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Sergio García se mira al espejo 30 años después

El de Borriol completará el domingo el Open de España en el Club de Campo, el escenario en el que jugó por primera vez el gran torneo nacional en 1996

Gerardo Riquelme509 palabras

En la calle del hoyo 1, una mañana casi veraniega de otoño en Madrid se juntan dos leyendas y dos efemérides. Fuera de las cuerdas, a la sombra, Raúl González Blanco sigue como cada día el juego en el Open de España. A la espera de un probable regreso a los banquillos, el golf es el deporte que le atrapa. Ha sido una semana dichosa para el futbolista con los palos. En La Finca logró su primer hoyo en uno. Corrió el champán por el lance. El viernes se cumplieron 30 años de su debut con la selección española de Javier Clemente en Praga.

Al otro lado de la calle, Sergio García le explica a Adrián Otaegui que puede dropar sin penalidad antes de su segundo golpe porque la bola se ha quedado empotrada en un terreno en mal estado. También en 1996, el golfista de Borriol se estrenó. En su caso en el gran torneo nacional. Antes había jugado dos eventos el año anterior. Acabó cuadragésimo noveno en un torneo que ganó Padraig Harrington en un torneo trabadísimo por las lluvias de mayo.

Su padre, cuya aportación al golf nacional es extensa -Carla Bernad, ganadora del Masters; Josele Ballester...-, le hizo de caddie y Sergio, no era su intención, se llevó una lección de que ni siquiera a los imberbes hay condescendencia. Stuart Cage y Andrew Sherborne, con los que tuvo que compartir dos rondas finales ininterrumpidas, le dieron el domingo. Incluso con actitudes reprochables.

Esas tres décadas han visto una carrera prolífica. Victorias en cinco circuitos, en cuatro continentes -le queda Oceanía, donde quizás acabe el año jugando en Australia. También la mayor puntuación de la historia de la Ryder Cup (28,5), la chaqueta verde y el número 2 mundial. Y se planta con 46 años, con las ganas de seguir en el camino. Y ser el golfista del DP World Tour que más tiempo ha estado ganando. Y la Ryder Cup. Y que sus hijos, que en Madrid ayudan a los otros niños a tener el autógrafo de su padre, invadan el green para celebrarlo.

De aquel mayo, quedan los testigos. Y poco más. "No sé si mi padre guardará algo por casa. Yo no sé ni dónde está esa bolsa", reconoce Sergio. Entonces llevaba el hierro 2 y los palos vivían el auge del titanio, predecesor de la fibra de carbono. "Si quitas ese palo por la madera 5 de ahora, el resto del juego es más o menos el mismo".

Pero, también, quedan las ganas. Y Sergio frunce el ceño cuando habla de su vuelta, que ha sido de par. Un 71 con tres birdies y tres bogeys. "Si hubiese pateado mejor...", lamenta. "Podía haber cogido carrerilla y podían haber salido mejor las cosas". Embocó un putt de 12 metros en el hoyo 2, un chip en el 3 y en el 18 (par 4), que han adelantado el tee para hacerlo espectacular, cae el tercero. No arañó ningún par 5. Allí donde hace 30 años la gente murmuraba. "Cómo le pega este chico".

Sergio García el sábado del Open de España y en 1996 EFE/GETTY IMAGES
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