"¡Cuántos fusilados cabrían ahí, eh!"
Una historia que une a represaliados osasunistas en la Guerra Civil, a los presidentes no reconidos del Real Madrid y un intento de venta del club rojillo al blanco

Una mañana de domingo. En la avenida Carlos III de Pamplona no hay casi nadie. Un hombre mayor mira desde la valla la obra de lo que iba a ser la Caja de Ahorros de Navarra. Lleva unas zapatillas de cuadros, de estar por casa. Le asombra la profundidad del socavón, la enorme zanja.
Otro hombre le ve de lejos. Nunca ha hablado con esa persona tan interesada en la obra. Pero sabe quién es. Demasiado bien. Se acerca. Se pone a su lado. No hay nadie más alrededor. Sin mirarle, le habla: “Oiga, ¡cuántos fusilados cabrían en este hoyo, eh!”.
El otro se gira. Su cara está pálida, desencajada. Sin decir nada, huye con toda la velocidad que le permiten sus gastadas piernas.
Las palabras eran de Txomin Villafranca Lizarraza , hijo de José Javier Villafranca, directivo de Osasuna al estallar la Guerra Civil. Su familia fue ferozmente perseguida a raíz del golpe de Estado del 18 de julio de 1936. Txomin era un bebé. Había nacido en mayo y sus primeros meses de vida fueron de huida. Una huida que le costó la vida a su abuelo Leandro, fusilado en una cuneta cerca de Urroz. Su padre, dirigente comunista navarro, logró escapar. Pero pereció en la Modelo de Barcelona en las luchas intestinas, identificado como trotskista por los estalinistas.
Yo tenía dos meses cuando mis padres y mi abuelo huyeron conmigo
Quien escapó despavorido, espantado, era Benito Santesteban Martínez (1905-1979), alias El Santero. Fue uno de los principales verdugos de los escuadrones de la muerte requetés que operaron en Navarra entre 1936 y 1937. Sobre su conciencia pesaba la muerte de decenas y decenas de personas en Navarra, muchas de ellas vinculadas a Osasuna.
Esta es una historia en la que aparecen familiares de represaliados que tenían una relación directa con el equipo rojillo. El grupo Osasuna Memoria busca desde hace tiempo que el club mire a su pasado, que sea sensible con aquellas personas que impulsaron la vida del equipo, que aparecen en los despachos y en el campo en la aventura que tuvo a Osasuna como uno de los fundadores de la Liga en Segunda, que en 1935 llevó al equipo a Primera y que un mes antes de la guerra jugó la semifinal de Copa ante el Barcelona.
En ese caminar, en el que Osasuna Memoria reclama un saque de honor en El Sadar como tributo a toda aquella gente rojilla perseguida, encarcelada y asesinada, se han ido uniendo historias. Familiares que no sabían nada unos de otros se han juntado, han unido recuerdos, sonrisas y dolor. Han ido encajando piezas. En Pamplona, en París, en Santiago de Chile, en Buenos Aires.
Y en ese rompecabezas que poco a poco ha ido tomando forma, de repente, aparece el Real Madrid.
Intento de venta al Madrid
Hoy suena casi estridente que Osasuna y Real Madrid vayan de la mano. Más aún cuando el trasfondo es político. Pero en esta historia el trabajo de Osasuna Memoria ha unido a las dos entidades.
En esa conexión vuelve a aparecer Benito Santesteban. Ahora no de manera directa, pero sí por su relación con Antonio Lizarza . No es un nombre más entre los presidentes de Osasuna. Lo fue en dos etapas. Su nombre aún resuena en los muros y las cunetas de Navarra.
Antonio Lizarza (1891-1974) marchó a Estoril el 17 de julio de 1936 con el objetivo de llevar a Pamplona al general Sanjurjo. Denunciado su viaje, fue detenido en el aeródromo de Gamonal, en Burgos, ese mismo día, donde le esperaba personalmente el director general de Seguridad, que lo ingresó en la Cárcel Modelo de Madrid. Pasó una auténtica odisea en la zona republicana, de la que consiguió salir el 22 de enero de 1938 para incorporarse de inmediato al bando sublevado.
Designado delegado nacional d e Reclutamiento de Requetés, trabajó incansablemente para reorganizar los Tercios de Requetés, auténticas fuerzas de choque del Ejército nacional. Una figura esencial para entender qué sucedió en Navarra durante la guerra y también después. Lizarza, que en marzo de 1934 viajó a Roma para entrevistarse con Mussolini y buscar apoyo económico y armamentístico, mantuvo además contactos con los nazis desplegados en España durante la II Guerra Mundial a pesar de su carlismo.
Su gestión al frente de Osasuna encierra un intento de venta del club. Mejor dicho, dos. Agobiado por las deudas, Lizarza planteó la venta de la entidad a los dos grandes equipos de la capital: el Atlético Aviación y el Real Madrid . Ninguna de las dos operaciones llegó a fructificar.
La figura de Lizarza aparece al fondo del vínculo que se ha establecido, a través de Osasuna Memoria, entre los familiares de osasunistas represaliados y los de dos presidentes del Real Madrid que buscan que el club blanco los reconozca. Son Carles Vallejo, hijo de Juan José Vallejo, y Gabriela Echeverría, bisnieta del coronel Antonio Ortega.
