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García de la Puerta, el genio que colaba a Gila en Chamartín

El catalán, díscolo e imprevisible, marcó el gol del Madrid en la primera visita del Alavés a la Casa Blanca

Miguel Ángel Lara Adan964 palabras

E l 4 de enero de 1931, el Alavés visitó por primera vez al Real Madrid en un partido de Liga. Si ese domingo, de viento helador y niebla, estaba Miguel Gila Cuesta no es algo que se sepa. Pero es muy posible que el futuro genio del humor español acabara entrando en Chamartín para ver ganar al Madrid gracias a un solitario gol. Lo marcó Mariano García de la Puerta muy cerca del descanso.

Era entonces Gila un niño de 11 años para el que el fútbol era una pasión y las calles de Madrid tenían pocos secretos. Uno de ellos, cómo entrar al estadio del Madrid.

“Con Mariano García de la Puerta no era necesario esperar a que el balón saliera del campo para entrar. Cuando él jugaba los chicos nos colocábamos a la entrada y cuando llegaba, le gritábamos vivas. Decía: ‘Si no entran los chavales no juego’. Así de sencillo. Y por más que le rogaran los directivos del club, o entrábamos los chicos o no jugaba”, contaba Gila de un jugador que le marcó de por vida.

El nombre de García de la Puerta no está grabado en letras de oro en la historia del Madrid. De blanco jugó una sola temporada, en la que no ganó nada y marcó seis goles en una docena de partidos. Era un delantero elegante, de gran precisión en el remate, pero para quien el sudor y el esfuerzo sí que eran negociables.

A pesar de no calar en la afición blanca, para Gila, que jugó, vio y contó mucho fútbol, el barcelonés era único: “ García de la Puerta ha sido, sin lugar a dudas, aunque olvidado, el mejor delantero de la historia del fútbol español. Hacía cosas que ningún jugador sería capaz de hacer en la actualidad. Si faltaban veinte minutos para terminar el partido y su equipo iba perdiendo por dos goles a cero, García de la Puerta hablaba con sus directivos y decía: ‘Si me dan treinta duros, meto tres goles’. Y los metía…”.

No hablaba el humorista de oídas, porque con el genio catalán compartió Gila más cosas que aplausos y vítores de aficionado. “Era un ídolo porque no sólo era un fenómeno con el balón en los pies. También era uno de los mejores saltadores de trampolín de la época . Él me enseñó, en la piscina Tritón, todos esos saltos que años más tarde me permitieron ganar el campeonato de saltos de Castilla en la piscina Samoa de Valladolid, dos años consecutivos”, explicaba en vida un Gila que siempre llevó al Madrid en el corazón..

Mariano García de la Puerta , como cuenta José Ignacio Corcuera en Cuadernos de Fútbol , murió olvidado y casi en la indigencia. Detenido dos veces en el Madrid republicano, puede que ese fuese su pasaporte a la vida cuando callaron las armas.

Apodado Maravilla por su manera genial de jugar al fútbol, el barcelonés pertenece a esa clase de futbolistas indomables. Dejaba detalles únicos, asombrosos, pero eran más sus espantadas y desapariciones.

En su carrera vistió las camisetas de Murcia, Madrid, Betis, Nacional Cantabria, Ferroviaria y Mallorca. Y también la del Barcelona. Con el equipo de su ciudad natal jugó en dos amistosos en mayo de 1934, ante los austriacos del Wiener. Se trató solo de un refuerzo para completar el equipo.

Por cada lugar que pasó, Maravilla dejó muestras de sus habilidades sobre un terreno de juego. Pero también un sinfín de actos de indisciplina y de anécdotas. Quizá fue el Betis el equipo que más lo disfrutó. Y allí dejó una historia que corrió de boca en boca, de taberna en taberna.

El cerdo volador en el tren

Después de un partido en la capital ante el Athletic madrileño , García de la Puerta llegó por los pelos a coger el tren de vuelta a Sevilla . Para perplejidad de compañeros, entrenador y directivos, se presentó con una bolsa en la que llevaba un cochinillo de unos veinte kilos. Lo metió debajo del asiento, pero uno de sus compañeros, Francisco González, Paquirri , lo liberó. Y se montó la mundial.

Gritos, risas, escándalo . Tuvo que intervenir el revisor y su equipo para casos de emergencia. O’Connell, entrenador del Betis, y los directivos verdiblancos trataron de dar explicaciones hasta que Mariano recuperó a su animal tras varios intentos.

El revisor le dijo que le iba a multar y que debía entregar el cerdo de manera inmediata. El bético respondió que de eso nada, que el cochinillo era suyo y que era carne de las tapas de un bautizo que iba a organizar en la Puerta del Arenal.

Ninguno cedía, pero en un abrir y cerrar de ojos, García de la Puerta abrió una ventanilla y arrojó al animal al grito de “¡En Sevilla te espero!” . Todos los que vieron la escena no daban crédito a lo que acababan de ver.

Con el Madrid, olvidado y Cruyff

Maravilla jugó 27 partidos con la camiseta del Madrid, 16 de ellos oficiales. En ellos marcó 10 goles. El último lo firmó el 31 de mayo de 1931, al Betis. Eran los cuartos de final de la Copa y ese 1-0 no pudo con el 3-0 en Sevilla.

Hay quien sitúa la muerte de García de la Puerta en el 17 de junio de 1983, en Colmenar Viejo . Hay rastros suyos en una residencia de ancianos de esa localidad madrileña a mediados de 1970. No está claro que allí le llegara la muerte. Lo que sí lo está es que después de ser una estrella del fútbol acabó en una pobreza casi absoluta. Y olvidado. No hay referencias a la desaparición de un anciano que veía jugar a Cruyff y no creía que fuese mejor de lo que él fue.

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