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Las tres edades del XV del León

De la camiseta de Soriano en el rugby amateur de 1969 a la generación de Jon Zabala, pasando por el tiempo de transición y crecimiento que representa Albert Malo

Susanna Nasser1774 palabras

El rugby español puede contarse como una historia de relevos. Tres generaciones, tres formas de entender el juego y una misma camiseta. La del representativo de 1969, Jesús Soriano , cuando el rugby sobrevivía con medios modestos y vocación amateur ; la de Albert Malo , protagonista de una etapa de expansión y profesionalización ; y la de Jon Zabala , capitán de un XV del León que mira al Mundial de 2027 con la ambición de consolidar el salto de nivel.

Entre unos y otros han cambiado los métodos de entrenamiento, los recursos y la dimensión internacional del rugby. Pero la esencia que caracteriza de este deporte ha permanecido a lo largo de los años hasta hoy. Jesús Soriano, Albert Malo y Jon Zabala cuentan a MARCA cómo se vivía en las distintas generaciones.

Soriano y el deber de abrir camino

En 1969, vestir la camiseta de la selección española no era únicamente una recompensa deportiva. Era, sobre todo, una responsabilidad . Así lo recuerda Soriano, representativo de aquel equipo de una época en la que el rugby ocupaba todavía un espacio minoritario dentro del deporte español: “Era un privilegio que exigía entrega absoluta y un profundo sentido del deber”.

El equipo se reunía pocos días antes de los partidos. Los desplazamientos podían hacerse en autobús, tren o avión, pero lejos de las comodidades y la planificación actuales. El viaje formaba parte del esfuerzo de competir. El rugby de entonces era más rudimentario en sus medios y más intuitivo en sus métodos. Los campos podían condicionar por completo un encuentro , el material era más básico y el arbitraje descansaba en buena medida sobre la autoridad personal y la interpretación directa del reglamento. El TMO era ciencia ficción. La preparación física se apoyaba en la resistencia, la condición general y la práctica continuada del juego.

Pero la falta de recursos no significaba ausencia de exigencia. “Los recursos eran escasos, p ero el compromiso con la preparación y con el rendimiento deportivo era absoluto . Lo verdaderamente perdurable es haber servido a mi deporte y haber vivido siguiendo el código de valores que el rugby me inculcó”, explica Soriano.

Albert Malo y la edad de la transformación

Albert Malo representa una generación intermedia. La de quienes todavía conocieron un rugby esencialmente amateur , pero vivieron después su crecimiento , su apertura internacional y el comienzo de una nueva estructura competitiva. Su relato está marcado por los viajes, el sacrificio y el compañerismo. En su época, un internacional español podía compaginar el rugby de XV con el de siete, disputar partidos con la selección, jugar con su equipo y desplazarse por España o por el extranjero sin que el deporte ofreciera las condiciones profesionales actuales. "Era un sacrificio con gusto. Nos gustaba y sacábamos el momento para poder disfrutar de este deporte”, recuerda el exjugador. Para él el rugby era "como jugar pilla-pilla".

Malo fue también el primero de los jugadores españoles que dieron el salto a Nueva Zelanda, una experiencia que describe como "inolvidable y enriquecedora". Todo comenzó tras un partido contra los Maori All Blacks disputado en Sevilla. España compitió de igual a igual y aquella actuación le abrió la puerta de la gran referencia mundial del rugby. Allí descubrió un país en el que el deporte formaba parte de la vida cotidiana. "Todo el país es muy verde, hay muchos campos y en las escuelas se juega a rugby. Es el deporte nacional". Las conversaciones deportivas giraban alrededor del balón ovalado. “Aquí las tertulias eran de fútbol; allí, las tertulias eran de rugby”, explica.

En España todavía tenía que abrirse camino en un escenario dominado por el fútbol. Esa brecha continúa siendo, para Malo, uno de los grandes retos del rugby español: conseguir más estructura, más apoyo y mayor presencia social. Entre el rugby de su juventud y el actual, Malo observa una evolución profunda . Los jugadores de primer nivel están mejor preparados, son más fuertes físicamente y cuentan con más tiempo y recursos para entrenar, aunque asegura que "es difícil comparar épocas. Cada época tiene su encanto y nosotros disfrutábamos con el rugby que veíamos cuando éramos pequeños". Para él, que jugó con la Selección en países como Hong Kong o Australia, "era un sacrificio con una finalidad que te compensaba totalmente; un sacrificio con gusto".

Si tuviera que recuperar algo de aquel rugby para trasladarlo al presente, elegiría el compañerismo. Los viajes interminables en autocar, las horas compartidas después de los partidos y la unión del grupo eran parte del combustible de aquella selección. “No nos sostenían las dietas o el dinero. Nos sostenían la amistad y la implicación que teníamos con el grupo” . Pese al transcurso del tiempo, la pasión por este deporte se mantiene intacto. "Ahora ya retirados, disfrutamos del rugby actual. Es un deporte que ha evolucionado mucho y a mejor. Intenta mantener un tanto su idiosincrasia".

