Unos dientes de T-Rex resuelven uno de los grandes misterios sobre el dinosaurio: tenía una temperatura similar a la humana
Dos piezas fósiles ha permitido calcular por primera vez la temperatura corporal de este depredador

E l Tyrannosaurus rex todavía guardaba algún secreto bajo sus enormes mandíbulas. Aunque han pasado millones de años desde que desapareció, los científicos siguen encontrando pistas que permiten conocer cómo era realmente su vida. La última ha aparecido en un lugar tan inesperado como el interior de sus dientes.
Un equipo de investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) ha analizado el esmalte de dos dientes de T. rex y ha conseguido estimar la temperatura que alcanzaba su cuerpo. El resultado ronda los 36 grados, una cifra sorprendentemente cercana a la temperatura corporal humana y que aporta nuevas pistas sobre la forma en la que funcionaba el organismo de este gigantesco depredador.
Un termómetro escondido en el esmalte
La investigación se ha basado en unas señales químicas microscópicas que quedaron atrapadas en el esmalte mientras se formaban los dientes. La proporción entre determinados isótopos de carbono y oxígeno cambia en función de la temperatura, por lo que los investigadores pueden utilizarla para reconstruir las condiciones en las que se desarrolló el tejido.
El procedimiento permitió analizar pequeñas muestras de los dientes sin necesidad de dañar de forma significativa los fósiles . Uno de los ejemplares estudiados pertenece a Thomas, un T. rex especialmente bien conservado que se encuentra en el Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles.
Y aquí llega uno de los datos más llamativos del estudio: la temperatura calculada fue de aproximadamente 36 ºC. Es decir, prácticamente la misma cifra que suele asociarse al cuerpo humano.
Los resultados obtenidos apuntan a que el T. rex estaba mucho más cerca de este segundo grupo de lo que podría imaginarse al observarlo simplemente como un enorme reptil. Una temperatura corporal elevada habría permitido mantener un metabolismo activo y funcionar con independencia de los cambios de temperatura del entorno.
Dicho esto, hay otro detalle que encaja con esta hipótesis. Se han encontrado restos de Tyrannosaurus en regiones situadas muy al norte, incluida Alaska. Allí, las condiciones ambientales durante el Cretácico habrían sido demasiado exigentes para muchos reptiles que dependieran exclusivamente del calor del exterior.





