Blazevic, el padre de la gran Croacia
El seleccionador que la llevó a ser tercera en el Mundial de Francia fue mucho más que un entrenador de fútbol

C roacia es un país joven y pequeño . El 25 de junio de 1991 proclamó su independencia y en enero de 1992 fue reconocida internacionalmente. Su población no llega a los cuatro millones de habitantes. Y, sin embargo, es una potencia mundial en muchos deportes. En fútbol también. Acabar entre las tres primeras del Mundial en dos ediciones seguidas (2018 y 2022) es algo que, por ejemplo, España o Inglaterra no han logrado.
El fútbol croata, cuya selección tiene partidos en los años 40, cuando fue independiente alineada con Alemania e Italia, tiene un antes y un después del Mundial de 1998. En Francia fueron terceros y en la semifinal llevaron al límite a los anfitriones, salvados por dos goles de un defensa: Thuram.
Aquella era la Croacia de Miroslav Blazevic (1935-2023).
Nació en Travnik (actua Bosnia) el 9 de febrero de 1935. Durante toda su vida recibió felicitaciones por partida doble. Año tras año, el 9 y el 10 de febrero sonaba el teléfono. “Mis padres se lo tomaron con calma y registraron el nacimiento al día siguiente. Así quedó en todos los documentos. Pero mi cumpleaños es el 9”, contaba entre risas una batalla que asumió perdida hace mucho tiempo.
Tampoco le hacía ninguna gracia que le llamasen Ciro , aunque también acabó rindiéndose. El apodo nació en la infancia, cuando se encaprichó de un muñeco de ventrílocuo que llevaba ese nombre. No le gustaba. A su madre, menos todavía.
Las plegarias maternas a Petar Barbaric, patrón de Travnik, la ciudad en la que vivían, parecieron ser escuchadas. El niño tenía un talento especial para el fútbol y el Dinamo de Zagreb se lo llevó. Allí no era Ciro. Era Blaze. Hasta que regresó un día a jugar a Travnik. Era el chico al que, por lo bueno que era, se le habían falsificado documentos para que jugara en categorías por encima de su edad en el Travnik Bratstvo. Desde la grada alguien lo reconoció y comenzaron los gritos: “ ¡Ciro, Ciro!” . Ya no hubo forma de escapar de aquel nombre.
Una enfermedad truncó una carrera como jugador que repartió entre el Dinamo y el Rijeka. Obligado a abandonar el fútbol desde dentro del campo, encontró otro camino en la Escuela Superior de Entrenadores. En 1982 condujo al Dinamo de Zagreb hasta el título de la liga yugoslava, algo que no ocurría desde 1958. Un año después lo hizo campeón de la Copa Mariscal Tito.
Aquella fue la última de las ocho copas conquistadas por el Dinamo antes de la desintegración de Yugoslavia. Entrenó en Suiza, al frente del Grasshopper; en Kosovo, con el Pristina; regresó al Dinamo y después emprendió nuevas aventuras en Francia, con el Nantes, y en Grecia, con el PAOK. Entonces estalló la guerra en los Balcanes. Una carnicería azotó a su tierra.
Blazevic era un nacionalista croata convencido. Hombre de sólida formación intelectual, tenía entre sus autores de referencia a Montesquieu y Nietzsche. Su cercanía con Franjo Tudjman iba más allá de la política. Compartían las ideas que llevaron al futuro primer presidente de l a Croacia independiente a la cárcel en 1972, cuando reclamó reformas durante el movimiento que pasó a la historia como la Primavera Croata.
La figura de Blazevic era un referente para el pueblo croata. Se sumó al partido de Tudjman, la Unión Democrática Croata (HDZ), y adquirió una dimensión pública que trascendía el fútbol. Compró el Dinamo de Zagreb, donde ejerció al mismo tiempo como presidente y entrenador de un club que también reflejó los cambios políticos del país. Primero pasó a llamarse HASK Građanski (1991-1993) y después Croatia Zagreb (1994-2000).
En 1994 fue nombrado seleccionador croata. Debutó el 23 de marzo al frente del equipo nacional. “No tenemos miedo a nada”, avisó en la víspera de la visita a Mestalla. Croacia respondió a la altura de las palabras de su técnico y derrotó a España por 0-2, con goles de Prosinecki y Suker.
Fue el primer paso de una selección que estaba llamada a asombrar al mundo y a convertirse en la más exitosa de todas las surgidas de la antigua Yugoslavia. Blazevic llevó a Croacia a la Eurocopa de 1996, donde cayó en cuartos de final ante Alemania, que acabaría conquistando el título.
Dos años después elevó al fútbol croata a los altares mundiales con el tercer puesto conquistado en Francia.
En 2000 dejó el cargó . Se marchó a Irán para emprender una larga aventura que lo condujo a China, a ser seleccionador bosnio y a dirigir en 2015 al Zadar, su último equipo.
Blazevic era croata en cada poro de su piel. Pero también hombre de mundo. En las elecciones europeas de 2019 alteró a los sectores más radicales de la derecha croata. Indignado por el trato y los insultos a Milorad Pupovac, líder de los serbios de Croacia, decidió apoyar a su partido, el SDSS, cuyo slogan era ¿Sabes cómo es ser serbio en Croacia? “Todas las personas son iguales”, proclamó Blazevic.
El 8 de febrero de 2023 falleció Miroslav Blazevic . Un día antes de cumplir los 88 años. Aunque mucha gente le habría llamado el 10 para felicitarlo.



