En 1989, inundaron 2.360 km2 del Amazonas para construir una presa: décadas después, el bosque sumergido libera más metano que una central de carbón
Apenas genera 109 megavatios de media y libera grandes cantidades de gases de efecto invernadero por la descomposición de la vegetación sumergida

L a energía hidroeléctrica suele considerarse una alternativa limpia a los combustibles fósiles . Sin embargo, la presa de Balbina, situada en plena Amazonía brasileña, demuestra que las energías renovables también pueden tener un elevado coste medioambiental. Inaugurada en 1989, esta infraestructura inundó 2.360 kilómetros cuadrados de selva tropical con el objetivo de abastecer de electricidad a Manaos y favorecer el desarrollo de la región.
Más de tres décadas después, el balance resulta cuestionable. Aunque la instalación cuenta con una potencia máxima de 250 megavatios, su producción media ronda los 109 megavatios. A este rendimiento inferior al esperado se suma el impacto climático de la vegetación que quedó atrapada bajo el agua, cuya descomposición continúa liberando gases de efecto invernadero.
Una selva inundada que sigue emitiendo gases de efecto invernadero
El principal problema de Balbina se encuentra bajo la superficie de su embalse . Cuando el agua cubrió la selva, millones de árboles y otras plantas quedaron sumergidos sin ser retirados previamente. En estas condiciones, la materia orgánica comenzó a descomponerse en un entorno con poco oxígeno, un proceso que favorece la generación de metano, un potente gas de efecto invernadero.
El investigador Philip Fearnside , vinculado al Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonía, ha estudiado durante años las consecuencias ambientales de esta infraestructura. Sus investigaciones cuestionan que la electricidad producida por la presa pueda considerarse limpia sin tener en cuenta las emisiones derivadas de la descomposición de la vegetación inundada.
El problema no termina ahí. Parte del metano acumulado en el agua se libera cuando esta atraviesa las turbinas de la instalación . El cambio de presión favorece la salida de los gases disueltos, lo que incrementa las emisiones asociadas a la generación eléctrica.
Según los datos recogidos en el artículo de Sciencepost, las emisiones anuales del embalse alcanzan aproximadamente tres teragramos de carbono , expresados en los términos utilizados por la publicación. Las mediciones realizadas en 2005 también reflejaron importantes flujos de carbono tanto aguas arriba como aguas abajo de la presa.



