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Jonathan, la tortuga de 194 años que desafía al envejecimiento: qué han descubierto los científicos en su ADN

Un estudio de su genoma y epigenoma identifica 287 variantes genéticas únicas que podrían explicar su extraordinaria resistencia al envejecimiento

Javier Fernández Borrell557 palabras

Jonathan, la tortuga gigante de Aldabra que vive en la isla de Santa Elena, ha sobrevivido a casi dos siglos de historia. A sus 194 años, es considerado el animal terrestre más viejo del mundo y, pese a su avanzada edad, no presenta el deterioro genético que cabría esperar. Un nuevo estudio ha analizado su genoma y su epigenoma para tratar de descubrir qué hay detrás de esta extraordinaria longevidad.

La investigación, publicada en Science Advances , ha identificado 287 variantes genéticas únicas que parecen reducir algunos de los efectos habituales del envejecimiento. Los resultados apuntan a varios mecanismos relacionados con la longevidad, entre ellos la reparación del ADN, el mantenimiento de los telómeros, la regulación de la insulina, la función de las mitocondrias y la respuesta del sistema inmunitario.

Genes relacionados con la reparación del ADN y la inmunidad

Los investigadores descubrieron que Jonathan cuenta con cientos de genes que presentan variantes poco habituales vinculadas a procesos fundamentales para mantener las células en buen estado. Algunos de estos genes también están presentes en otras especies especialmente longevas, como la ballena de Groenlandia o la denominada medusa inmortal, pese a las enormes diferencias entre estos animales.

Uno de los hallazgos más llamativos es que Jonathan posee copias adicionales de determinados genes relacionados con la inmunidad y la eliminación de células dañadas. Estos mecanismos podrían contribuir a reducir la acumulación de daños celulares y, potencialmente, a mantener los tejidos en buenas condiciones durante más tiempo.

El estudio también presta especial atención a los telómeros, las estructuras que protegen los extremos de los cromosomas y que tienden a acortarse con el paso del tiempo. Junto a ellos, los investigadores analizaron genes implicados en la reparación del ADN y en la producción de energía celular.

Según explicó Justin Gerlach, investigador de la ecología de las tortugas gigantes en la Universidad de Cambridge y uno de los autores del trabajo, los reguladores genéticos relacionados con la producción de energía y la reparación del ADN se han mantenido "increíblemente estables" en Jonathan durante casi dos siglos.

Una tortuga que ha vivido casi dos siglos

La historia de Jonathan permite dimensionar su extraordinaria longevidad. Llegó a Santa Elena en 1882, procedente de las Seychelles, como regalo para sir William Grey Wilson, quien poco después fue nombrado gobernador de la isla.

Desde entonces ha atravesado acontecimientos históricos que abarcan generaciones: nació durante el reinado de Fernando VII, fue contemporáneo de Charles Darwin y ha sobrevivido a las dos guerras mundiales y a pandemias como la gripe española y la COVID-19.

Para estudiar sus características biológicas, los científicos obtuvieron material genético mediante raspados de la mejilla y una muestra de sangre, para cuya extracción recurrieron a la comida con el objetivo de conseguir que el animal abriera la boca.

Los resultados convierten a Jonathan en un interesante modelo para estudiar los mecanismos naturales que permiten retrasar el envejecimiento. No obstante, los investigadores subrayan que todavía queda por determinar hasta qué punto estos mecanismos pueden trasladarse a los seres humanos.

El objetivo, según Stephen Clark, director de la fundación Kallel, es aprovechar estos conocimientos evolutivos para avanzar hacia posibles aplicaciones relacionadas con el envejecimiento. El genoma de Jonathan, sostiene, ofrece un ejemplo de resiliencia celular que podría ayudar a comprender mejor por qué algunas especies consiguen mantener sus tejidos funcionales durante periodos de tiempo extraordinariamente largos.

Fotografía de archivo de la tortuga Jonathan, el animal terrestre más viejo del mundo. EFE
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