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Mou ya ve lo que quería ver

La contracrónica del Schalke - Real Madrid de pretemporada

Sergio Rodriguez671 palabras

Vaya si Mourinho tenía razón. Faltaban "los buenos" y acabaron aterrizando en Gelsenkirchen. Con diez cañones por banda se plantó el Madrid ante el Schalke , y bastaron los 45 primeros minutos para entender por qué dijo el luso, tras el partido ante la Fiore, que aún no había sentido nada. Y eso que se presentó con un ojo amoratado, aunque por fin vio con claridad lo que tanto ansiaba ver. Mordió como quiso Mbappé , que ha vuelto fino desafiando el tópico. Güler hizo de Özil y Huijsen de Sergio Ramos para recordarnos que el mourinhismo vive una segunda era en Chamartín. Y redondeó la fiesta Carlos Espí , que ha caído de pie en este equipo. Ahora empieza lo bueno.

Tranquilo, Kylian, era solo un amistoso

En los albores del partido quedó claro que eso del concepto de amistoso no iba con Kylian Mbappé. Antes de que el reloj marcase el minuto 12 ya había embocado una y dejado haciendo aguas a la defensa germana, y no parece casualidad que su presencia coincidiera con los mejores 45 minutos del conjunto de Mou en toda la pretemporada. Tanto incomoda el francés que hasta se las tuvo tiesas con Katic, en una acción que el galo acabó resolviendo con un empujón que más tarde se arregló en el camino a vestuarios.

Más allá de la anécdota, si Kylian aspira a ganarse el cartel de leyenda en el Madrid, buena parte de esa conquista se jugará de aquí a junio. Y lo cierto es que tiene casi todo a favor, porque el club lo ha rodeado de grandes socios, el mejor de todos, el propio Mou. Prueba de esa sintonía es que incluso le vimos ensayar ante el Schalke aquellas presiones en campo contrario que convirtieron a Dembélé en una ametralladora y lo escoltaron en su camino hacia el Balón de Oro. A la tercera debe ir la vencida.

Era tarde de estrenos, de caras por descubrir, y así lo entendió Mou en el once, atreviéndose a alinear a Konaté. Acertó de pleno, porque el galo dejó una carta de presentación de las que tranquilizan, amparado en un físico colosal que no invita ni a saltarle ni a rodearle. Más se hicieron de rogar, en cambio, los estrenos de Cucurella y Diomande, que llegaron en la segunda parte. Y al primero el recibimiento no pudo ser más hostil. Nada más pisar el verde recordó que en Alemania es persona non grata desde aquella mano ante la selección local en la Eurocopa de 2024, y el estadio entero lo recibió con sonido de viento. Será el único lugar del mundo donde no quieren al bueno de 'Cucu'. Mourinho también quiso terminar la pretemporada con el regalo del debut para Illia Voloshyn, un pequeño gigante de 2,02 metros que terminó en portería.

Otra grada, otra pitada para Vini

Si en algo comulgaron los 60.000 espectadores del Veltins-Arena fue en el trato dispensado a Vinicius. Fue otra tarde difícil de digerir para el brasileño, con la grada silbando cada uno de sus contactos con el balón. Y adivinen qué. Igual que le ocurrió hace unos días en Riazor, Vinicius jamás había pisado Gelsenkirchen. Lejos de amilanarse, tampoco se quedó de brazos cruzados, como de costumbre. En una de esas jugadas terminó correspondiendo al cariño con un beso lanzado a los aficionados germanos. Vamos ya camino de la sexta temporada de esta serie, y todo apunta a que le quedan temporadas por rodar.

Pero el Veltins es reino de otro 7

Y es que la grada del Veltins-Arena, en el fondo, es más de otro 7. Ese no es otro que Raúl González Blanco, o como por estos lares lo veneran, Señor Raúl. Fueron apenas dos años vistiendo la casaca minera, pero qué dos años, porque conquistó una Copa de Alemania, una Supercopa y alcanzó unas semifinales de Champions tras eliminar al vigente campeón. No es capricho del azar, por tanto, que los aledaños del estadio amanecieran inundados de camisetas con su nombre a la espalda.

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