El extraño caso del tercer portero
En 1982, Santamaría arrancón con 22 jugadores y sabiendo que después debería llamar a un tercer portero y cortar a uno de campo

La portería ha sido uno de los focos de atención de la lista de Luis de la Fuente para el Mundial 2026. La elección de Joan García en detrimento de Álex Remiro ha roto el statu quo de una posición estable durante más de dos años, con la excepción del paso por el quirófano de Unai Simón después de ganar la Euro de 2024.
No es la primera vez que la elección de los porteros genera debate, pero ninguna fue tan extraña como la vivida en 1982, en el Mundial de España.
José Emilio Santamaría concentraba en La Molina el 7 de mayo a 22 jugadores, los permitidos por la FIFA: Arconada, Urruticoechea, Camacho, Alexanco, Tendillo, Gordillo, Maceda, Jiménez, Urquiaga, Gallego, Quique, Joaquín, Sánchez, Alonso, Zamora, Saura, Juanito, Uralde, Satrústegui, Santillana, Quini y López Ufarte. Cosas de entonces, la prelista de 40 vio la luz después de la de 22.
La perplejidad se apoderó de todos. Sólo había dos porteros -Arconada y Urruti - cuando el reglamento obligaba a tres. El seleccionador explicaba que había tiempo hasta el 10 de junio para decidir. Eso disparaba la tensión entre los 20 futbolistas de campo, porque sabían que uno se iba a quedar fuera.
El tercer portero salía de la elección entre un veterano -el madridista Miguel Ángel, 34 años- o un joven como el valencianista Sempere (24). El 19 de mayo, la selección se instalaba en El Saler, su cuartel general para la primera fase. Ese mismo día, el Real Madrid cruzaba el Atlántico para jugar una serie de amistosos (Honduras y Venezuela) . En la expedición estaba Miguel Ángel.
A pesar de que el meta gallego estaba a miles de kilómetros, las apuestas daban a Miguel Ángel como ganador. El argumento era común: Santamaría no iba a arriesgar y prefería los valores de un meta experto. A pesar de que Sempere había sido el habitual segundo de Arconada desde septiembre de 1981, sus opciones apenas cotizaban. Se entendía que su momento llegaría. No llegó a debutar jamás con España ni volvió a ser convocado
Y fue Miguel Ángel. El 6 de junio se sumaba a la concentración. “Soy el tercer portero... en llegar. Pero, por mi carácter, no me voy a conformar”, aseguraba un Miguel Ángel que no jugaba un partido oficial desde el 2 de enero (1-1 ante la Real en Chamartín).
Una guerra total con su entrenador, Vujadin Boskov, hizo que antes del Mundial sólo hubiera jugado dos amistosos con el Madrid: ante Argelia, medio tiempo el 1 de mayo en Argel, y el 23 de mayo en Mérida (Venezuela), ante la Universidad de los Andes.
El enfrentamiento con su entrenador fue público y colosal. El cruce de acusaciones con micrófonos por delante fue tremendo. “ Un preparador sin la suficiente clase para estar en el Madri d. Si él opina que yo soy culpable del empate ante la Real o la derrota en Barcelona, yo opino que él es responsable de otras derrotas, como la final de la Copa de Europa”, dijo Miguel Ángel.
El club acabó por multar (50.000 pesetas), expedientar a los dos y apartar del equipo al guardameta durante 45 días . El gallego desapareció del mapa, pero aun así fue a la Copa del Mundo. Boskov fue destituido a finales de marzo.
Con Miguel Ángel en El Saler, llegó la hora del descarte. Le tocó a Quique Ramo s, centrocampista del Atlético de Madrid. Desde la selección se informó de que una lesión estaba tras la decisión.
Al regresar a Madrid, el doctor de su club, Enrique Ibáñez, lo negó: “Quique no ha tenido un tirón, y lo ha demostrado jugando. Ese diagnóstico emitido sobre el jugador no existe, lo que me obliga a pensar que se ha utilizado como asidero para evitar complicaciones a la hora de descartar a uno de los jugadores”.
Le contestó Jorge Guillén , médico de la selección: “El fin podría haber sido el quirófano”. Y le rebatió Ibáñez: “Guillén es mi amigo, pero no comulgo con ruedas de molino”.
“Sólo me queda resignarme. Me tengo que marchar”, explicaba Quique. A la pregunta de si tan grave era la lesión, el rojiblanco apuntó: “Eso lo tiene que decir el médico. Puede que en tres días estuviera bien”.
Regresó a Madrid. Miguel Ángel, a pesar de las dudas de Santamaría , no jugó nada. Y España vivió un Mundial, el suyo, calamitoso . Lo que mal empieza...



