Exhibición de Ustero y Sánchez para ser campeonas en París
La pareja tres se impuso en la final a Martina Calvo y Claudia Fernández por 6-2 y 6-0 en un partido que dominaron para levantar su primer Major tras caer en la final de Roma.

Roma no es París se dijeron Andrea Ustero y Ari Sánchez antes de la final. Ambos son Major, sí, pero la historia será diferente. Y cumplieron con el pronóstico imaginario en la final de Roland Garros luciéndose con una exhibición que las proclama campeonas del segundo Major de la temporada en Premier Padel.
Porque Sánchez y Ustero cayeron en Roma en la final del primer grande del curso . Desgastadas tras una semifinales épica e histórica, no tuvieron gas para buscar el título ante las números uno en el Foro Itálico . Pero esta vez, con otras condiciones y en otra situación de desgaste, la pareja tres se había conjurado para esta vez sí levantar un título grande.
Y lo harían y conseguirían por varios motivos, el primero de ellos la decisión previa que marcaría el partido. Con el cielo parisino encapotado y amenazante de lluvia, las cuatro jugadoras acordarían con la organización el uso del techo retráctil de la Philippe Chatrier para cubrir la central y jugar bajo condiciones indoor.
Una decisión lógica que dibujaría un patio de recreo para Ari Sánchez . Restada velocidad y viveza a la pista, nadie en el circuito es capaz de manejar el timing del pádel como ella en ese trance donde el ralentí y el vértigo se entremezclan y no dibujan un línea clara de juego salvo la que ella traza.
Ahí estaría la clave del inicio del partido y, sin saberlo, de la final en sí. Con Ari como directora de orquesta Ustero se podía despreocupar de las labores defensivas y dedicarse a lo que mejor sabe hacer, ser Andrea Ustero . Ella, zurda, irreverente, atrevida y ganadora, es un verso libre que necesita patrón, pero cuando juega sin cadenas es capaz de llevarse por delante a quien haga falta.
Y lo haría. Su pegada bajo el cielo techado de París le pondría adrenalina al compás de Ari y desdibujaba a unos Martina Calvo y Claudia Fernández que saltarían a pista con una o dos marchas menos y que nunca encontrarían la versión que se regalaron en semifinales ante las números uno y que necesitaban en la final.
Porque la realidad es que Martina y Claudia no tuvieron opciones. Y no por demérito, porque nunca dejarían de intentarlo, de ir y proponer, si no porque el ejercicio de la pareja tres en la final de París es uno de esos que ocurren muy de vez en cuando todo se alinea.
A la rotura inicial le seguiría un intento de engancharse al ritmo del partido de las de Pablo Semprún , pero que se quedaría en el 3-2 de la final. A partir de ahí, otros dos quiebres más consecutivos darían carpetazo al primer set y prepararían todo para que se precipitara el desenlace de la final.
Y es que al primer set dominante le seguiría otro aún mejor. Perfecto, de hecho. El parcial de seis juegos consecutivos para cerrar la batalla por el título femenio no sería más que la rúbrica perfecta a un partido que lleva la rúbrica de la mejor versión de Ari en muchos meses y de la consagración definitiva de una Ustero que sigue explorando en silencio una madurez que está trabajando al lado de la ex número uno.
Calvo y Fernández, tan talentos hoy como ayer, se acabarían por desesperar . La presión del emplazamiento, la adversidad y el no tener el día evidenciaría una realidad que no necesita tanto ruido ni halago y que no pone en duda que serán lo que quieran ser en el pádel del presente y futuro, pero al que todavía hay que darle mesura, cordura y algo más de lógica que de empeño en convertirlas en. Sea popular o no.
El 6-2 y 6-0 final acabaría por proclamar campeonas a Ari Sánchez y Andrea Ustero en París para devolverles, como gesto poético, lo que se llevaron moral, pero no materialmente en Roma. Ahora sí, su primer título de Major juntas. Y ellas, que ya sabían lo que era quedarse cerca, lo disfrutarán el doble. Y cómo sabe.






