Goñi, el chico de moda en París
El español, que realizó un gran partido en octavos de final, levantó al público, asombró con su potencia en el juego aéreo y acaparó fotos y autógrafos post partido.

París ya tiene un nuevo amor: Aimar Goñi . La ciudad de la luz, el amor y un millón de romances más se ha encaprichado de la joven estrella española. Y razones no le faltan.
Porque que Goñi es cosa seria ya lo sabíamos. Había avisado en varias ocasiones durante el año, sonaba y suena con fuerza para ir incluso al Mundial con España , pero el ejercicio de autoridad que realizaría en octavos de final ante la pareja cinco está al alcance de pocos. De muy pocos.
Sus 190 centímetros de altura iban a emerger mediada la tarde del jueves hasta hacer sombra, incluso, a nombres como Galán, Chingotto, Stupaczuk o Sanz que en su mismo horario de juego compartirían miradas y protagonismo.
Cierto es que la presencia de Coki Nieto y Mike Yanguas , pareja cinco, era el gran atractivo de la tarde en la pista seis de Roland Garros, pero este desgarbado, talentoso y potente revés de apenas 20 años se iba a erigir en el protagonista de la tarde (sin desmerecer a su compañero, Edu Alonso ).
Pero su actuación en una de las pistas aledañas a la Philippe-Chatrier llamó la atención. Condicionando el juego áreo, rematando en campo propio , a la espalda de su compañero, en suspensión o en posiciones de clara desventaja, la potencia de su smash hacía escapar de la grada el clásico "¡Oh lá lá!" con acento parisino. Ni qué decir tiene cuando rescataba fuera de pista algún punto y celebraba con una grada enloquecida y entregada.
Y no, no sería solo remate. Asumiendo el volumen de juego cuando Nieto y Sanz decidieron arrinconarle en el segundo set , no dudaría en arriesgar con el manejo de la pelota, buscar el ida y vuelta ante el también revés español y proponer ángulos para salir de la emboscada de la dupla con más experiencia. Saliera cara o cruz, gestionando el error sin demasiado exceso.
La victoria final, importante aunque casi testimonial, no sería el motivo por el que decenas de aficionados se aglutinarían tras los banquillos a la finalización del partido o rodearían al español en su camino a vestuarios. La sensación de estar viendo y disfrutando a alguien distinto circulaba en el ambiente.
París entiende de deporte. Mucho, no nos engañemos, porque ha sido sede de Juegos Olímpicos, un Grand Slam de tenis y cientos de eventos deportivos más. Y ahora empieza a hacerlo también con el pádel. Y tiene un nueva debilidad: se llama Aimar Goñi.






