Puskas de Arabia
La gran estrella del Madrid de los años 60 fue seleccionador saudí junto a Rial

La relación entre el fútbol español y el de Arabia Saudí se ha disparado en los últimos años. La potente apuesta saudí para elevar el nivel de su fútbol ha tenido a España como uno de sus principales focos de captación. Entrenadores y jugadores de nuestro país han emigrado a una nación empeñada en que su nombre aparezca como una potencia mundial antes de su Copa del Mundo, la de 2034.
La relación entre el fútbol español y el de Arabia Saudí se ha disparado en los últimos años. No es la primera vez que desde el Gobierno saudí y su casa real se intenta que el fútbol sea la imagen del país con una fórmula que no cambia: dólares sobre la mesa. La primera vez fue en los años setenta. El primer seleccionador europeo que llegó fue el inglés George Skinner, un aventurero que entrenó en Nigeria, Libia, Jordania, Arabia Saudí e Irán. Al segundo llegaron los saudíes tras un viaje a España.
A finales de 1975 llegaron a Madrid emisarios de la familia real saudí, entonces con Jalid bin Abdulaziz en el trono tras el asesinato de su hermano Faisal en marzo de ese año, a manos de su sobrino, Faisal bin Musaid Al Saud.
El reto era convencer a Alfredo Di Stéfano. Pero marcharse a Arabia Saudí no entraba en los planes de La Saeta, que acababa de firmar por el Rayo Vallecano. Dijo que no, pero recomendó a los emisarios saudíes a su compadre Héctor Rial
Rial dio el sí. En su viaje involucró a Ferenc Puskas (que aparecería como seleccionador) y a José Castro Ruibal . Este, un atleta gallego de fondo, actuó como médico, masajista, nutricionista, podólogo... Durante casi un año, l os tres españoles —uno era argentino, de Pergamino; otro, húngaro, de Budapest; y el médico, gallego, de Pontevedra— vivieron una aventura repleta de situaciones que no habrían imaginado.
Habituados a la élite europea, se encontraron con un fútbol en pañales. “Su fútbol es primitivo, pero tienen dinero para promocionarlo y en ocho o diez años podrían alcanzar un buen nivel”, aseguraba Héctor Rial cuando el calor comenzaba a apretar y tuvieron que detenerse.
“Allí solo se puede jugar de noviembre a febrero. Luego se alcanzan los 60 grados y el sol no da tregua”, explicaba a su regreso a Madrid.
En esos meses, los dos entrenadores, héroes del Madrid de las cinco Copas de Europa, afrontaron la Copa del Golfo de 1976, que se disputó en Qatar. Allí se encontraron con otra leyenda: Mario Lobo Zagallo. El brasileño, campeón del mundo como jugador (1958 y 1962) y como entrenador (1970), era el seleccionador de Kuwait.
Tras estrenarse con dos derrotas en la Copa de Palestina , ante Yemen del Sur y Egipto, en Doha Arabia Saudí ganó a Emiratos Árabes Unidos y Omán, fue derrotada por Qatar, Kuwait y Baréin, y acabó goleada por Irak (1-7).
La experiencia y el apagón
Puskas se encontró con "un país extraño, posiblemente el más rico del mundo". Las cosas no les iban mal y los saudíes deseaban que siguieran. Pero la mujer de Rial enfermó y el matrimonio regresó a España . Puskas se quedó solo y cada vez con más añoranza de su familia. En esas, en 1976, su madre murió en Budapest. A pesar de sus ruegos, las autoridades de Riad no actuaron con diligencia y Ferenc no llegó a tiempo. Las relaciones se enturbiaron y se rompió el acuerdo.
De aquella experiencia, Puskas y Rial contaron mil batallas. En 1975, el único parecido a los europeos era el Estadio Nacional. Costó un millón de euros y se le colocó césped artificial. Sin embargo, en la obra no se contempló la iluminación. Así que Puskas y Rial asistieron asombrados a la colocación de dos torres de luz . Pero la idea salió mal. Durante el Torneo de la Amistad, al que se invitó a Turquía, Egipto y las selecciones olímpicas de Italia y Austria , se probó la luz artificial. Riad se quedó a oscuras porque el país carecía de una central eléctrica capaz de soportar esa exigencia.
En su paso por el fútbol saudí, además de intentar desarrollar a los jugadores saudíes, Puskas y Rial crearon una escuela de entrenadores en el país. El plan era formar entrenadores nacionales, porque todos sus colegas eran extranjeros. Para su sorpresa, supieron que por allí andaba un español: un aragonés al que los saudíes habían captado en Austria.



