionador, mientras sonaba el himno de España, fueron momentos que, al menos a mí, me pusieron los vellos de punta.
También fue digno de destacar el gesto del Málaga CF, que tuvo la deportividad de participar en el homenaje realizando el pasillo a nuestros campeones. Un detalle que honra al club blanquiazul y que permitió que las dos aficiones compartieran en las gradas un momento para la historia. Un ejemplo de lo que debería ser el fútbol español.
Es cierto que, una vez comenzó el partido y fueron pasando los minutos, algunos descerebrados rojiblancos recurrieron al habitual '¡Puta Málaga!' para insultar a nuestra ciudad. Sin embargo, el protagonismo de estos mequetrefes fue prácticamente inexistente ante el comportamiento general de ambas aficiones.
Casi siete mil malaguistas acompañaron en directo al equipo en su regreso a la Primera División. Un desplazamiento espectacular a un escenario extraordinario que, evidentemente, solo habría podido ser mejor si ese regreso a la élite hubiese tenido como escenario La Rosaleda.
En el apartado estrictamente futbolístico, el Málaga de Juanfran Funes ofreció una imagen más que digna. El equipo compitió, tuvo las ideas claras y supo defenderse durante muchos minutos, aunque también dejó bastante claro que necesita refuerzos tanto en defensa como en ataque. La realidad es que Eneko Jauregi no parece estar al nivel que exige la Primera División ni a la altura de la responsabilidad que conlleva ese puesto.
El FUNESBUQUE resistió con orden y buscando sus opciones a la contra las primeras acometidas del conjunto rojiblanco, prácticamente una unidad B. El problema llegó cuando el Cholo Simeone decidió recurrir desde el banquillo a parte de su artillería pesada.
Incluso queda la duda de qué habría ocurrido si el colegiado hubiese mostrado a Jorge Domínguez la segunda tarjeta amarilla. Quizás estaríamos hablando ahora de un partido completamente diferente, pero el árbitro decidió no hacerlo.
En ataque, Joaquín Muñoz fue probablemente el malaguista más destacado. Ayer, sin embargo, Chupete y Larrubia apenas pudieron entrar en juego y enseñar todo el fútbol que llevan dentro. Tampoco Dani Lorenzo encontró los espacios ni la libertad necesarios para desarrollar su habitual fútbol, muy bien controlado por el entramado defensivo del centro del campo madrileño.
Alfonso Herrero volvió a ofrecer un buen nivel y Rafita y Recio estuvieron excelsos en defensa, acompañados por Einar Galilea e Izan Merino. Pero hay ocasiones en las que poco se puede hacer cuando enfrente aparecen futbolistas de una calidad extraordinaria.
Kang-In Lee entró al terreno de juego decidido a justificar ante su afición el número 7 que lleva a la espalda. Y lo consiguió con un auténtico golazo. Un error defensivo del Málaga le permitió encontrar espacio en la frontal y su disparo terminó en la portería sin que Alfonso Herrero pudiera hacer absolutamente nada.
Poco después llegó el segundo. Baena ejecutó de manera magistral un lanzamiento de falta y puso el 2-0 en el marcador. Ahí, prácticamente, se acabó el encuentro.
El Málaga dejó una buena imagen en su regreso a la máxima categoría, pero esa imagen no fue suficiente para superar a un Atlético de Madrid de semejante nivel. El partido también sirvió para confirmar algo que parece evidente: hacen falta incorporaciones que eleven el nivel de la actual plantilla si el equipo quiere afrontar con garantías el objetivo de la permanencia.
¡Memoria, Compromiso y Fe!, sobre todo esto último.




