Ir al contenido
jomperrAgregador de noticias
← Tiramillas

Carmen Mola: "El mal es mucho más vulgar de lo que nos gustaría creer"

Después de poner fin a la saga de la inspectora Elena Blanco, Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero regresan con 'Los huérfanos', un 'thriller' sobre el crimen organizado y los secretos familiares en la Costa del Sol

Javier Fernández Borrell3040 palabras

Después de cerrar la saga de la inspectora Elena Blanco con 'El clan', Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero, los tres escritores que se encuentran detrás de Carmen Mola, regresan con 'Los huérfanos' ( Planeta ), un 'thriller' que inaugura una nueva etapa narrativa y se adentra en los bajos fondos de la Costa del Sol. Las mafias irlandesas y chinas, las apuestas ilegales, la corrupción y las luchas de poder conviven en una historia en la que la violencia del crimen organizado se entrelaza con los conflictos de una familia marcada por los secretos y las heridas del pasado.

La novela arranca en un orfanato de Belfast, donde tres niños sobreviven a los abusos y forjan un vínculo que acabará convirtiéndolos en una poderosa hermandad criminal. Años después, su imperio se extiende hasta Marbella, un territorio en el que el lujo y la brutalidad conviven bajo el control de clanes enfrentados y figuras tan inquietantes como la hermana Mei. En ese mundo de alianzas, traiciones y negocios ilícitos también se mueve la familia Pastor, cuyo patriarca, Alberto, esconde una cara muy distinta de la que muestra en público.

En el centro de la trama está Laura Pastor, una fiscal que lleva años intentando escapar de su pasado familiar y que se ve obligada a regresar a Marbella cuando Trevor Strummer, uno de los huérfanos, es acusado de asesinato. El caso pronto se entrelaza con la detención de su propia madre, acusada de otro crimen, y la enfrenta a una familia de la que nunca ha conseguido desprenderse del todo. A través de personajes contradictorios, capaces de despertar empatía incluso cuando cruzan límites morales, Carmen Mola vuelve a explorar la frontera entre el bien y el mal, la lealtad, la venganza y la capacidad de las personas para llegar a extremos que nunca imaginaron.

Con el ritmo trepidante, la crudeza y los giros inesperados que caracterizan su narrativa, Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero construyen un universo criminal que conecta los barrios obreros de Málaga con las urbanizaciones de lujo de Marbella, el Belfast de los primeros años del siglo XXI y el Hong Kong de los años 80. Los tres autores conceden una entrevista a Tiramillas , la web de ocio de Marca , en el Hotel NH Collection de Marbella, en la que explican cómo dieron forma a 'Los huérfanos', qué les interesa de sus personajes y hasta qué punto las circunstancias, los vínculos familiares y las decisiones personales pueden determinar quiénes somos.

PREGUNTA. Después de cerrar la saga de la inspectora Elena Blanco con 'El clan', ¿qué les llevó a sentir que era el momento de regresar como Carmen Mola con una historia completamente nueva?

JORGE DÍAZ. Necesitábamos crear un nuevo universo para nuestras novelas. Habíamos pensado que la historia de Elena Blanco había llegado a su fin. No queríamos alargarla innecesariamente, seguir contando casos suyos y correr el riesgo de aburrir a los lectores. Queríamos dejarla en lo más alto, y eso hicimos con 'El clan', la quinta entrega de la saga. Después nos reunimos, como hacemos siempre, para pensar en nuevos proyectos. Teníamos varias ideas en mente. Por un lado, nos interesaba explorar el mundo de la familia y sus distintas formas: la de los huérfanos, la familia tradicional de los Pastor o la de alguien entregado por completo a una organización, como la hermana May en las tríadas. Por otro lado, nos atraía el contraste de Marbella, esa ciudad luminosa que convive con unos bajos fondos muy sugerentes desde el punto de vista narrativo. Empezamos a mezclar todos esos elementos en las reuniones habituales de Carmen Mola y así fue tomando forma 'Los huérfanos', una historia que transcurre en Belfast, Hong Kong, Marbella y Madrid y que ahora les toca a los lectores descubrirla.

PREGUNTA. En 'Los huérfanos' hay dos familias marcadas por la violencia: los tres niños que se convierten en un clan criminal y los Pastor, una familia rica y aparentemente respetable, pero llena de secretos. ¿Qué querían explorar al enfrentar estas dos formas tan diferentes de entender la familia?

