Un derbi eterno: la UP Plasencia sobrevive a la locura y 'tumba' al Ciudad para soñar con la Copa
Un partido espectacular con momentos para la memoria de la capital del Jerte que se llevó la UPP con un golazo de falta directa en la prórroga

Fue entrar por aquellas puertas metálicas y darme un vuelco al corazón . Hacía mucho que no bajaba esa cuesta asfaltada dejando a la derecha los míticos bancos mil veces grafiteados y ese entusiasmo que solo despiertan las primeras veces. Ciudad de Plasencia y UP Plasencia se jugaban un pase a la final de Copa de Extremadura y hacía años que el Estadio Municipal Francisco Gil Valle no se veía así de lleno. Diría que más incluso que en aquellos días en que los juveniles de la UP Plasencia jugaban en División de Honor contra los hoy reconocidos Marcos Llorente, Reguilón o Borja Mayoral . Más de 3.000 almas , como comentó Edu Fernández, exjugador de la UPP y mítico capitán de aquel equipo del que un día me sentí parte, barrían con cada entrada, chutaban con cada despeje y esprintaban con cada carrera como si fuera suya.
“Chacho, aquí no se cabe”, dijo uno de los aficionados que aún hacía cola para entrar. No recuerdo haber visto nunca así el Municipal, excepto para ver Extremoduro . Aunque muchos recordarán aquellos legendarios años de 2ªB. Ya de camino a la grada subalterna, también con mucha gente, el ambiente te llevaba a una época que hacía mucho que no se vivía en la capital del Jerte.
Y ahí, abstraído por los recuerdos de exjugador regulero de ambos equipos con algún que otro cúlmen de creencia de estrellita, me di cuenta que aquello era una semifinal histórica entre dos clubes de la misma ciudad. Aunque también, entre los estruendos de los aficionados y la calma tensa de los grandes momentos recordé a Gonxo y Juan. También a algunos otros como Jaime Vecino, Julio César, Italiano, los Parris y hasta al bohemio de Paule. Y, cómo no, al siempre carismático Domingo Terrón y su voz abrumadora resonando como un tren de mercancías.
Un primer tiempo de fragua y tensión contenida
El partido comenzó con cierta calma aparente, como dos boxeadores tanteándose, conscientes de que un solo error podía cambiarlo todo. El juego largo y los choques se sucedieron en un centro del campo que era terreno sagrado para cada aficionado allí presente: allí se jugaban el orgullo, la memoria de tardes pasadas y la ilusión de un puesto en la final de la Copa de Extremadura.
Lo cierto es que la UPP no jugaba a mucho con un centro del campo sin ideas y la estrategia de Carlos Baños estaba enfocada a la más pura efectividad. Y es que, ¿quién no apostaría por ello teniendo un futbolista en punta como Chinaza ? Al Ciudad de Plasencia se le veía bastante cómodo controlando el ritmo de un partido sin ocasiones. La defensa magenta repelía los constantes balones largos que Albarrán intentaba colar entre los centrales para que Chinaza se ‘peleara’ con todos. Con Justo como baluarte de calidad , los de ‘Miguelete’ intentaban llegar hasta la portería rival con varias jugadas que generaron los aplausos de la grada.
Sin embargo, el fútbol es tan oportuno como el sol de invierno que vino a iluminar ese partido. Tras una gran jugada de Martins estrellando el balón en la misma escuadra, llegó el gol de Alassana tras disparar desde la frontal del área en lo que puede considerarse el típico ‘pase a la red’.
Aunque algunos compañeros suyos comentaron que nunca tuvo intención de ir a ‘puerta’, el gol subió al marcador y la afición blanquinegra explotó con el representativo ‘gol psicológico’ a escasos minutos del descanso . La balanza caía del lado de la UPP, pero ni los futbolistas del Ciudad ni su afición iban a dejarse amedrentar por esa punzada.
Un segundo acto de vértigo, pundonor y estrellas
Tras el descanso, el Ciudad de Plasencia salió con alma renovada . Las charlas de Miguelete son conocidas por todos los jugadores de la zona, y hay pocas motivaciones más grandes que la de ganar a tu máximo rival en su estadio y ante tu gente . Cada pase largo era una promesa, cada centro un hilo de esperanza. Y, todo sea dicho, la inclusión de Jesús Fernández ‘Xule’ en minuto 58 dio un giro total al partido. Uno de esos jugadores que, aunque las lesiones no le permitan estar en su mejor momento, son capaces de acaparar el protagonismo para hacer brillar al resto de compañeros. Y así lo hizo.
