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Lersila, de leyenda tailandesa a “uno de los nuestros”: una gira que conquistó Europa

El astro tailandés recorrió Lisboa, París y Madrid en una gira que superó las expectativas y dejó una misma sensación entre los aficionados: haber compartido tatami con una leyenda que llegó para enseñar mucho más que técnicas

Irati Prat1067 palabras

Lersila llegó a Europa con el peso de una trayectoria construida en los grandes escenarios del Muay Thai, pero lo que encontró a su paso terminó superando las expectativas. Portugal, Francia y España fueron los escenarios de una gira en la que el público no solo quiso entrenar con una leyenda tailandesa. También quiso conocer al hombre que hay detrás del campeón.

Lisboa: la potencia de una afición

El equipo de Dina Pedro volvió a demostrar por qué es uno de los referentes de la escena europea. Casi 200 personas recibieron a Lersila en un ambiente marcado por las ganas de aprender, la pasión por el Muay Thai y una energía difícil de contener. Y el propio Lersila respondió a esa energía desde el primer minuto.

Su entrenamiento tuvo una intensidad que hizo que el tiempo pareciera pasar volando. Por momentos, la sensación entre los asistentes era que el seminario apenas había durado unos minutos. El luchador tailandés se lanzó al trabajo con la velocidad y la verticalidad de una flecha, exprimiendo cada ejercicio y contagiando su ritmo a los participantes. Pero la jornada no terminó cuando acabó el entrenamiento.

Los aficionados quisieron llevarse un recuerdo junto al ídolo tailandés. Su simpatía, su cercanía y su carisma terminaron de conquistar a un público portugués que respondió a la visita con una fuerza extraordinaria. Lisboa no fue simplemente una parada. Fue el primer aviso de lo que estaba por llegar.

París: una pequeña Tailandia en Francia

Después llegó París. Y el escenario cambió, pero no la respuesta. El seminario organizado por Jean-Charles Skarbosky tuvo un gimnasio completamente lleno. Literalmente, no había espacio para una respuesta tibia. La presencia de Lersila reunió además a algunas de las figuras más reconocidas de la historia del Muay Thai europeo y mundial.

Allí estuvieron nombres como Nuengpichit Sityodtong, tres veces campeón del estadio Lumpinee; el propio Jean-Charles Skarbosky, considerado uno de los grandes referentes y número uno del Rajadamnern Stadium durante su etapa como competidor; Stéphane Nikiéma, conocido como el “Dieselnoi negro” y compañero de Lersila; y el mítico Jocky Gym. Pero la lista no terminó en los luchadores.

El cantante francés Biga Ranx también estuvo presente en este encuentro alrededor del astro tailandés, demostrando que la figura de Lersila trasciende los límites del propio gimnasio. Durante unas horas, París pareció convertirse en una pequeña Tailandia.

La explicación estaba en la propia historia de Lersila. Amigos, compañeros y personas que han compartido parte de su trayectoria acudieron a acompañarlo en la capital francesa. El resultado fue una escena difícil de encontrar fuera de Tailandia: una reunión de generaciones y protagonistas del Muay Thai alrededor de una de sus grandes figuras.

Madrid: la lección que se queda en la escuela

La gira llegó finalmente a Madrid, donde los aficionados españoles tuvieron la oportunidad de compartir dos jornadas con el luchador tailandés. Si hubiera que resumir lo ocurrido en la capital en una sola frase, probablemente sería esta: “Me lo llevo para mí y para mi escuela, esto empiezo a aplicarlo ya”. Ese fue el sentimiento que se repitió entre muchos de los asistentes.

Porque Lersila no planteó sus seminarios únicamente como una sucesión de técnicas o combinaciones. Su propuesta fue mucho más amplia: mostró una forma de entrenar, una metodología de trabajo y una serie de herramientas que cualquier practicante podría incorporar inmediatamente a su preparación. Ejercicios sencillos, pero fundamentales para construir las habilidades de un combatiente: el equilibrio, los reflejos, los cambios de altura, los desplazamientos y el control del cuerpo. Y ahí estuvo una de las claves de su paso por Madrid.

En los dos seminarios coincidieron perfiles muy diferentes. Desde personas que estaban dando sus primeros pasos en el Muay Thai hasta competidores experimentados y maestros. La diferencia de nivel no impidió que todos encontraran algo aplicable a su propio entrenamiento. Ese fue probablemente uno de los mayores valores de la visita: Lersila no se limitó a mostrar lo que sabe hacer. Mostró cómo trabajar para llegar a hacerlo.

El cierre, en Collado Villalba

La última parada llevó al astro tailandés hasta las instalaciones de TMF Sierra Fighter, en Collado Villalba . Era la primera vez que un luchador tailandés visitaba el gimnasio y la jornada terminó convirtiéndose en uno de los momentos más personales de toda la gira.

El ambiente fue familiar, cercano y alegre. Lersila respondió con la misma energía durante un entrenamiento intenso y, posteriormente, se sentó frente a los asistentes para responder sus preguntas. Fue entonces cuando apareció otra versión del luchador. Sin guantes, sin la exigencia del entrenamiento y sin la distancia que puede imponer la figura de una leyenda, Lersila respondió con sinceridad a las preguntas de los presentes y mostró su faceta más humana. Después llegó la comida en grupo.

Y allí las fronteras desaparecieron todavía un poco más. El idioma dejó de ser una barrera y la cercanía del tailandés hizo que, por unas horas, Lersila dejará de ser únicamente el campeón, la estrella o la leyenda para convertirse, sencillamente, en uno más de la familia.

El arte también viajó con la gira

La ruta europea tuvo además una segunda vertiente cultural. La artista Laurene Fernandez pudo presentar su obra durante la gira en tres países, acompañando este recorrido por Portugal, Francia y España. Su propuesta artística recibió una gran acogida en Lisboa y encontró en París un escenario especialmente significativo.

Madrid, su casa adoptiva, fue el último escenario de este recorrido artístico. Allí, la escultura pudo contemplarse en todo su esplendor y recibió la admiración del público. De esta manera, la gira consiguió unir dos lenguajes diferentes pero profundamente vinculados: el arte y el Muay Thai.

Una leyenda que terminó siendo “uno de los nuestros”. Lisboa, París y Madrid ofrecieron tres caras diferentes de una misma historia. Portugal mostró la potencia de su gente y una afición capaz de convertir un seminario en una auténtica celebración del Muay Thai. París puso sobre la mesa la dimensión histórica de Lersila y su vínculo con algunas de las grandes figuras de este deporte en Europa. Madrid dejó el aprendizaje, las herramientas y la sensación de que aquello que había comenzado como una visita de una leyenda podía convertirse en algo útil para el día a día de cada gimnasio.

Pero hubo algo que se repitió en todos los lugares: Lersila encantó. Llegó como una leyenda tailandesa. Se marchó como uno de los nuestros.

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