'El ser querido': cuando la voluntariosa redención trata de extinguir la aparatosa avería
El binomio formado, en estado de gracia, entre Victoria Luengo y Javier Bardem pone piel y enfrentamiento al servicio de la película más redonda de Rodrigo Sorogoyen

Un reencuentro en el rodaje de una película entre padre, un venerado director de cine, y su hija, actriz en ciernes , sirve de excusa para dar vida a la nueva cinta dirigida (y guionizada junto a Isabel Peña) por Rodrigo Sorogoyen .
Esta 'metacinéfila' obra se vertebra durante las algo más de dos horas que dura la película bajo un 'modus operandi' marca registrada del director: una apabullante intensidad que se saca a relucir prácticamente en cada escena , de principio a fin. Un ritmo prometido en 'El Reino' y certificado con la galardonada 'As bestas', que ahora se perfecciona en su cinta más redonda.
Javier Bardem y Victoria Luengo son los encargados, con una sobresaliente capacidad actoral, de dar vida al dúo entre una estereotípica pero creíble figura del clásico padre a la fuga, ahora deseoso de redención, y su abandonada hija, incapaz de coser del todo la herida .
El mérito de la pareja se puede simplificar en la voluntad de elevar, con capacidad metonímica, esta situación tan concreta a sentimientos universales como la culpa, la necesidad de reencuentro, o el inagotable resquemor, haciendo al espectador partícipe de forma orgánica y fluida de semejante tensión. Todo ello, eso sí, sin caer en maniqueísmos baratos en los que a veces se estrella sin remedio este tipo de obra .
Dos puntos álgidos vertebran toda la película. En primer lugar, la apertura, que expone el reencuentro entre los dos protagonistas en 18 minutos de puro cine de guion. Y es que no se trata de una escena resuelta con oficio interpretativo, sino de un encuentro auténtico : Sorogoyen decidió con acierto que Bardem y Luengo se conocieran por primera vez delante de la cámara.
Por otro lado, la grabación de una escena que expone todas las realidades y todas las verdades que ambos se encargan de guardarse por intereses propios previamente, y que bien justifica por sí sola la entrada al cine.
En resumen, una película de binomios y duplas, de Victoria Luengo y Javier Bardem, de padre e hija, de pasado y presente, de realidad y ficción , que amenaza los próximos Goya y sueña con devolver a España a los Oscar . Una señal de alerta de que el pasado en ocasiones también es presente, de que el presente a veces no es efímero; un aviso de que el futuro siempre acecha y puede ser tan real como poco esperanzador .



