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La 'retirada' española de México

Una visita no oficial de la selección en 1950 desembocó en un conflcito diplomático y la desaparición de los dos gigantes españoles del fútbol méxicano

Miguel Ángel Lara Adan697 palabras

El martes 30 de mayo de 195 0, la selección española aterrizaba en Barajas después de jugar dos amistosos en México. Era una versión B en la que había varios jugadores que serían mundialistas un mes más tarde en Brasil, pero en la que faltaban los jugadores del Athletic, que el día 28 ganaban la Copa en Madrid 4-1 al Valladolid.

Los periódicos recogían en sus crónicas el extraordinario recibimiento que tuvo el equipo español en suelo azteca, certificado con una recepción tras el segundo partido en el Casino Español de Xochimilco.

Nada más lejos de la realidad. El desenlace de lo sucedido fue la retirada definitiva de los dos equipos de sangre española (Real Club España y Asturias ) de la Liga mexicana.

El primer partido lo ganó España por 3-1 en el estadio Olímpico de Insurgentes, en la capital mexicana. Días más tarde, el 28 de mayo, se disputó el segundo. El clima era tenso. La rivalidad de los equipos mexicanos con los dos potentes clubes de ascendencia española era enorme.

A ese odio a los equipos gachupines se sumaban en esos partidos el sentimiento español de los miles de exiliados españoles acogidos por México tras la Guerra Civil . La llegada de la selección fue acogida con entusiasmo por la colonia española. Reconocían a ídolos como Ramallets o César, a la vez que aprovechaban para mostrar su rechazo al gobierno de Franco. Los exiliados se volcaron con sus jugadores, pero mostraban su rechazo al gobierno fascista de Madrid.

Lo que iba a acabar con una decisión político-deportiva histórica arrancó en el último minuto del segundo partido. El canario Rosendo Hernández superó con un remate raso al meta Córdova. Cuando la pelota iba camino de la red de manera irremediable, sonaron los tres pitidos del árbitro para acabar con el partido ante el asombro general. El colegiado, el internacional Carlos Esteva , salió corriendo del campo dejando a los dos equipos sobre el césped sin saber qué hacer. Desde el palco, como representante de la Federación Mexicana, el general José Manuel Núñez -héroe de la Revolución, salvador económico del Atlante en 1936 y más amigo de las armas que de las palabras- mandó a los mexicanos a la caseta, dejando a los jugadores españoles con la boca abierta.

Camino del vestuario, los jugadores mexicanos recibieron una lluvia de almohadillas desde el sector donde estaba la afición española. Una golpeó a Horacio Casarín, la figura mexicana, que la devolvió a la grada con furia, multiplicando el incidente.

La tensión fue tal que el general Núñez prohibió a todos los miembros del equipo mexicano asistir al convite en la sede del Real España, algo que nunca apareció en la prensa española.

Fin del España y el Asturias

Alfonso de la Serna Gutiérrez , el representante oficioso de España en México, ya que este país nunca reconoció al gobierno de Franco, informó a Madrid de todo lo acontecido. Las presiones sobre los dirigentes del Real España y el Asturias, equipos fundados uno en 1910 y otro en 1914 y con fuertes vínculos con la España de antes de la Guerra Civil, se unieron al rechazo cada vez mayor que estos equipos sufrían en los campos. “Jugaban contra todo cada semana: contra el rival, el árbitro y los aficionados”, rememoraba Pedro Bargay, hijo de uno de los fundadores del Club España, en un reportaje de Once TV México con motivo de los 100 años de la fundación del club.

La sugerencia de De la Serna a la jerarquía histórica de la colonia española hizo que el 20 de julio el España anunciara su abandono del fútbol mexicano. A finales de agosto, después de una asamblea maratoniana, lo comunicaba el Asturias: “Nos retiramos porque hemos sido hostilizados y molestados por una campaña antiespañola”.

Atrás quedaban 18 títulos de Lig a entre el campeonato amateur y el profesional, la defensa de sus camisetas por símbolos del fútbol mexicano como Antonio Carbajal (jugó cinco Mundiales) o José Luis Lamadrid (primer goleador mundialista mexicano en Europa, Suiza 1954) pero iba a seguir una profunda labor social y deportiva que, en el caso del Club España, sigue siendo hoy un ejemplo en todo México.

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