Aaron Hernández. Ídolo precoz de la NFL, tres asesinatos y un final trágico
El exjugador de los New England Patriots pasó de ser una de las grandes promesas de la NFL a cumplir cadena perpetua por asesinato y acabar suicidándose en prisión con solo 27 años

En una nueva entrega de la serie Juego Sucio. Crímenes en el deporte dirigida por Lourdes Esparza en La Deporteca , conocimos la historia de Aaron Hernández , prometedor jugador de la NFL que era tratado como un ídolo siendo apenas un adolescente y que terminó siendo condenado a cadena perpetua por tres asesinatos protagonizando una de las historias más oscuras del deporte estadounidense.
Aaron Hernández llegó a la cima del fútbol americano estadounidense muy joven. Tenía talento, físico, carisma y una carrera que parecía destinada al éxito. Sin embargo, detrás de la joven estrella de los New England Patriots había una historia marcada por la inestabilidad familiar, el consumo de drogas, las amistades peligrosas, las armas y una conducta cada vez más imprevisible . Una trayectoria que terminó vinculada a tres asesinatos y a un suicidio en prisión .
Nacido en 1989 en Bristol, Connecticut, Hernández creció en una familia aparentemente normal, pero marcada en el ámbito privado por el alcoholismo de su padre , Dennis, y los continuos conflictos entre sus progenitores. La educación deportiva que recibió estuvo acompañada, según el relato, de maltrato físico y psicológico. Desde muy joven aprendió a ocultar sus problemas mientras destacaba en el deporte .
En el instituto ya sobresalía por sus condiciones atléticas. Sin embargo, también comenzó a consumir marihuana y a protagonizar comportamientos que anticipaban los problemas que llegarían después. La muerte repentina de su padre en 2006, cuando Aaron tenía 16 años, supuso otro golpe para el joven, que poco después abandonó el instituto antes de tiempo para incorporarse a la Universidad de Florida con sólo 17 años.
En Florida se consolidó como uno de los mejores jugadores universitarios del país, pero los problemas continuaron fuera del campo. Consumía drogas, protagonizó incidentes violentos y sus resultados académicos eran deficientes . Aun así, el rendimiento deportivo pesaba más . Hernández disfrutaba de los privilegios reservados a las grandes estrellas y terminó entrando en el draft de la NFL en 2010.
Los New England Patriots lo seleccionaron en la cuarta ronda, con el número 113. El equipo confiaba en que su estructura y disciplina pudieran encauzar al jugador. En Boston, Hernández respondió deportivamente y formó junto a Rob Gronkowski una de las parejas de tight ends más destacadas de la Liga. En 2012 recibió una ampliación de contrato por 41 millones de dólares.
Pero su vida fuera del terreno de juego seguía deteriorándose. Hernández volvió a relacionarse con antiguos amigos de Bristol, algunos con antecedentes criminales, mientras aumentaban su consumo de drogas, su comportamiento impulsivo y su fascinación por las armas. El 15 de julio de 2012, según la reconstrucción posterior, se produjo el asesinato de Daniel de Abreu y Safiro Furtado , dos jóvenes a los que Hernández habría disparado después de un incidente ocurrido en una discoteca . El crimen permaneció inicialmente sin resolver.
Meses después, otro episodio mostró hasta dónde había llegado la situación. Durante un viaje a Florida, Hernández disparó a su amigo Alexander Bradley y lo dejó abandonado en un parque. Bradley sobrevivió, aunque perdió el ojo derecho. Posteriormente comenzó a amenazar y extorsionar al jugador. Hernández llegó a pedir ayuda a Bill Belichick y quiso ser traspasado a un equipo de la costa oeste, pero los Patriots no accedieron.
El desenlace llegó el 17 de junio de 2013, cuando fue detenido por el asesinato de Odin Lloyd , novio de la hermana de su pareja. La investigación llevó también a descubrir el coche relacionado con los asesinatos de De Abreu y Furtado, abriendo de nuevo aquel caso . Los Patriots rescindieron inmediatamente su contrato.
En 2015, Hernández fue declarado culpable del asesinato de Lloyd y condenado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. Dos años después fue juzgado por las muertes de De Abreu y Furtado . En esta ocasión fue absuelto de los cargos de asesinato en primer grado, aunque condenado por posesión ilegal de un arma de fuego.
Cinco días después de aquel veredicto, el 19 de abril de 2017, Aaron Hernández se suicidó en su celda. Tenía 27 años. Las circunstancias y posibles motivos de su muerte dieron lugar a nuevas preguntas, entre ellas las relacionadas con su situación económica y el futuro de su familia.
Pero la historia todavía guardaba un último capítulo. Tras su muerte, el estudio de su cerebro reveló un daño severo compatible con encefalopatía traumática crónica (ETC) , con alteraciones, microhemorragias y acumulación de proteína tau. Su cerebro fue clasificado como estadio 3 en una escala de gravedad del 1 al 4. Esta enfermedad se ha relacionado con síntomas como agresividad, depresión, paranoia, problemas de memoria y conducta suicida .
La historia de Aaron Hernández dejó así preguntas que van más allá de sus crímenes: hasta qué punto sus problemas personales, el consumo de drogas, las lesiones cerebrales y el entorno que le rodeó influyeron en su caída . El jugador que había sido convertido en ídolo siendo apenas un adolescente terminó protagonizando una de las historias más oscuras del deporte estadounidense.







