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Cuando cambiar de pareja deja de ser noticia

La opinión de Jesús Mata

Jesús Mata690 palabrasPremium

Coincidiendo con la ' Vuelta al Cole ', vuelve también el pádel. Vuelve a Madrid, y con él vuelve también una de las conversaciones que empiezan a repetirse demasiado: las nuevas parejas. Sanz y Stupaczuk, Nieto y Yanguas, Virseda y Fassio, Eugenio y Velasco … nuevos proyectos, regresos, apuestas diferentes. Lo que hace no tanto tiempo podía ser uno de los grandes alicientes antes de un torneo empieza a producir justo el efecto contrario: cansancio .

Y no porque cambiar de pareja sea malo. Al contrario. El problema es que se ha convertido en algo tan habitual que cada nuevo proyecto corre el riesgo de dejar de ser noticia antes incluso de empezar . Los proyectos ya no parecen proyectos, porque apenas tienen tiempo de demostrar si lo son. Se construyen, se rompen, se vuelven a construir y el circuito entra en una dinámica en la que las parejas parecen tener fecha de caducidad.

Y quizá el mayor problema sea que, con tanta rotación, también se pierde algo que debería ser fundamental para hacer crecer un deporte: las historias . El aficionado necesita vínculos, necesita reconocer parejas, seguir su evolución, entender por qué funcionan o por qué fracasan. Necesita tener la sensación de que está viendo cómo algo se construye. Si todo cambia constantemente, resulta difícil generar referentes, rivalidades que duren, duplas con las que identificarse . El espectáculo puede seguir siendo extraordinario, pero la narrativa se resiente, y con ella una parte importante de la conexión emocional con quien está al otro lado de la pista. Una tónica casi tan vieja como el propio deporte y que empieza a ser cansina, al menos para mí.

Porque además hay una contradicción evidente. Queremos que el pádel se convierta en un deporte cada vez más grande, que llegue a más gente, que los niños lo consuman y que los jugadores sean referentes. Pero al mismo tiempo, el mensaje que puede acabar llegando es que lo importante es el jugador y que la pareja es casi circunstancial. Y no puede ser así. Un niño que empieza a jugar al pádel debería entender desde el primer día que aquí no gana uno, ganan dos. Que hay que confiar, competir, ceder, enfadarse, hacer las paces, entenderse y construir, y que la pareja importa tanto como el talento individual.

Los jugadores, dicho esto, no tienen (toda) la culpa. Son, en buena medida, víctimas de un sistema en el que el ránking obliga a hacer cuentas , buscar la mejor posición posible y tomar decisiones pensando muchas veces en la supervivencia deportiva. Si el sistema empuja a eso, es lógico que los jugadores lo hagan. Lo que no parece lógico es que aceptemos como normal que el aficionado termine percibiendo el pádel como un deporte individual con dos jugadores dentro de la pista.

Porque ahí está el problema de fondo. El pádel no es tenis por parejas, es otra cosa. Es un deporte de pareja, de proyecto, de química, de confianza y de construcción conjunta. Y si cada pocas semanas estamos hablando más de quién se junta con quién que de lo que esas parejas son capaces de construir, quizá haya llegado el momento de revisar algo.

Sí, ya sé que es un debate eterno . Que se ha hablado muchas veces. Que volveremos a hablar de rankings, puntos, parejas y proyectos. Pero que sea un debate infinito no significa que haya que dejar de plantearlo . Al contrario: quizá haya que darle otra vuelta precisamente porque el problema sigue ahí. Que algo se haya discutido mucho no significa que esté resuelto.

Madrid debería ser una fiesta para el pádel. Y lo será . Pero también puede servir para hacerse una pregunta incómoda: ¿qué podemos cambiar para que, dentro de unos años, una nueva pareja vuelva a ser una noticia de verdad? Porque si Jon y Stupa, o Coki y Yanguas, terminan siendo simplemente el siguiente capítulo de una sucesión interminable de parejas, habremos conseguido algo peligroso: que cambiar deje de importar.

Y cuando en un deporte como éste los cambios de pareja dejan de importar, quizá el problema ya no esté en las propias parejas.

Coki Nieto y Jon Sanz, en un partido. PREMIER PADEL
pádelPolideportivoOpiniónMike Yanguas

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