España necesita crear su Bath
La natación española, que ahora tiene buena pinta, debería servir de estudio para el salto definitivo: unir el talento, la investigación y que se aseguren un futuro

La natación de piscina seguramente sea el deporte que mejor desnuda el problema que le queda por resolver a España : combinar futuro para sus deportistas con facilidades en las carreras universitarias, más allá de la UCAM, que ya lo hace como nadie, y tener pegados a investigadores de las ciencias del deporte, sin que se resuma esa gran herramienta a colaboraciones puntuales.
Los esperanzadores resultados cosechado en estos últimos Europeos y la juventud de todos estos chicos , con el añadido de que ahora mismo los dos entrenadores de referencia en Barcelona y Madrid son británicos, debería hacer pensar a los que deciden que en lugar de optar por un modelo válido, pero costoso, como las becas en la NCAA, quizás habría que mirar el modelo de las islas y crear uno propio. Ahora que el panorama es ilusionante, no hay que esperar a ver qué ocurre, hay que avanzar.
Gran Bretaña lleva más de una década demostrando que existe otra vía. No es que sus nadadores no vayan nunca a EE.UU —lo hacen, y algunos con gran éxito—, pero el grueso del equipo nacional entrena entre la Universidad de Bath y Loughborough, ambas financiados por Aquatics GB como parte de su programa olímpico. No son paraninfos con piscina; son centros de rendimiento con entrenadores de primer nivel mundial, ciencia del deporte integrada y una identidad propia que compite de tú a tú con cualquier programa de la NCAA.
El resultado es que, cuando aparece un talento como Filip Nowacki o Jacob Mills, la federación no se limita a desear que vuelvan algún día: los retiene y presume de ello. Loughborough incluso ha empezado a recibir el flujo inverso: nadadores que dejan las aulas estadounidenses para instalarse allí, porque el nivel de entrenamiento no justifica el coste ni el desarraigo de emigrar.
España tiene varios CAR —San Cugat, Sierra Nevada, Madrid— y ha producido nadadoras de la talla de Mireia , formada en uno de ellos con Fred Vergnoux. La infraestructura básica existe. Lo que falta es la convicción, escalarlo y, sobre todo, la narrativa: ningún nadador joven crece pensando que el camino natural hacia el oro olímpico pasa por quedarse en casa. Piensa que algún día tendrá que dar el salto. Salvo que algún día alguien entienda que el deporte no es un cronómetro y una piscina.