AGUSTÍN MARTÍNEZ. Creo que en el germen de 'Los huérfanos' hay un drama familiar. Queríamos construir una especie de culebrón familiar, como decía Jorge, y crear una serie de familias singulares. Lo que ocurre es que, al situarlas en el mundo del crimen organizado, las dinámicas entre ellas se vuelven tremendamente tensas. Es como llevar a la enésima potencia los conflictos habituales de cualquier familia. Uno de los temas centrales de la novela es, precisamente, la frontera difusa entre el bien y el mal. Quizá no haya buenos propiamente dichos; son todos malos. Nos interesaba explorar cómo unos personajes capaces de cometer actos extremadamente violentos, perpetrar grandes delitos y hacer cosas moralmente reprobables pueden, al mismo tiempo, ser buenas personas en determinados aspectos, querer a sus hermanos o preocuparse por sus hijos, como sucede en el caso de los Pastor. Esa defensa de la familia, con todas sus contradicciones, nos parecía muy interesante.

PREGUNTA. Los huérfanos se conocen en un orfanato, sobreviven juntos a los abusos y terminan formando un poderoso clan criminal. ¿Querían plantear que la violencia no es necesariamente innata, sino que puede ser una respuesta aprendida a la violencia sufrida?

ANTONIO MERCERO. Sí, aunque no era nuestra intención abordarlo de una manera didáctica, porque no trabajamos así. Pero es cierto que la historia de los huérfanos encaja con lo que planteas: es un ejemplo de cómo una persona puede volverse violenta en función de sus experiencias y de lo que le sucede a lo largo de la vida. Estos tres huérfanos viven una experiencia aterradora en un orfanato de Irlanda del Norte, donde sufren agresiones, humillaciones e incluso violaciones. Todo eso va alimentando su rabia contra la vida. Cuando empiezan a prosperar y llegan a Marbella, nos encontramos con tres personajes a los que percibimos como capaces de cualquier cosa, porque las circunstancias los han colocado en esa situación. No es que hayan nacido violentos, sino que la vida los ha convertido en lo que son.

PREGUNTA. Laura Pastor lleva décadas intentando escapar de su familia y de un pasado traumático, pero el caso de Trevor Strummer la obliga a regresar a Marbella. ¿Hasta qué punto podemos huir de nuestro pasado familiar sin que termine alcanzándonos?

JORGE DÍAZ. Supongo que depende de cada persona y de cada personaje, porque estamos hablando de una novela. En el caso de Laura Pastor, mi interpretación del personaje que nosotros mismos hemos creado es que construye una vida completamente opuesta a la de su padre, más por una decisión consciente que por una inclinación natural. Lleva 20 años alejada de su familia y ha construido una vida vinculada al bien y a la justicia: es fiscal y se dedica a perseguir a los delincuentes. Sin embargo, la vida la obliga a regresar a Marbella, tanto por el caso de Trevor como por la acusación contra su madre de un crimen que ella cree que no ha cometido. Al volver a enfrentarse a su familia, creo que descubre que se parece más a su padre de lo que pensaba, o de lo que había querido creer para alejarse de él. En ese sentido, ocurre algo parecido a lo contrario de lo que planteamos con los huérfanos. Con ellos sugerimos que las circunstancias de la vida te hacen ser de una determinada manera; con los Pastor, en cambio, planteamos que hay algo en tu ADN que también determina quién eres.

PREGUNTA. Alberto Pastor, el padre de Laura, combina una imagen pública de hombre respetable, cercano y triunfador con una faceta mucho más oscura. ¿Qué les interesaba explorar a través de esa doble vida y de la distancia entre el hombre que ven los demás y el que conocen su mujer y sus hijos?

AGUSTÍN MARTÍNEZ. Creo que Alberto es un personaje muy humano. No es el típico malvado que está sentado en su despacho acariciando un gato, ni mucho menos. A lo largo de la novela conocemos todo su recorrido, desde que es un joven abogado que empieza a trabajar con un compañero, Leo Domínguez, y se introduce en el negocio, hasta que va desplazándose poco a poco hacia el lado oscuro, casi sin darse cuenta. A través de los flashbacks vamos viendo cómo comienza a trabajar para una mujer que se dedica a negocios ilícitos, aunque él se ocupa de la parte legal. Después empieza a mirar hacia otro lado y, poco a poco, ese camino lo conduce a un lugar del que ya no puede regresar. Es entonces cuando termina asumiendo su propia condición. Cuando nos encontramos con él en la novela, Alberto Pastor es capaz de cometer actos terribles y tomar decisiones muy duras. Sin embargo, también es un hombre corriente, encantador y simpático, muy arraigado en Marbella, donde ha vivido toda la vida. Le gusta jugar a la petanca y tomarse una cerveza en los bares antiguos del pueblo. Además, quiere mucho a su familia y a sus hijos, e intenta protegerlos y hacer lo mejor por ellos, aunque lo haga a su manera. Nos parecía muy interesante construir un personaje con luces y sombras. No nos gusta crear villanos monolíticos, que tengan una sola cara, sino personajes con cierta complejidad interior, capaces de convivir con sus propias contradicciones.