‘Xule’ se pegó a la línea de cal del Municipal y nadie era capaz de quitarle el balón sin hacer falta. Marcaba la diferencia en cada control, en cada arrancada… Parecía tocado por una varita desde que pisó el césped. Y así, de una jugada suya y un córner posterior llegó el empate de Alberto Núñez en el minuto 67 . Pero los magentas no se quedaron ahí, todos los compañeros buscaban a ‘Xule’ y el número 7 del Ciudad atraía rivales con la pericia del que lleva años jugando a esto. De sus botas se inició la jugada del segundo gol tras bregar con Alejo y Albarrán. Fue una lucha sin cuartel, pero consiguió sacar un pase medido por la banda hacia Treasure , que hizo lo que todo buen lateral haría, para servir el balón en bandeja a Martins.
Era el minuto 70 y justo cuando parecía que la UPP volvía a querer el balón tras la incorporación de Domin al campo , llegaron dos mazazos seguidos con los que el equipo de Miguelete consagró una merecida remontada. Sin embargo, lo que en un partido normal sería motivo de celebración, aquí era solo el prólogo.
Una locura llamada fútbol: final de infarto y héroe inesperado
Baños reaccionó moviendo el banquillo con la incorporación de Plata y Cañadas a un partido que se iba a volver completamente loco. Y la UPP respondió con ferocidad . Garrido, quizás el menos esperado de los rematadores de una falta magistral de Antonio, remató de cabeza para que el balón entrara lentamente a las redes del Municipal en el 75’. Sin tiempo para celebrar el empate, la suerte sonrió al Ciudad de Plasencia en el minuto 77 cuando Martins recogió rebote del portero blanquinegro y asestó la que parecía la estocada definitiva a la UP Plasencia. Un tanto sin ángulo por el que muchos protestaron por la posición adelantada del lateral izquierdo.
Las sustituciones se fueron sucediendo a medida que el partido se volvía más bronco y el juego menos atractivo . Quizás mermaron más a los magentas que a los blanquinegros. La retirada de Justo y Martins hizo modificar la posición de un ‘Xule’ renqueante que había ‘desaparecido’ del partido tras su irrupción inicial. Teniendo a Sergio Martín ‘Churre’ cerca para defenderte, todo se vuelve más complicado. Sin embargo, ambas aficiones estaban más encendidas que nunca y las gradas empujaban con cada encontronazo. Un derbi es un derbi, la tensión está ahí y no todos los futbolistas son capaces de aguantarla de la misma forma. Algo que se vio en el campo. Y, aunque el Ciudad de Plasencia aguantó bastante bien los arreones de la UPP, una sensación de desesperanza planeaba en el ambiente como una especie de dejavu.
La UPP lo intentaba una y otra vez buscando a un Chinaza al que siempre recibía , pero no era capaz de quitarse de encima a más de un defensa magenta. Antonio Iglesias arreciaba el área rival con los centros medidos que caracterizan a esa zurda privilegiada de Galisteo . No había manera, y la presión parecía estar pudiendo con los de Baños aunque la afición alentara sin cesar. Hasta que llegó el momento de la locura. Antonio ya no sabía como poner los balones mejor para evitar la eficacia de una defensa que parecía impenetrable.
Y así, de la forma menos pensada posible, tras un saque de banda desde la izquierda y una ‘peinada’ de Garrido, Alassana volvió a coger el bastón de mando para marcar el definitivo 3 - 3 con un disparo medido al palo largo . Corría el minuto 97 y la prórroga llegaba junto a los nubarrones que ocultaron el sol a un Ciudad de Plasencia que ya se veía ganador.
Una prórroga de fútbol modesto con destellos profesionales
Los corrillos de los futbolistas con los entrenadores se terminaron al mismo tiempo que las llamadas de muchos de los presentes en la grada entonaban cualquier excusa para aguantar más tiempo en el campo. “Ya sé que tenemos comida, pero es que nos lo jugamos todo ahora” , dijo alguien al teléfono mientras abría una lata de cerveza. De este partido se esperaba pundonor y choques, pero no un entretenimiento tan grande como para dejar de lado todo lo demás que tuvieras planeado. Aún así, algunos (muy pocos) tuvieron que irse mirando de reojo hacia atrás al salir por la puerta.
