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Pintinho y el único 0-0 entre Sevilla y Madrid en el Sánchez-Pizjuán

El genial y polémico brasileño se estrenó ante el Madrid en la única ocasión en la que un duelo liguero en Nervión acabó sin goles entre sevillistas y merengues

Miguel Ángel Lara Adan711 palabras

La historia de los partidos ligueros entre el Sevilla y el Madrid en la casa de los andaluces se remonta al 31 de marzo de 1935. Aquel día, el triunfo cayó del lado madridista: 1-3. Hoy la cuenta de sus enfrentamientos en Nervión se sitúa en 82. De ellos, solo hubo uno en el que no hubo goles. Ese 0-0 excepcional se dio el 4 de octubre de 1981.En aquellos años, al entrar octubre la Liga no había hecho más que empezar. Era la tercera jornada. El Madrid se presentaba en el Sánchez-Pizjuán tras arrancar perdiendo en Atotxa (3-1) y ganar el derbi en casa (2-1). El Sevilla sumaba dos derrotas: 2-3 ante Osasuna y 2-1 en San Mamés.

El partido fue soso y lo más picante fueron un par de enganchones que hicieron que el árbitro, el canario Merino González, tuviera que “salir deprisita”, según se leía en la crónica de MARCA. El 0-0 se pudo romper al final. Buyo, portero del Sevilla, regaló una pelota a Isidro. El madridista, sorprendido por tamaña ofrenda, remató de mala manera para que el meta gallego arreglara su pifia.

El partido fue entre malo y muy malo para casi todo el mundo. Sin embargo, Vujadin Boskov, entrenador del Madrid, no lo vio así. “Ha sido un partido de calidad”, aseguraba. Al ser cuestionado por ese análisis, Miguel Muñoz echo mano de su retranca madrileña: “Si lo dice un extranjero, ¿qué vamos a decir nosotros?Ellos saben mucho de esto y no hay nada que objetar”.

Ese único 0-0 llegó en lo que fue el estreno ante el Madrid de un jugador que necesitó poco tiempo para hacerse un nombre en el fútbol español: Carlos Alberto Gómez Montero, para todos Pintinho.

Había llegado a Sevilla como fichaje invernal la temporada anterior, tras una negociación cargada de dificultades. A principios de diciembre, cuando todo parecía cerrado entre Sevilla y Vasco de Gama para el traspaso, el jugador sorprendió a todos: “No, no puedo viajar. Mi abuela sufriría mucho en España, sintiéndose en un país extraño, sin amigos que la visiten”, adujo.

Después de muchos vaivenes y viajes a Brasil de Ángel Castillo, secretario técnico del Sevilla, a finales de enero se cerró el traspaso. El precio: 28 millones de pesetas, y tres para el jugador.

“Soy más técnico que Dirceu”, aseguraba Pintinho al llegar, comparándose con uno de los grandes centrocampistas de su país y que jugaba en el Atlético de Madrid. Más allá de las virtudes con las que se presentaba, una de las primeras cosas que se quiso saber del brasileño fue qué era eso de Pintinho.

Se lo explicó a Martín Benito , histórico periodista de MARCA: “Me lo puso mi abuelo. Significa pollito porque yo de pequeño era muy delgadito”.

En esa entrevista, a las puertas de su debut —victoria en casa por 2-0 ante el Athletic—, se declaraba fan de Zico ( “el mejor jugador que tenemos en Brasil”) y no dudaba de que la mejor selección del mundo era la de su país.

Arrancaba una historia que no fue larga —hasta 1984—, pero sí muy intensa. Y en la que no perdió en casa las tres veces que se midió al Madrid: 0-0, 2-2 y 4-1. En el Bernabéu fue otro cantar: 2-1 y 1-0.

Con un talento enorme y tardes de gloria, como la remontada ante el Aris en la segunda ronda de la UEFA de la 82-83, Pintinho acumuló multas y desencuentros con su entrenador, Manolo Cardo.

En julio de 1982 fue sancionado con 100.000 pesetas por no aparecer en la presentación. Estaba en Ibiza. Un año antes llamó desde Brasil para avisar de que le habían robado el pasaporte y no podía volver.

La última vez que el díscolo Pintinho jugó con el Sevilla fue el 12 de febrero de 1984. Después de una dura derrota en San Mamés (5-0) se sintió señalado por el club, el entrenador y sus compañeros.

Después de un breve paso por su país, regresó a España. Al Cádiz, que con su fichaje ganó 2.500 socios y soñaba con llegar a Europa. Se salvó por los pelos y Pintinho solo jugó once partidos.

El 30 de junio de 1986 se retiraba . “Estoy harto”. Pero fichó por el Farense. Duró dos partidos.

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