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La mina del Sinaí donde nació la idea que acabaría dando forma al alfabeto que usamos hoy

Apareció hace más de 3.500 años una escritura rudimentaria

Alfonso Pareja332 palabras

E n pleno desierto del Sinaí, lejos de las grandes ciudades del antiguo Egipto , se encuentra Serabit el-Khadim, una antigua zona minera que durante siglos fue explotada en busca de turquesa. Allí los egipcios levantaron un templo dedicado a Hathor, a quien consideraban protectora de los mineros y “Dama de la Turquesa”.

A comienzos del siglo XX, los arqueólogos William y Hilda Petrie exploraron las ruinas del lugar y encontraron numerosas estelas cubiertas de jeroglíficos . Sin embargo, lo verdaderamente sorprendente apareció dentro de las propias minas. Allí descubrieron unas inscripciones muy diferentes a la escritura egipcia tradicional: tenían muchos menos símbolos y parecían seguir una lógica completamente nueva.

De un buey a nuestro alfabeto: así convirtieron imágenes en unidades sonoras

Los investigadores creen que aquellas marcas fueron realizadas alrededor del año 1700 a.C . por trabajadores semitas que convivían con los egipcios. En lugar de aprender cientos de jeroglíficos, comenzaron a utilizar dibujos sencillos para representar sonidos. Era una idea aparentemente simple, pero suponía un cambio enorme: convertir imágenes en unidades sonoras.

El sistema utilizaba la acrofonía. Por ejemplo, el dibujo de la cabeza de un buey representaba el sonido inicial de la palabra canaanita para ese animal, “alef”. Con el tiempo, aquella figura acabaría evolucionando hasta convertirse en nuestra A. Algo parecido ocurrió con la B, relacionada con “bet”, casa, y con la G, vinculada a “gamal”, camello.

La gran ventaja era evidente. Mientras la escritura jeroglífica manejaba cientos de signos, este nuevo sistema necesitaba apenas unas pocas decenas. No hacía falta una formación tan compleja para utilizarlo y, precisamente por eso, podía viajar con mayor facilidad entre pueblos y comerciantes.

El sistema utilizaba la acrofonía. Por ejemplo, el dibujo de la cabeza de un buey representaba el sonido inicial de la palabra canaanita para ese animal, “alef” . Con el tiempo, aquella figura acabaría evolucionando hasta convertirse en nuestra A. Algo parecido ocurrió con la B, relacionada con “bet”, casa, y con la G, vinculada a “gamal”, camello.

Representación de las tablas IA
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