Los científicos observan por primera vez cómo el ADN se une como una cremallera
El estudio ha sido liderado por investigadores de la Universidad de York y la Universidad de Sheffield

Un equipo de científicos ha conseguido observar por primera vez cómo dos moléculas de ADN, que normalmente deberían repelerse por tener carga eléctrica negativa, consiguen acercarse y reconocerse hasta quedar alineadas. El hallazgo permite resolver un misterio que llevaba décadas intrigando a los investigadores y podría ayudar a comprender mejor algunos procesos celulares relacionados con el cáncer.
El estudio, liderado por investigadores de la Universidad de York y la Universidad de Sheffield, ha permitido visualizar con gran precisión la interacción entre dos fragmentos de ADN. Para ello, los científicos utilizaron microscopía de fuerza atómica, una técnica capaz de obtener imágenes de superficies a escalas extremadamente pequeñas, junto con simulaciones informáticas que recrearon el movimiento de átomos e iones.
La clave está en unos diminutos intermediarios: los iones metálicos con carga positiva. Según los resultados, estos iones pueden situarse en los surcos del ADN y actuar como pequeños puentes entre las dos moléculas. De esta manera, ayudan a superar la repulsión eléctrica y permiten que las hélices se coloquen una junto a otra con una precisión extraordinaria.
Este descubrimiento del ADN confirma la hipótesis planteada hace 20 años
El fenómeno confirma experimentalmente una hipótesis planteada hace unos 20 años y conocida como el modelo de la “cremallera del ADN”. Hasta ahora, los científicos habían propuesto que los iones presentes alrededor de las moléculas podían facilitar ese reconocimiento, pero no habían conseguido observar directamente el mecanismo.
Además, la investigación revela que todas las regiones del ADN no se comportan igual. Algunas secuencias forman contactos mucho más fuertes que otras, creando puntos en los que las dos hélices tienen mayor facilidad para alinearse.
Los investigadores consideran que este descubrimiento podría ayudar a identificar regiones del genoma especialmente implicadas en el reconocimiento entre moléculas de ADN. También podría tener aplicaciones futuras en biotecnología, ya que determinadas secuencias podrían aprovecharse para diseñar estructuras de ADN personalizadas.




