Los sesenta: deporte y baby boom

Me gustaría poder reflejar en este artículo, algunas características de nuestro deporte durante los años sesenta y parte de los setenta. Creo que es bueno recordar aquellos tiempos de luces y sombras, pero que fueron semilla del deporte actual. Fuimos una generación particular que vivimos cambios importantes y tiempos nuevos, también en el deporte. La puesta en marcha del Plan de Estabilización Económico (1959) marcó el inicio de una nueva etapa en la sociedad española. Los años 60 supusieron la liberalización de la economía y el fin del modelo autárquico. El nuevo modelo económico supuso el desarrollo de las grandes ciudades. El fortalecimiento de la clase media favoreció e impulsó un cambio estructural del país su conjunto. El avance económico, cultural y social en los años sesenta fue muy evidente. El estilo de vida del español medio cambió sustancialmente. En 1961 la nueva Ley de Educación Física, reestructuró las directrices para el desarrollo deportivo español, aunque dentro de los mismos principios y (como no podría ser de otra forma) dentro del mismo marco político. El deporte, sobre todo el fútbol, dada su gran difusión, era la mayor vía de entretenimiento y evasión. Fue evidente esta polarización deportiva en el fútbol. En cambio, los deportes olímpicos estuvieron bastante abandonados y pese a los esfuerzos de la Delegación Nacional de Deportes (que intentó hacer del atletismo una actividad de interés nacional) fracasaron debido a la poca inversión realizada para conseguirlo. Por entonces las instituciones locales y provinciales (Ayuntamiento y Diputación) no tenían capacidad de inversión y los aficionados siguieron la tradición dirigiendo toda su atención al que era, sin duda, el rey de los deportes, el fútbol. Las victorias europeas del Real Madrid, en los años cincuenta, habían sido muy aireados por la prensa. La obtención del campeonato de Europa de fútbol en 1964 por la selección española y la sexta copa de Copa de Europa por el Madrid en 1966, también fueron hitos importantes. Los medios de comunicación escrita y la radio, hicieron que el espectáculo deportivo fuera adquiriendo una mayor dimensión. Emisiones radiofónicas como Carrusel Deportivo, todavía hoy en antena, dieron gran difusión al fútbol y posteriormente a las actuaciones de los ciclistas españoles en el Tour, como Julio Jimenez en los sesenta, Ocaña y Fuentes, en los setenta -sucesores del toledano Federico Martín Bahamontes- que eran seguidas por muchos aficionados. También fue mucha la afición al boxeo, pues España tuvo en estos años siempre destacados boxeadores, campeones del mundo y Europa (Legra, Carrasco, Perico Fernández, José Duran, Velázquez, Urtain, Perico Fernández, Evangeslista, etc). Las veladas de Boxeo, disputadas, en un principio, en el madrileño frontón Fiesta Alegre y posteriormente en el Palacio de los deportes (ya con televisión desde los años sesenta) eran seguidas en toda España. En el ámbito olímpico, aunque nuestra representación iba siendo cada vez más digna y numerosa, las medallas se podían contar con los dedos de la mano. Durante los años sesenta y setenta la impartición de la asignatura de Educación Física y la participación en competiciones deportivas entre centros escolares fueron rasgos diferenciadores que caracterizaba a los buenos colegios privados y religiosos del resto. Estas actividades en la enseñanza pública eran prácticamente inexistentes. Durante mucho tiempo las infraestructuras deportivas, fueron insuficientes y estuvieron circunscritas, salvo excepciones, al ámbito privado. El deporte empezó a entenderse como un espectáculo que podía ser televisado, causando un efecto “magnético” en los jóvenes que lo seguían y practicaban, cada vez más, en los colegios e instalaciones deportivas que, poco a poco, se iban construyendo. En 1966 se inauguró el INEF de Madrid, gracias al esfuerzo y prestigio de José María Cagigal, y se celebró el Congreso Mundial de Educación Física y del Deporte, dando así un lugar de estudio para el fenómeno deportivo en sus diversos ámbitos. El baloncesto surgiría como el otro gran deporte, el Real Madrid acaparó casi todo el protagonismo guiado por el directivo Raimundo Saporta. En 1964 llegó la primera Copa de Europa conquistada en el frontón Fiesta Alegre. En 1965, 1967 y 1968 llegan las siguientes victorias europeas, que continuarían en los años setenta. Los buenos resultados de la selección española también ayudarían al nuevo fenómeno deportivo. Desde finales de los sesenta y principios de los setenta otros deportes empezaron a ganar la consideración popular. Fue la etapa de nuestros grandes mitos deportivos: Manolo Santana, Manuel Orantes, Angel Nieto, Francisco Fernández Ochoa, Mariano Haro, Santiago Esteva, Luis Ocaña y un largo etc., de individualidades, que surgiendo prácticamente de la nada se constituirían en una pléyade de deportistas famosos que, gracias a la televisión, entraron en nuestras casas durante esta década y media. Sin embargo, nuestro protagonismo en los Juegos Olímpicos continuó siendo nulo, meramente participativo con algún éxito individual aislado. Durante los primeros años setenta continuaron, poco a poco, los avances que habían comenzado en la década anterior. El deporte femenino prácticamente pasaba desapercibido, salvo excepciones como la nadadora Mari Paz Corominas finalista en México 68) o Carmen Valero vencedora dos veces, en los setenta, del Cross de Las Naciones. Tras la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975, el proceso de transición político hacia la democracia fue imparable. Pese a los problemas económicos producidos a principios de los setenta por “la crisis del petróleo” y las lógicas turbulencias políticas y sociales internas, solucionadas de la mejor manera posible por los “Pactos de la Moncloa”, podemos afirmar que la transición política española llegó a su punto culminante con la aprobación de la nueva Constitución, el 6 de diciembre de 1978. La democratización de la política española y la descentralización administrativa con la creación del llamado Estado de las Autonomías también llegó al deporte, cambiando totalmente sus estructuras, que se mantienen hasta nuestros días, haciendo de Ayuntamientos y Comunidades Autónomas los principales promotores del deporte a todos los niveles en sus ámbitos geográficos, haciendo sobre todo incidencia en la construcción de instalaciones deportivas y la promoción del deporte de “Ocio y Tiempo libre”, hasta entonces algo marginal entre el grueso de la población, dejando a las federaciones deportivas el campo de alta competición. Una nueva época empezaba. Antonio Rivero es Doctor en Historia Contemporánea y Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, así como autor de varios libros sobre la historia del deporte.