PREGUNTA. La hermana Mei es uno de los personajes más inquietantes de la novela porque su apariencia física y su aparente fragilidad contrastan con el poder que ejerce sobre el crimen organizado de la Costa del Sol. ¿Qué les atrae de jugar con las apariencias y las expectativas del lector?

ANTONIO MERCERO. En la construcción de la hermana Mei jugamos un poco a contradecir el cliché del capo poderoso. Es una mujer que mueve los hilos del crimen organizado en Marbella, una especie de banquera en la sombra que se entera de todo, mantiene a raya a los distintos clanes y decide cuándo debe estallar una guerra y cuándo no. En definitiva, es quien controla todo el entramado criminal. Sin embargo, no podríamos imaginárnosla con una apariencia menos amenazadora. La describimos casi como una abuelita, una señora bajita que juega a las tragaperras y recibe a las personas más poderosas de Marbella en la trastienda de su bazar. Es un personaje que, a primera vista, podría parecer una anciana entrañable, pero que es extraordinariamente cruel. Además, su crueldad está profundamente arraigada en determinadas tradiciones chinas y se manifiesta a través de ceremonias y rituales de tortura bastante brutales. Cuando tiene que ejecutar a alguien, lo hace sin pestañear.

PREGUNTA. Los huérfanos, Alberto Pastor y la hermana Mei son personajes muy poderosos, pero de formas muy diferentes. ¿Qué les resulta más interesante al construir un villano: que sea absolutamente malvado o que tenga una lógica interna que permita al lector comprender cómo ha llegado hasta ahí?

JORGE DÍAZ. Creo que lo más interesante es dotarlo de humanidad. Se trata de entender por qué es malvado, no de justificarlo. Nadie es malo, malísimo, como esos personajes de película cuyo único objetivo es destruir el mundo. Son personas que, dentro de su propia lógica, consideran que lo que hacen está bien. Nunca he conocido a nadie que se presente diciendo: "Buenos días, soy una mala persona". Todo el mundo se considera buena persona. Quizá piense que se ha visto obligado a hacer cosas que no debería haber hecho, pero, salvo que hablemos de psicópatas, estamos hablando de gente corriente que encuentra justificaciones para sus actos. Alguien puede tener un negocio ilícito y, aun así, convencerse de que tiene motivos para actuar como lo hace. Por eso, por ejemplo, me gusta que Alberto Pastor sea un tipo simpático, alguien con quien me tomaría una cerveza y que podría contarme historias de su juventud en la Costa del Sol: cómo era la zona, cómo ha cambiado, cómo vivió su transformación y qué pensaba cuando, siendo un joven sin recursos económicos, veía las fiestas de la jet set marbellí durante su época dorada. Me gusta que sea un personaje con el que puedas mantener una conversación y al que puedas escuchar, aunque nunca haría negocios con él.

PREGUNTA. Aras es un personaje especialmente contradictorio: participa en las apuestas ilegales, pero al mismo tiempo quiere ser un buen padre y desea que su hija se sienta orgullosa de él. ¿Por qué era importante introducir en esta historia criminal personajes capaces de despertar empatía, incluso cuando toman decisiones moralmente cuestionables?

AGUSTÍN MARTÍNEZ. Aras es un perdedor, un personaje definido prácticamente por esa condición: un hombre al que la vida le ha ido muy mal, de esos que parecen tener mala suerte constantemente. Intenta rehacerse a través de las artes marciales mixtas, pero la realidad es que tanto los combates como su progresión profesional están amañados. Al final, tendrá que aceptar un último amaño y dejarse caer a la lona en el primer asalto para poner fin a su carrera. Nos parecía interesante por dos motivos. Por un lado, Aras representa las consecuencias del crimen organizado. Tenemos a los grandes capos que dirigen familias, controlan los negocios y toman las grandes decisiones en el casino, pero también queríamos mostrar cómo repercute todo ese poder en quienes no tienen capacidad de decisión, en las personas que acaban siendo peones de esos individuos. Aras es uno de ellos: apenas tiene control sobre su propia vida y está a merced de lo que decidan Alberto Pastor, los huérfanos y los demás. Por otro lado, tiene una historia en común con Laura y entre ambos existe la posibilidad de que surja un interés romántico. Nos parecía interesante enfrentar dos trayectorias completamente opuestas. Laura parte de la luz: es una mujer íntegra, una fiscal que está del lado de la ley, pero emprende un viaje que la va alejando de ese punto de partida. A Aras le sucede algo parecido, aunque en sentido contrario. Él viene de la oscuridad, de un mundo en el que la violencia es prácticamente el único lenguaje, pero en un momento determinado de la historia toma una decisión que lo acerca a la luz. Empieza a comprender que quizá la violencia no sea la solución y que debe recurrir a la ley.

