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La curva Jorge Lorenzo, la más especial del circuito de Jerez

El Gran Premio de España ha sido testigo de grandes enfrentamientos en la Curva 13

Adrián Sicilia547 palabras

Si las paredes hablasen, los muros de la Curva 13 del Circuito de Jerez-Ángel Nieto no darían abasto. Pero en el trazado andaluz no hacen falta palabras, basta con el olor a goma quemada y el rugido de las gradas cuando el grupo llega estirado a la última frenada. Hablamos, por supuesto, de la Curva Jorge Lorenzo , el rincón donde la gloria y el drama se dan la mano a apenas unos metros de la línea de meta.

Desde que en 2013, coincidiendo con su 26º cumpleaños, el trazado jerezano decidiera rebautizar la antigua curva 'Ducados' con el nombre del pentacampeón balear, este viraje a izquierdas se ha convertido en el epicentro del motociclismo mundial cada vez que el calendario marca la cita con España.

Un nombre con ADN de campeón

Jorge Lorenzo no solo recibió el honor de dar nombre a la curva. Él mismo la 'estrenó' de la forma más amarga y épica posible aquel mismo año, en aquel inolvidable toque con Marc Márquez que recordó a los fantasmas de Doohan y Crivillé o al polémico adelantamiento de Rossi a Sete Gibernau en 2005.

"Es el lugar donde se ganan o se pierden las carreras . No hay término medio", suele decir el propio Lorenzo cuando visita su 'casa' en Jerez. Y no le falta razón. Entrar primero en la 13 no te garantiza la victoria, pero entrar con la puerta abierta es una invitación al caos.

La mística de la Curva 13

Lo que convierte a la Curva 13 en un lugar sagrado del motociclismo va mucho más allá de su trazado técnico porque representa el clímax absoluto de una batalla de veinte vueltas donde los nervios se deshacen y la lógica desaparece. Desde un punto de vista puramente físico se trata de un ángulo de tipo garrote que obliga a los pilotos a realizar una frenada asimétrica tras una aceleración corta pero intensa viniendo de la curva 12 donde la moto todavía no está completamente estabilizada. E l desafío técnico reside en que es un viraje de baja velocidad que exige sacrificar la entrada para tener una salida limpia hacia la meta pero cuando te juegas una posición en la última vuelta esa teoría se tira por la ventana y aparece el factor del block pass o adelantamiento por bloqueo.

Esta curva es especial también por su arquitectura psicológica ya que al ser la última del circuito actúa como un imán para la desesperación y la gloria donde el piloto que marcha segundo siente la tentación de intentarlo incluso cuando el hueco no existe realmente. El diseño del Circuito de Jerez-Ángel Nieto potencia este efecto gracias a las gradas que rodean ese punto creando una atmósfera de coliseo romano que los pilotos perciben a través de sus cascos incluso por encima del rugido de los motores de mil centímetros cúbicos.

Existe una herencia histórica pesadísima que flota sobre ese asfalto desde que Mick Doohan y Álex Crivillé se tocaron allí en 1996 marcando el inicio de una era de duelos fratricidas que continuaron con el hachazo de Valentino Rossi a Sete Gibernau en 2005 y por supuesto el encuentro entre Marc Márquez y el propio Jorge Lorenzo en 2013 que terminó de bautizar el lugar con la mística del todo o nada.

La Curva de Jorge Lorenzo en el GP de Jerez MotoGP
Motormás

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