El camina o revienta de Chacarra
El madrileño, con el dedo medio del pie derecho roto, se defiende en el Club de Campo y vuelve a jugar bajo par

Eugenio López Chacarra entró en cuarta posición, a dos golpes del liderato y como referencia nacional, al fin de semana del Open de España. Su tarjeta de 69 golpes cobró más valor por las condiciones físicas en las que está jugando, mermado por una rotura del dedo medio del pie derecho, por el que cojea ostensiblemente en las bajadas del Club de Campo. "Lo siento dormido", reveló.
En un viernes de sol, bullicio tras el madrileño, banderas en bordes de las plataformas para disuadir de los backspins y un rough "como no lo había visto nunca en el Club de Campo", en boca de Kiko Luna, el caddie del amateur Gonzalo Baños, Chacarra no se levantó todas consigo. "Veremos hasta donde llegó", reveló a un íntimo. Había dormido con hielo aplicado y con el espíritu de seguir jugando porque es el Open de su país. "Si hubiese sido otro torneo, ni hubiese empezado".
Infiltrado, el madrileño salió a jugar a la hora de comer. El problema del pie merma la rotación del swing. Más por desconfianza que por dolor, aunque "con el driver no me atrevo a hacer toda la fuerza que puedo y eso en los pares 5 es un hándicap". Se está jugando mucho en esta fase de la temporada. No la tarjeta del PGA Tour que la tiene archiasegurada. Pero, ambicioso como es, sueña con ganar la Race to Dubai, como sólo Jon Rahm (2019) ha hecho entre los españoles en los últimos 35 años. Más después de que Patrick Reed no pasara el corte, lo que puede estrechar aún más la clasificaciónl general. También están en juego los puntos de la Ryder Cup 2027, otro de sus objetivos.
"He sido de los mejores todo el año de tee al green y estos días estoy en ese apartado con un juego D", lamentó. "Tener dos dedos del pie dormidos es una sensación rara, que no me había pasado antes. Pero estoy mejor que ayer. Hoy no he tenido que soportar 12 hoyos con dolor", contó al acabar.
La pronunciada bajada del hoyo 1 fue dura de ver. Era un jugador claramente en inferioridad, que tenía que cargar todo el peso en el talón en cada bajada. Se fue al rough y cometió un bogey. No pintaba muy bien.
Pero Eugenio, combativo y trabajador, fue hoyo a hoyo. Atrapó la calle del 2 y fue acumulando pares. Y creyendo en su putt. Lleva un año largo trabajando con Alejandro Larrazábal, un tipo que ha pasado por todas las labores profesionales del golf. Fue un buen jugador amateur -jugó el Masters de Augusta-, luego caddie -de Olazábal-, asistente en el milagro de Medinah de la Ryder Cup en 2012 y entrenador.
Embocó un putt de 11 metros en el hoyo 5 y sumó el primer birdie. No era suficiente. Todos los golfistas de arriba estaban jugando en rojos y él iba uno sobre par en el hoyo 12, después de otro bogey. Entonces llegó su momento. "Pegué dos buenos drivers tanto en el 14 (par 5) como en el 15", explicó. Y sumo dos birdies. El segundo con otro putt larguísimo de siete metros.
El final pudo ser de antología, pero una brizna de hierba desvió el putt del 18 a la derecha y no pudo enlazar dos aciertos más. Había llegado enchugado a ese tramo después de haber jugado un hierro en el 17, el par 3 del BMW que se llevó Hillier el jueves, a un metro de la bandera. No le dolió mucho firmar el último par. Se sentía ganador de una batalla. "Se trataba de saber cómo estaba el pie y ha respondido".
Le recordaron que Tiger Woods ganó el US Open de 2008 jugando cojo un desempate. "No exageremos. Tiger es único y a mí me queda mucho por demostrar. Lo que quiero es salir líder el domingo y jugar el partido estelar. Es un sueño que tenía desde pequeño: jugar ese partido en el Open de mi país". Es una tarea a su alcance.