“Mi padre se implicó mucho en el deporte durante la República. Cuando se produce el golpe fascista, el Madrid es incautado y se le nombra presidente por su vinculación con la Unión Cultural Deportiva Obrera. Fue una etapa bastante breve, porque era joven y lo que él quería era ir al frente. De hecho, participó en la creación del Quinto Regimiento, las milicias más potentes de Madrid. Estuvo casi ocho meses en la dirección del Madrid Football Club. Pero fueron los meses en los que se dio un giro al club”, explica Carles.
Bajo la presidencia de Vallejo, el Madrid fue más que un club de fútbol. “Se puso al servicio de la guerra. El estadio se utilizó para que pudieran entrenarse las milicias y, al mismo tiempo, se organizaban partidos para crear conciencia en torno a la defensa de Madrid. Con ello se iniciaron una serie de actividades deportivas, pero siempre teniendo presente que estaban inmersos en la defensa de Madrid y en una situación de guerra.
Incluso fue vicepresidente de la Federación Española de Fútbol e intentaron montar una nueva Liga, al menos en las zonas que permanecían bajo control de la República. Hubo movimientos para que existieran competiciones entre los clubes de los territorios que todavía seguían siendo republicanos”.
Además, fue una figura importante en la organización de la frustrada Olimpiada Popular de Barcelona. Programada entre el 19 y el 26 de julio de 1936, se suspendió a causa de la rebelión militar contra la República.
A Vallejo, que falleció en Barcelona en 1978, le sucedió al frente del Madrid el comandante Ortega, otro militar republicano. Había participado en la defensa de Irún, estaba integrado en el Ejército de Euskadi y fue herido, motivo por el que se trasladó a Madrid. Fue denunciado por los casadistas, los republicanos que rindieron Madrid a Franco. Fue capturado en Alicante y fusilado el 15 de julio de 1939.
Carles, luchador sindical durante el franquismo, pelea desde hace tiempo, como los familiares de Ortega, para que el Madrid reconozca la presidencia de ambos. Como sí lo hace con Rafael Sánchez Guerra, el republicano declarado que presidía el club en julio de 1936.
Nadie del Real Madrid se ha puesto contacto con nosotros, quizá algún día...
“La familia de mi padre nunca dio trascendencia a que fuera presidente del Madrid. Es algo que descubrimos después de que muriera. Del Real Madrid nadie nos ha contactado. En 2002, el año del Centenario, estuvieron los dos en la página web del club como presidentes del Madrid. Después los borraron . Al parecer, el argumento es que no fueron elegidos de manera democrática. ¿Lo fue Bernabéu? Es una hipocresía. Era una guerra y los nombró el Gobierno. ¿Qué elecciones hubo en el club durante el franquismo? Quizá algún día los reconozcan. No es por mí ni por Gabriela, es por la imagen y la historia del Madrid. Nos han contactado peñas y aficionados. Con mucho cariño. Pero desde el club, nada. Se les olvida que el morado del escudo es por al República”, explica Carles.
Es una reclamación que comparten los familiares de osasunistas de aquella época con los que MARCA charla. Maite es nieta de Ramón Bengaray , cuyos restos aparecieron hace un año. Su relación con Osasuna fue muy intensa. Como con la vida cultural de la ciudad. Era barítono, directivo del club y confeccionaba los carteles para anunciar los partidos. Líder del Frente Popular, fue asesinado a tiros en Muniáin de Guesálaz cuando trataba de pasar a Francia.
Marisa vive en Santiago de Chile. Es nieta de Enrique Cayuela, hermano de Natalio, que fue tercer presidente de Osasuna y asesinado en la masacre de Valcaldera de agosto de 1936. Enrique perdió allí a otro de sus hermanos, Santiago. Marisa cuenta cómo se salvó él:
Fue muy emocionante visitar el reloj en el que se escondió mi abuelo
“Escondiéndose en el antiguo reloj de la estación de autobuses de Pamplona. Tuvimos la suerte, gracias al grupo Osasuna Memoria, de poder entrar en el reloj y reconstruir la historia de Natalio, de Santiago y de Enrique. También la de nuestra abuela y la de mi madre, que había nacido en Pamplona y que acabó marchándose al exilio con toda la familia a Chile”.
Las historias de Natalio Cayuela y Ramón Bengaray van de la mano de las de Fortunato Aguirre ( vocal fundador de Osasuna, fusilado en las tapias de Tajonar), Eladio Zilbeti (secretario, creador del nombre del club, fusilado en enero de 1937), Enrique Astiz (directivo, asesinado poco después de la sublevación), Florencio Alfaro (vicepresidente; no se sabe qué fue de él, aunque se apunta a que fue arrojado al mar en Zurriola), Filomeno Urdíroz (portero del equipo, fusilado) o Alberto Lorenzo (directivo fundador, fusilado el 5 de agosto de 1936)...
Sus familiares buscan un gesto. Nada más. Una pequeña victoria. Como la de Txomin cuando vio escapar a Santesteban. “¡Vaya susto se llevó!”.