PREGUNTA. La novela se adentra en las mafias irlandesas y chinas, el juego ilegal, las apuestas deportivas amañadas, el tráfico de drogas e incluso las conexiones con estamentos aparentemente respetables. ¿Dónde termina la documentación y empieza la imaginación al construir un universo criminal como este?

ANTONIO MERCERO. Siempre hay que documentarse cuando te adentras en mundos y submundos que no conoces. Hemos hablado con la Guardia Civil, que nos ha ayudado, y hemos leído todo tipo de reportajes periodísticos sobre el narcotráfico y otras actividades criminales. A partir de ahí, incorporamos la imaginación del escritor para construir un mundo creíble, nuestro propio territorio mítico en el que se desarrolla toda la acción. Ahí entran las dosis de imaginación y de sensibilidad que debe aportar cualquier autor. En realidad, creo que ambas cosas se trabajan casi al mismo tiempo: la documentación y lo que vas imaginando que debe ser el entorno en el que se mueven los personajes se van entremezclando durante el proceso de escritura.

PREGUNTA. Marbella, Puerto Banús, Sierra Blanca, los barrios obreros de Málaga, Belfast y el Hong Kong de los años ochenta forman parte esencial del relato. ¿Hasta qué punto necesitan conocer un escenario para escribir sobre él con esa sensación de realismo?

JORGE DÍAZ. Creo que hay lugares que necesitas conocer personalmente y otros sobre los que tienes que aprender a documentarte, aunque también influye la experiencia que tengas. Por ejemplo, creo que ninguno de los tres hemos estado nunca en Hong Kong, así que ese escenario lo hemos construido un poco de oídas. Sin embargo, sí pensábamos que teníamos que conocer Marbella. Somos de Madrid y conocemos bien nuestra ciudad, pero Marbella requería una aproximación específica. Hicimos un par de viajes y nos dedicamos a recorrer distintos lugares. Muchas veces, pasear por una ciudad te da ideas concretas: decides dónde situar una comida entre Nata y Laura, imaginas que Dani tiene su escuela de submarinismo en el puerto o inventas un casino en un pueblo cercano a Marbella. Incluso te das cuenta de que resulta más natural que Dani viva en una localidad próxima. Además, cuando recorres un lugar, descubres que algunas de las imágenes que tenías en la cabeza no se corresponden con la realidad. Por eso es tan útil pasear por allí, aunque a veces no tengas la oportunidad de dedicarle a un viaje todo el tiempo que necesitarías para documentarte a fondo y luego escribir apenas un par de páginas. Nos habría encantado ir a Hong Kong, pero tampoco resultaba práctico. Hay lugares que puedes conocer de primera mano y otros sobre los que tienes que investigar. Es algo parecido a lo que sucede cuando escribes una novela histórica: no puedes viajar al siglo XIX, así que tienes que reconstruirlo a partir de la documentación y de tu imaginación.

PREGUNTA. La novela está atravesada por una pregunta muy propia de Carmen Mola: ¿hasta dónde puede llegar una persona cuando se enfrenta a una situación extrema? ¿Creen que el lector puede llegar a identificarse con personajes que hacen cosas moralmente indefendibles?

AGUSTÍN MARTÍNEZ. Lo que planteamos es que, en realidad, nadie puede saber hasta dónde es capaz de llegar, porque no sabe cómo va a reaccionar hasta que se encuentra en esa situación. Por mucho que estés convencido de que eres una persona honesta y decente, que jamás se saltaría la ley, si de repente supieras que robando un millón de euros podrías conseguir que tu hijo saliera de la cárcel, quizá acabarías haciéndolo. Siempre pueden darse circunstancias que te lleven a cruzar una línea que pensabas que nunca traspasarías. Es un tema que llevamos explorando desde hace tiempo en Carmen Mola y que nos interesa especialmente: el mal cotidiano. En general, el mal es mucho más vulgar de lo que nos gustaría creer. Preferiríamos que fuera algo más sofisticado y que pudiéramos reconocer fácilmente a los malvados por la calle. Pero la realidad es que son personas normales y corrientes que, sometidas a determinadas presiones o circunstancias, pueden descubrirse haciendo cosas que jamás imaginaron que serían capaces de hacer.

Tiramillasgeneralmás

Ver fuente original de la noticiaContenido patrocinado

Secciones