Álex Márquez se sincera: la depresión tras la sombra de Marc, el drama de las lesiones y ser un "piloto normal"
El piloto catalán se abre en una entrevista concedida para MotoGP

Desnudarse en público para cerrar viejas heridas. La trayectoria de Álex Márquez en el Mundial de Motociclismo no se puede entender sin el peso de un apellido legendario. Convivir con la sombra de Marc , un nueve veces campeón del mundo, no fue fácil desde el principio. En una emotiva entrevista concedida a MotoGP.com , el menor de los hermanos Márquez repasa los capítulos más amargos de su carrera, la depresión que sufrió al intentar compararse con su hermano , la desconexión mágica al subir a la moto y su firme convicción de seguir dándolo todo tras los accidentes más duros.
Liberarse del fantasma de la comparación
Ser 'el hermano de' durante el despegue de tu carrera profesional puede convertirse en una losa insoportable. Álex reconoce que los inicios en el Mundial fueron un calvario mental: "La sombra de Marc es muy alargada. Al principio sufría bastante, llegué a pasar por una depresión y le daba demasiadas vueltas a todo al intentar compararme con él". El punto de inflexión llegó cuando entendió que debía seguir su propio camino y apoyarse en la figura de su hermano como referente y no como rival directo: "Llegaba a las carreras pensando que en casa hacía el mismo trabajo que el piloto que ganaba en MotoGP. Eso me dio tranquilidad y confianza para construir mi propio camino y brillar por mí mismo", confiesa Álex.
La moto como santuario de desconexión
Para el piloto español, subirse a un prototipo de MotoGP supone el único momento de paz absoluta en un mundo acelerado. «Es como cuando te vas de vacaciones, apagas el móvil y te tumbas en la playa. Cuando te pones el casco solo existís la moto y tú, todo lo demás desaparece», confiesa el de Cervera, recordando que su idilio con la velocidad nació antes de tener uso de razón. " Prácticamente nací al lado de un circuito de motocross. Recuerdo ver el primer podio de mi hermano en Donington en 2008 desde un pequeño bar en Cervera junto a mis primos; la pasión siempre estuvo ahí", relata el hermano de Marc.
El calvario de las caídas y la llamada de la velocidad
El motociclismo de élite tiene una factura física devastadora , algo que Álex revivió en sus carnes tras una durísima caída en el Gran Premio de Cataluña. "Estuve cuatro días hospitalizado con mucho dolor. En ese momento pensé que no quería ver nada de MotoGP, solo quería olvidarme", rememora. Sin embargo, el veneno de la competición tarda poco en volver a brotar: "Dos semanas y media después ya estaba mirando el calendario. No entiendo mi vida sin estar encima de una moto; la pasión es más grande que los malos momentos o las lesiones" apostilla el catalán.
La necesidad de ser normal
A pesar de ser dos veces campeón del mundo (Moto3 y Moto2) y ganador en la categoría reina, Álex se resiste a la etiqueta de héroe o superestrella que rodea a los pilotos de MotoGP . Su verdadero refugio está en la cotidianidad de su pueblo y la rutina diaria: «A mí me encanta volver a casa, sacar a pasear a mis perros o ir en bicicleta. Cuando alguien me dice por la calle que soy especial, siempre respondo que soy una persona normal que compra en el mismo supermercado». Una lección de humildad para un deportista que solo pide ser recordado como "alguien que lo dio todo por este deporte", tal y como afirma el piloto de Cervera.