Durante su época, selecciones como Argentina, Francia, Escocia o Inglaterra jugaban contra España. Cuenta el exprofesional que "no solo jugaban una vez, sino que repetían. Éramos unos buenos sparrings y nos tenían respeto. Está volviendo el respeto de las grandes selecciones por nosotros, y eso es un orgullo". Además, recuerda que "España tiene un potencial enorme ; ahora va a pedir el mundial 2035. El Camp Nou tiene el récord mundial de asistencia a un partido de rugby de clubes".

Malo también vivió el rugby internacional desde una perspectiva poco habitual para un jugador español: fue invitado a Nueva Zelanda, jugó con los All Blacks Classics llegando a hacer la Haka, cumplió sueños y compartió vestuario con figuras que habían sido sus referentes, como Wayne Shelford, capitán de los All Blacks . Su historia resume una de las virtudes más singulares del rugby: la capacidad de generar vínculos que sobreviven al resultado y a la distancia. "Creo que nunca se ha estado tan bien como ahora", dice.

Jon Zabala y el XV del León moderno

El actual capitán de la selección encarna la nueva generación del rugby español. La de los jugadores que compiten en un contexto mucho más profesional, cuerpos más fuertes, un entorno tecnológico, mayor velocidad y una exigencia física cada vez más elevada. También la de una selección que ha recuperado la ambición internacional y que se prepara para regresar al Mundial. Zabala asumió la capitanía como relevo de Fernando López. Lo hizo con la conciencia de que se trataba de una gran responsabilidad, aunque sin permitir que el cargo alterase su preparación ni su manera de entender el rugby. “Lo tomé como un momento de madurez y de relevo importante”.

Su generación compite en escenarios y ante rivales que hace décadas parecían lejanos. La Nations Cup, con enfrentamientos ante Canadá, Tonga y Estados Unidos , sirve como banco de pruebas antes del Mundial. No se trata únicamente de disputar partidos: es una forma de acostumbrarse al nivel, al ritmo y a la exigencia de los equipos que España puede encontrar en la gran cita. “Es muy importante seguir creciendo, seguir preparándonos y llegar al Mundial habiendo competido con estos equipos”.

El rugby español ha avanzado, pero Zabala conoce bien la distancia que todavía lo separa de países como Francia . Allí el rugby f orma parte de la cultura, existen clubes en prácticamente cualquier localidad y las estructuras permiten acompañar al jugador desde las categorías inferiores hasta la élite. "Entre Francia y España estamos a años luz todavía . Es de los pocos países en lo que el rugby está por encima del fútbol ", señala el jugador. El Top 14 atrae talento de todo el mundo y sostiene una industria deportiva de una dimensión todavía muy superior a la española. En España, el crecimiento es evidente, pero también lo son las carencias: faltan recursos económicos, entrenadores, seguimiento de los jugadores y una estructura sólida de formación. El potencial existe; la cuestión es cómo gestionar el futuro. “Todo dependerá de las decisiones que se tomen y de cómo se organice este aumento del rugby en España”.

La descalificación del Mundial de 2023 sigue siendo uno de los episodios más duros del rugby españo l. Sin embargo, más que una herida abierta, desde dentro la consideran una lección. "En su momento fue muy difícil de digerir. No sé si ha servido de motivación, pero creo que ha servido más de lección para la estructura del rugby español, para hacer las cosas bien, para no equivocarnos a nivel de documentos o todo lo que es logística"

La generación actual no quiere ser recordada únicamente por haberse clasificado para un Mundial. Su medida estará en la preparación y en la actuación. Zabala lo expresa con claridad: l legar a la cita mundialista sin competir o sin ofrecer una imagen digna sería insuficiente. “Nos gustaría que se nos recordase como un equipo que compitió y que dejó unos estándares altos para las siguientes generaciones”.

Una camiseta, tres formas de vivirla

Soriano, Albert Malo y Jon Zabala pertenecen a momentos muy distintos. El primero representa e l rugby de la responsabilidad y el sacrificio , cuando vestir la camiseta nacional significaba abrir camino casi sin recursos. Malo simboliza la etapa de transición: el rugby que todavía se jugaba con espíritu amateur, pero que comenzaba a mirar hacia el exterior y a entender la necesidad de estructurarse. Zabala lidera una generación más física , profesional y ambiciosa, consciente de que España ya no quiere limitarse a participar.

Sus métodos de entrenamiento son diferentes. También lo son sus desplazamientos, sus campos, sus materiales y la atención que reciben los jugadores. Pero cuando se les pregunta qué une a las tres generaciones , la respuesta aparece con naturalidad: ganar para el compañero, dejarlo todo sobre el terreno y poner al equipo por delante del individuo. Zabala lo resume en una imagen sencilla. En un mismo vestuario, el capitán de 1969, Albert Malo y un joven que empieza hoy saldrían al campo con la misma intención: “Las ganas de salir y hacer el trabajo por el compañero de al lado”.

Ese es el hilo que une las tres edades del XV del León . El rugby español ha cambiado de tamaño, de velocidad y de estructura. Ha pasado de la intuición a la ciencia , de los viajes interminables a la planificación profesional y de la supervivencia a la aspiración de competir en un Mundial. Pero la camiseta sigue pesando lo mismo. Como explica Zabala, antes de cada partido continúan apareciendo las mismas emociones: la adrenalina , las ganas y la certeza de que enfrente habrá otros quince jugadores dispuestos a dejarse la piel. Tres generaciones. Una misma camiseta y un mismo espíritu.

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