Atlanta'96: los Juegos de la madurez olímpica española
Más de un centenar de olímpicos se reúnen 30 años después para ser homenajeados en el Comité Olímpico Español

" Estás igual" o "no has cambiado nada", eran las frases más escuchadas en la tórrida mañana del martes en el Comité Olímpico Español. Lo corroboró entre los corrillos Santiago Deó, el presidente de la Federación Española de Hockey, que en las semanas de autos aún era árbitro internacional. Aquella cita, la de Atlanta 96, fue dichosa para su organismo. Los hombres lograron el bronce y las mujeres, octavas, el último diploma.
Aquellos Juegos, los de la bomba en el Parque Olímpico, el récord de Michael Johnson , el clavado con los ligamentos rotos de la gimnasta estadounidense Kerri Strug y el relevo de la antorcha olímpica de Muhammed Ali, también fueron los de la confirmación "de lo que habia pasado en Barcelona", como recordó el anfitrión, el presidente Alejandro Blanco, después de aportar un dato contundente. "El 62 por ciento de los hombres quedaron entre los ocho primeros y el 51% de las mujeres". Fueron, en definitiva, los Juegos que se abordaron desde la conciencia de que esto era el gran espectáculo deportivo, sentimiento que faltó en la aproximación a Barcelona'92, la edición de la eclosión.
Más de un centenar de aquellos 292 deportistas, de 19 deportes, se citaron en el edificio del barrio de Hortaleza. Se sucedieron los abrazos, los recuerdos a esos días, a momentos como el partido por el bronce en balonmano entre España y Francia (27-25) contado por Demetrio Lozano, Rafa Guijosa, Alberto Urdiales e Iñaki Urdangarín -aún objetivo del papel cuché- y que, leyenda o no, siempre será adornado por aquel tiempo muerto de Juan de Dios Román, interrumpido por Talant Duishebaev. "Mira, no vamos a hacer eso. Me la pasáis a mí y ya está", cuentan que soltó el genial central.
Cada uno fue subiendo al escenario a recoger su diploma hubiese quedado en el podio o último. Así es la democracia olímpica, aunque no extrema: las estrellas son las estrellas. El que más Miguel Indurain, que recordaba que estaban concentrados a 50 km de la ciudad "y apenas vivimos los Juegos. Sólo pudimos ver el maratón. Recuerdo que había un repecho muiy duro en el recorrido". Su oro contrarreloj fue, aunque él no lo sabía cuando se produjo, su última gran victoria, encabezando una imagen única hasta ahora en nuestro deporte. Oro y plata, con Abraham Olano. "Es que con el nivel que hay no es nada fácil meter a dos deportistas ahí arriba. Estuvo bien", decía con una sonrisa.
También Arantxa Sánchez Vicario, doble medallista y ahora gran embajadora del pickelball, y que pide "paciencia para Jodar porque tiene todas las condiciones para llegar", reclamó los focos. Como Fermín Cacho, ya recuperado de su susto. "Mucha gente no se ha dado cuenta, pero esa carrera hoy en día tendría VAR. Ese pie de Morceli que hizo que se tropezase El Guerrouj...", decía el medallista de plata.
Treinta años dan para muchas cosas en la vida, pero ese encuentro hizo que el tiempo se detuviese. No obstante, sirvió también para recordar que la vida concede segundas oportunidades. Al campeón olímpico de vela Pepote Ballester, que ahora vive en México; a Pedro García Aguado, ejemplar coach en estos días; a Julia Vaquero, recuperada de sus depresiones y a punto de publicar un libro, o al propio Urdangarín, que ya sacó a la venta el suyo con un aceptable éxito para lo que es España.
El tiempo, no obstante, no pasa por el físico de deportistas que con más canas o menos pelo guardan un aspecto inmejorable. Los que más Ernesto Pérez Lobo, plata olímpica, Almudena Cid y Tania Lamarca, una de las menores que alcanzaron la mayor gloria olímpica en Athens, a 50 km. de la capital, una tarde mágica de agosto con el conjunto de rítmica. "Nos vemos dentro de 10 años", comentaron varios de los asistentes. "Y si coincide con unos Juegos en Madrid, pues mucho mejor", replicaron los más optimistas. Tiene pinta de que serán en Qatar o India, más bien.



