Un Centro Ecuestre como refugio improvisado
Es la única instalación deportiva de la ciudad que ha quedado destinada a la atención de migrantes.

“A mí me van a tener que sacar de los polideportivos. A mí y a los que vengan conmigo. No vamos a permitir que Ceuta se convierta en un CETI gigante”. Fueron las palabras del presidente de Ceuta, Juan Jesús Viva s, cuando se publicó el Real Decreto con el que pretendían destinar algunas de las instalaciones deportivas de la ciudad a la acogida de migrantes. Consiguieron tumbarlo, pero no pudieron evitar que lugares como el Centro Ecuestre, cuyos terrenos pertenecen al Ministerio de Defensa , se convirtieran en campamentos improvisados. “Han utilizado la pista grande y el parking para hacer campamentos, pero el resto de las instalaciones sí que están disponibles. No se puede realizar ningún tipo de actividad, pero los propietarios de los caballos van para poder cuidarlos y sacarlos a pasear. Los caballos no pueden estar constantemente en la cuadra, tienen que tener alguna actividad y sufrir lo menos posible”, explica Sergio Aguilera, el director de deportes de la ciudad autónoma.
Allí ya no galopan caballos, ni se utilizan estos animales para ayudar a mejorar la calidad de vida de algunos niños. Ese espacio de trote y libertad es ahora un campamento para mujeres y niños. Más de dos centenares de personas que pasan ahí los días mirando al futuro con incertidumbre. Un espacio deportivo donde ya no se habla de deporte, sino de vida.
Eso es lo que pasa dentro, donde ya no cabe nadie más. Pero a los pies del cartel que anuncia el Centro Ecuestre, agolpadas en la cuneta de la carretera y ataviadas con mantas, plásticos y cartones para luchar contra el frío de las noches, suplican por un hueco en el interior otro centenar de mujeres y niños. Entre ellas está Hand , una joven de 23 años nacida en Casablanca que llegó a España en el salto masivo del pasado 30 de julio. Es una de las primeras de esa cola improvisada que se ha formado. “Ya hemos hablado con muchos periodistas, pero seguimos aquí fuera. Lo que queremos es entrar, comer y no pasar frío” , lamenta.
El Centro Ecuestre se eleva unos metros sobre el nivel del mar y desde su balcón preside la playa del Trampolín, donde se mantiene el gran campamento improvisado de migrantes. Una zona de ocio para los vecinos de Ceuta que ahora se ha oscurecido y ha quedado a merced de personas que deambulan sin rumbo. “Necesitamos ayuda, no podemos estar aquí fuera, hay niñas pequeñas”, explica Hand. Es la realidad de un recinto en el que hace algo más de un mes nadie podía imaginar la estampa que ahora se encuentran los que acuden a ese lugar.


