En 1485, Da Vinci dibujó un paracaídas piramidal pero los expertos decían que era inviable: en el 2000, un británico se lanzó con una réplica para darle la razón al artista
El genio italiano dibujó en el siglo XV un paracaídas con forma de pirámide que nadie se atrevió a probar durante siglos

Leonardo da Vinci no solo dejó atrás algunas de las obras de arte más conocidas de la historia. Entre sus miles de anotaciones también aparecen diseños que, vistos desde la actualidad, parecen propios de una época mucho más avanzada. Uno de ellos fue un extraño paracaídas con forma de pirámide que el inventor italiano dibujó alrededor de 1485.
La idea era sencilla sobre el papel: una estructura de madera cubierta con una tela que permitiera a una persona descender desde una gran altura sin sufrir daños. Leonardo llegó incluso a calcular sus dimensiones y explicó que el dispositivo debía aprovechar la resistencia del aire para frenar la caída. Sin embargo, nunca llegó a construirlo ni a comprobar si realmente funcionaba.
Un salto al vacío para comprobar si Leonardo tenía razón
Hubo que esperar más de cinco siglos para que alguien decidiera enfrentarse al experimento. En junio de 2000, el paracaidista británico Adrian Nicholas construyó una réplica del diseño utilizando madera, tela y cuerdas, siguiendo las indicaciones que aparecían en los dibujos de Leonardo.
Nicholas ascendió en globo hasta unos 3.000 metros en Sudáfrica y se lanzó al vacío suspendido bajo la enorme estructura . Contra lo que muchos podían imaginar, el dispositivo consiguió frenar su descenso y mantenerse estable durante el vuelo. El experimento demostró que el principio planteado por Leonardo podía funcionar en la práctica.
La prueba, eso sí, tuvo una precaución importante. Nicholas decidió desprenderse de la estructura antes de llegar al suelo y terminó el descenso utilizando un paracaídas moderno. El motivo era el elevado peso de la réplica y el riesgo que podía suponer aterrizar con ella.
Aquel salto no quedó como una simple anécdota. En 2008, el paracaidista suizo Olivier Vietti-Teppa volvió a poner a prueba una reconstrucción del modelo y logró repetir con éxito el descenso.
El experimento de Nicholas no convirtió a Leonardo en el inventor del paracaídas moderno, pero sí mostró algo mucho más llamativo: una idea concebida en la Italia del Renacimiento podía sostenerse físicamente más de 500 años después. El dibujo que durante generaciones permaneció en un cuaderno terminó, finalmente, abandonando el papel para enfrentarse al aire.



