Así se salvó la SD Logroñés del infierno, con pádel y una charla clave, tras 17 jornadas sin ganar: “Disociamos al equipo de la realidad”
El técnico, Albert Aguilà, volvió en febrero con el equipo bloqueado y cambió la dinámica hasta sellar una permanencia que parecía imposible

La Sociedad Deportiva Logroñés ha salvado una temporada de las que no se olvidan. Una de esas que aprietan el vestuario, llenan de dudas cada entrenamiento y convierten cada jornada en una cuesta más empinada que la anterior. El equipo llegó a encadenar 17 partidos sin ganar y el regreso de Albert Aguilá al banquillo, en febrero, terminó por darle al conjunto riojano el giro que necesitaba para salir del pozo y abrochar la permanencia en Segunda RFEF a través del playout.
“En los siete primeros partidos sólo pudimos empatar uno. Llevábamos ya 17 sin ganar”, recuerda en MARCA el técnico , todavía con el alivio reciente en el cuerpo. El problema no estaba sólo en la pizarra. Venía de más atrás y pesaba en la cabeza. “Había gente que empezaba a bajar la cabeza, que le podía la ansiedad, gente bloqueada”, admite Aguilá, que entendió pronto que no bastaba con tocar piezas o cambiar dibujos.
El entrenador puso el foco en el vestuario . “Insistimos sobre todo en que el grupo estuviera unido”, explica, con los capitanes y los veteranos como puntos de apoyo en semanas muy delicadas. La dinámica había metido al equipo en una espiral peligrosa. “Salían al campo pensando que algo iba a ir mal”, desliza. Y ahí empezó otro partido, el mental, el que no aparece en las estadísticas pero decide mucho en el barro.
El golpe más fuerte llegó cuando ya casi no quedaba margen . “A falta de tres partidos yo creo que tocamos fondo. Ya estábamos en la última bala”, reconoce Aguilá. Entonces rompió la rutina y trató de sacar al grupo del ruido, del miedo y de la clasificación. “Decidimos disociar al grupo de la realidad y del resultado. Veíamos que pensando sólo en eso no nos estaba yendo bien”. Tocó abrir ventanas para que entrara aire.
Aparecieron entonces dinámicas poco habituales en plena pelea por la permanencia. Pádel los viernes, comidas de equipo, tortillas compartidas entre semana y charlas para bajar pulsaciones. “Nos fuimos a jugar al pádel tres viernes seguidos”, cuenta el entrenador. También intervino el presidente y se multiplicaron los mensajes para liberar a los jugadores del bloqueo emocional. “Fue clave que al equipo no le llegara más ansiedad. Separarse del problema y verlo con distancia ayudó muchísimo”, resume.
La tecla empezó a sonar. “Si piensas en positivo tendrás emociones positivas y acabarás actuando mejor”, repitió Aguilá durante semanas. Y la respuesta llegó en el momento justo: un 1-0 agónico ante el Deportivo Aragón, en el descuento, que cambió el aire de golpe. “Ese fue el punto de inflexión. Le demostró al equipo que éramos capaces”, asegura. Desde ahí, la SD Logroñés dejó de sentirse desahuciada y volvió a competir con otra cara. “El equipo se veía capaz. Si la Liga dura diez partidos más, seguro que lo hubiéramos hecho muy bien”, afirma.
Las Gaunas recuperó el pulso
La permanencia acabó llegando después de una remontada emocional levantada desde dentro y sostenida por un vestuario que, según Aguilá, nunca se partió. “Esa ha sido una de las claves. Que el grupo siguiera creyendo”, insiste el técnico, que también reivindica ese fútbol de barro en el que pesa tanto la cabeza como las piernas. “La Segunda RFEF está mucho más cerca de lo emocional”, explica . En Logroño, además, todo se vive con una intensidad especial: Las Gaunas pasó del sueño del ascenso al miedo al descenso en apenas 24 horas. “Se genera un ambiente que recuerda aquellos años de Primera y Segunda”, dice Aguilá sobre el fútbol riojano.
Su futuro todavía está en el aire. “Firmamos para estos diez o doce partidos y hablaremos en los próximos días”, comenta. Lo que ya queda es el rescate: un equipo roto por 17 jornadas sin ganar, un vestuario que no se soltó de la cuerda y un entrenador que volvió en febrero para terminar celebrando una permanencia que durante meses pareció escaparse de Las Gaunas.