Comenzó el tiempo añadido con la entrada de Luis Delgado para sustituir a Alejo en una clara declaración de intenciones del Baños para ir a por el partido. La dupla Chinaza - Luis Delgado se convertiría en la pesadilla para cualquier defensa, pero los centrales del Ciudad de Plasencia estaban dispuestos a ir a la guerra con quien fuera. El partido se embarra entre tanganas y algún que otro codo suelto con el que algunos se jugaron la expulsión. Y en una de las decenas de veces que Chinaza acaparaba el balón y se daba la vuelta llegó el momento definitivo que cambiaría el partido.
Falta clara a varios metros de la frontal, perfil derecho y, aún siendo zurdo, solo aparece un nombre entre los lanzadores: Antonio Iglesias . Lo sabe de sobra, lo ha hecho cientos de veces, pero la presión es grande. Sin embargo, los que conocen a este jugador saben que, si está fino, es capaz de cambiar cualquier partido. Cuatro pasos hacia atrás y concentración absoluta . No es su zona, no es su perfil, no es su posición, pero a pocos he visto tan destinados a lo inevitable.
La grada se queda en silencio y Antonio se acerca al balón. Uno, dos, tres pasos, pie de apoyo, mano atrás y cuerpo adelante. El resto, ya se puede imaginar: una parábola perfecta de fuera a dentro que toca en la escuadra para rozar las redes y generar ese plácido sonido que al que le gusta el fútbol genera escalofríos . Poco pudo hacer Alcalá ante aquella maravilla. Celebración de las de siempre sin saber hacia dónde ir junto a una grada que se caía. Aún quedaba la segunda parte, pero el partido ya parecía sentenciado con ese 4 - 3 en el marcador.
Un final doloroso con oportunidad de revancha
La segunda mitad de la prórroga comenzaba con movimientos en el banquillo de parte de un Miguelete que vió como la UPP se volvía muy sólida atrás y un Chinaza que lo aguantaba absolutamente todo adelante . Pero si Antonio lo fue para los blanquinegros, ‘Xule’ lo es para los magentas. Tras un tiempo desparecido, regresó a su zona de confort para volver a recibir más atrás. Y si ‘Xule’ vuelve, el Ciudad regresa. Tras varios controles milimétricos y regates imparables, el 7 del Ciudad generó una falta peligrosa cerca del área que Alejandro Hernández sacó con maestría. Así llegó de nuevo el gol para el Ciudad, pero cuando todo el mundo lo estaba celebrando, la bandera del línea vuelve a quitar la ilusión a los de Miguelete con un muy discutido fuera de juego.
Punzadas con sabor a viejas rencillas y tanganas se sucedían como algo que se había vuelto habitual. Se veía cada vez menos fútbol en el campo. Al equipo arbitral se les había escapado el partido de las manos desde los minutos finales del encuentro y el merecido castigo a algunos jugadores con rojas o dobles tarjetas no era proporcional a la amarilla que vio Garrido tras asestar una patada de expulsión a ‘Xule’ en los últimos compases del encuentro. Quizás el momento en el que más protagonismo debieron tener es en el que menos lo buscaron. Algo que siempre conduce a errores.
Más allá de todo eso, el partido acabó con varios futbolistas mermados por el cansancio, cánticos habituales en la grada, la UPP victoriosa con ganas de enfrentarse al CD Quintana en la final y la sensación de que el fútbol le debe una al Ciudad de Plasencia. Y se la debe en un derbi. Casualidades de la vida, el próximo domingo ambos vuelven a enfrentarse, pero esta vez en liga. Algo que vuelve a refutar lo inevitable: el deporte rey siempre da otra oportunidad para la revancha.
Un derbi que se recordará
El fútbol, en su esencia más pura, no son solo goles ni estadísticas; es eso que queda cuando los focos del campo se apagan y la ciudad sigue hablando de lo que pasó. Este derbi en Plasencia fue más que una eliminatoria; fue un encuentro de colegas que se cruzan en mañanas de enero, de paseantes que dejaron calles y terrazas para llenar un estadio, de aficiones hermanadas en la rivalidad pero unidas por el amor a su club y a su tierra.



