Ir al contenido
jomperrAgregador de noticias deportivas
← Fútbol · Selección

¿Puede un eclipse emocionarnos como ganar un Mundial?

“Ni el gol de Ferran Torres, tú”, alguna de las frases escuchadas tras el fenómeno del 12 de agosto

Ruben Moya938 palabras

Hay emociones que no necesitan explicación para un lector de MARCA. Un gol en el último minuto de una final, el pitido que confirma que somos campeones del mundo, abrazar a alguien que apenas conocemos en una plaza o saltar junto a miles de personas que, durante unos segundos, sienten exactamente lo mismo que nosotros.

El deporte tiene esa extraordinaria capacidad: sincronizar emocionalmente a una sociedad. España volvió a experimentarlo este verano con el Mundial . Durante unos minutos millones de personas miramos hacia el mismo lugar, esperamos lo mismo y terminamos gritando lo mismo.

Veinticuatro días después ocurrió algo sorprendentemente parecido . Esta vez no había balón. Ni marcador. Ni dos selecciones enfrentándose.

Solo había que mirar al cielo

El 12 de agosto, millones de personas detuvieron durante unos minutos su vida cotidiana para contemplar el eclipse de Sol . En calles, plazas, playas, montañas y miradores volvieron a aparecer los gritos, los aplausos, los abrazos, las lágrimas y ese extraño sentimiento de pertenecer durante unos instantes a algo mucho mayor que nosotros mismos.

Incluso a bordo del vuelo desde el que observamos la totalidad a unos 11.000 metros de altitud alguien terminó resumiéndolo de una manera que después recogió EL MUNDO: “Ni el gol de Ferran Torres, tú” . La frase puede parecer una ocurrencia. Pero nosotros habíamos decidido convertir precisamente esa comparación en una pregunta científica.

El fútbol como unidad de medida de la emoción

Durante el eclipse desarrollamos CORONA (Comportamiento y Respuesta Observados en Navegación Aérea) , un estudio diseñado para analizar qué ocurre emocional, perceptiva y socialmente cuando una persona vive un fenómeno natural extraordinario.

Participaron observadores desde tierra y pasajeros del vuelo de la totalidad. Recogimos miles de registros antes, durante, inmediatamente después y en las horas posteriores al eclipse. Y formulamos deliberadamente una pregunta muy poco habitual en una investigación sobre eclipses: ¿Con qué compararías emocionalmente lo que acabas de vivir?

Entre las referencias estaban ganar un Mundial de fútbol, asistir al gran concierto de tu grupo favorito o contemplar un paisaje natural extraordinario . La respuesta mayoritaria fue precisamente esta última. Tiene sentido: ante un fenómeno natural buscamos otra experiencia de la naturaleza para intentar explicarlo. Pero ocurrió algo más.

Un grupo de participantes respondió que lo vivido había sido todavía más intenso que la referencia con la que intentaban compararlo . Y otros situaron espontáneamente el eclipse en el territorio emocional de un Mundial o de un gran concierto.

Los datos generales de CORONA apuntan, además, a cambios observables en la activación emocional. La palabra dominante evolucionó de “ilusión” a “euforia” cuando llegó la totalidad , y la intensidad emocional declarada alcanzó valores muy elevados. El proyecto reúne 2.290 registros emocionales de 923 participantes.

Pero quizá lo más interesante no sea cuánto sintió cada individuo. Sino qué ocurrió cuando todos sintieron juntos.

La ciencia de celebrar juntos

En psicología social hablamos de sincronía emocional y de efervescencia colectiva: ese fenómeno extraordinario por el que nuestra emoción individual se amplifica cuando descubrimos que cientos, miles o millones de personas están experimentando algo simultáneamente .

El deporte lo conoce perfectamente. Es la razón por la que un gol visto solo en casa no siempre se vive igual que ese mismo gol rodeado por cincuenta mil personas . El balón entra exactamente en la misma portería. Lo que cambia son quienes están a nuestro alrededor. Y CORONA apunta a que con un eclipse puede suceder algo parecido .

Muchos participantes manifestaron que compartirlo con otras personas incrementó considerablemente la intensidad de la experiencia. Y cuando les planteamos cómo habría sido vivir exactamente el mismo eclipse completamente solos, predominó la percepción de que la emoción habría sido menor.

Ahí aparece uno de los resultados que más nos interesa seguir investigando: una experiencia natural extrema puede dejar huella no solo en la emoción individual, sino también en la memoria , la conducta colectiva y la construcción compartida de significado.

Después del eclipse aparecen conversaciones, llamadas, fotografías compartidas, búsqueda de información, deseo de volver a vivirlo y relatos que comienzan casi siempre de la misma manera: “ ¿Dónde estabas tú cuando ocurrió? ”. Exactamente igual que hacemos con las grandes noches del deporte.

Quizá por eso aquel “ Ni el gol de Ferran, tú” tiene más profundidad de la que parece. No significa que un eclipse “gane” a un Mundial. Tampoco pretendemos construir una clasificación imposible de emociones. Significa algo mucho más interesante. El deporte no tiene la exclusiva de la emoción colectiva.

Un gol puede hacer que un país entero salte al mismo tiempo. Una canción puede conseguir que un estadio entero cante al unísono. Y ahora sabemos que la naturaleza también puede lograr que millones de personas se detengan, miren hacia el mismo lugar y compartan durante unos instantes una extraordinaria sensación de asombro.

Los psicólogos utilizan una palabra especialmente hermosa para una emoción de este tipo: awe . Asombro, sobrecogimiento ante algo tan inmenso que, durante unos instantes, nuestras preocupaciones cotidianas parecen hacerse pequeñas. El eclipse nos recordó algo que el deporte lleva décadas enseñándonos.

Hay experiencias que emocionan. Y hay experiencias que, cuando las vivimos juntos, emocionan todavía más. CORONA continuará estudiándolo. El 2 de agosto de 2027 tendremos una nueva oportunidad con el próximo eclipse total. Volveremos a preguntarnos qué emociona más: un gol, un concierto o ver desaparecer el Sol.

Quizá estemos haciendo mal la pregunta. Porque lo extraordinario no es decidir cuál gana. Lo extraordinario es descubrir que un gol y la sombra de la Luna pueden conseguir, cada uno a su manera, algo muy difícil: que millones de personas se emocionan juntas exactamente en el mismo instante.

Equipo SOBREVUELO antes de la Conferencia CORONA
Selección de Fútbol de España

Ver fuente original de la noticia