El "no soy cabezón" de Mourinho pone en un serio aprieto a Vinicius
La mejora del equipo con Diomande ya no es algo eventual, es la realidad del Madrid

J osé Mourinh o ha movido piezas. "No soy un entrenador cabezón", asegura en las ruedas de prensa para explicar el cambio de camino emprendido desde que la Roma hizo el tercer gol en el Olímpico.
El entrenador del Madrid ha sometido su plan inicial a un paso por el quirófano que le ha cambiado el aspecto de manera radical. Son seis victorias seguidas las que encadena el Madrid, algo que en la élite solo mejora el PSG: nueve antes de medirse mañana al Villarreal. Cauto, Mourinho no dispara el termómetro del optimismo: "Cuando se gana, todo parece mejor de lo que en realidad es".
Mourinho ha tomado decisiones importantes. La principal, la de colocar a Fede Valverde en el lateral derecho en sacrificio de los especialistas que tiene en la plantilla: Dumfries y Trent. "No me gusta, me duele. Pero priorizo al equipo", asegura el portugués, que en Santander elogió el partido del defensa inglés.
Esa apuesta tiene un contenido puramente táctico. Pero tiene otra vertiente: la del peso del entrenador en el vestuario y el mando que ejerce. Lo que la temporada pasada fue una rebelión de Valverde con su "no he nacido para jugar de lateral", cuando Xabi recurrió a él ante las bajas de Carvajal y Trent, ahora es una puesta a disposición del uruguayo hacia su entrenador: "Estoy para jugar donde el míster me lo pida".
Del viento de cola que le sopla ahora al Madrid tiene buena parte de culpa que Mourinho haya deshecho el doble pivote de cemento formado por Valverde y Tchouaméni y haya encontrado la fórmula para que sean la calidad de Güler y Bernardo las que alimenten a sus delanteros.
Toda esta mejora colectiva tiene otro elemento clave, uno que genera un interrogante. La entrada de Diomande en el equipo le da al Madrid un aspecto más colectivo. Con tanto desequilibrio como Vinicius y con más gol que el brasileño: cuatro tantos del costamarfileño por uno del brasileño. Además, el Cucurella de verdad ha llegado con Diomande por delante.
En Atenas, Vinicius volverá a jugara. Ahora cada aprición suya va de la mano de una exigencia disparada. Se tiene que volver a ganar el sitio, demostrar que puede ser titular, que su brillo individual no resta a un equipo que ha puesto su motor en marcha y no para de ganar. Es una situación nueva para el 7 del Madrid. Su entrenador le manda mensajes de apoyo, pero es una evidencia que Diomande hoy es el dueño de la banda izquierda. Le toca a Vinicius reaccionar para cambiar una situación en la que ha dejado de tener cartas ganadoras.
A esos pasos, Mourinho añade tener de nuevo en la rueda de actividad a Camavinga y Endrick, dos jugadores que parecían perdidos. En Atenas se vislumbra una gran rotación. "Hay empatía entre el entrenador y los jugadores. Nos entendemos en cosas que al principio no", asegura Mou. Como contó la SER, en el vestuario del Camp Nou fue manteado por sus jugadores. Los resultados hablan.






